miércoles, 25 de mayo de 2011

"Tórridas Fantasías" Cap 17




Nick levantó la mirada y sonrió.
—Nada. Se trata sólo de un guión. Me estaba empezando a preguntar si te ibas a pasar toda la noche durmiendo.
— ¿Me lo habrías permitido? ¿Y tu plan?
Nick consultó el reloj.
—En estos momentos, en lo único en lo que pienso es en cenar —dijo. Se dirigió al frigorífico, sacó un bol y lo colocó sobre la encimera.
— ¿Has preparado tú eso?
—No. Llamé a la tienda que me mencionaste. Encontré un folleto al lado del teléfono y lo trajeron hace media hora. Menos mal que sé marcar un número de teléfono, porque yo de cocinar nada. Sobrevivo con pizzas congeladas y comidas preparadas. Cuando estoy trabajando en una película, siempre hay catering.
Tomó un par de velas que encontró en una estantería y las colocó delante de Miley. Entonces, tomó una botella de vino blanco, que ya estaba abierta y le sirvió una copa.
—Gracias.
Nick la miró durante un largo instante y sonrió.
—Estás muy hermosa.
—Me ha dado un poco el sol.
Nick se apoyó sobre la encimera.
—Éste es un lugar muy agradable —dijo, mirando a su alrededor—. Resulta muy acogedor.
—Sí. A mí me gusta mucho, aunque preferiría que se pudiera venir en un trayecto muy corto de tren desde Los Ángeles.
— ¿Venías aquí con tus padres cuando eras pequeña?
Miley negó con la cabeza y tomó un sorbo de vino.
—Mis padres jamás han estado aquí.
—Oh… Yo creía que habías dicho que esta casa pertenecía a tu familia.
—Es una historia muy larga y muy complicada.
—Entonces, responde una pregunta fácil. ¿Soy yo el primer hombre al que has traído aquí?
—Ésa es mucho más fácil. Sí. En realidad, los hombres no se me dan muy bien.
Le había resultado difícil admitir algo así, pero ya no quería seguir fingiendo. No era Destiny St. Hope. Carecía de conocimientos prácticos sobre el arte de la seducción. Iba a hacerle el amor a Nick y quería que él le hiciera el amor a ella, Miley Cyrus, no al personaje que había creado.
—Eso ya me lo había imaginado.
— ¿Sí?
Nick asintió.
—Sí. ¿Por qué el libro?
—Supongo que era un ejercicio, un modo de aprender un poco más. No creí que pudiera sacar nada de ello. Ni siquiera fue idea mía —admitió. Respiró profundamente—. Hace un año y medio yo tenía un novio. Se llamaba Liam. Yo pensé que algún día terminaríamos casándonos, pero entonces, él me dijo que yo no era lo suficientemente sexy.
Nick soltó una carcajada.
—Pues ese Liam era un idiota.
—No. Sólo quería a alguien… mejor. Ya sabes, a una rubia de pechos grandes… y largas piernas. Creo que a todos los hombres les parece que estas mujeres son muy sexys.
—A mí no —afirmó Nick mientras se echaba un poco de ensalada en un plato.
—Pero tú has salido con muchas de esas mujeres…
—Sí, es cierto. No es muy difícil tratar de parecerse a los demás. Lo es más ser original.
— ¿Y yo lo soy?
—Claro que sí —respondió él mientras le pasaba la ensalada—. Definitivamente tú eres única, Miley Cyrus. Creo que jamás he conocido a una mujer como tú.
Compartieron otra botella de vino durante la cena y, mientras charlaban de asuntos sin importancia, Miley comenzó a darse cuenta de lo sutil que podía resultar la seducción. De vez en cuanto, Nick la tocaba de un modo aparentemente inocente. Entonces, ella sentía que el pulso se le aceleraba.
También la seducía con palabras. Parecía tejer un hechizo a su alrededor hasta que consiguió que ella se sintiera la mujer más importante del mundo para él. Jamás apartaba la mirada de su rostro.
Sin embargo, no parecía que él estuviera tratando de conseguir que ella lo deseara. Todo ocurría con tanta naturalidad, que Miley tuvo que preguntarse si tal vez Nick sentía algo por ella. Sabía que estaba poniendo en riesgo su propio corazón al pensar algo así, pero no le importaba. Aunque se estuviera engañando, resultaba una mentira tan maravillosa que lo único que quería era disfrutarla mientras durara.
Si él se marchaba de su vida al día siguiente, no tendría nada de lo que lamentarse. Su fantasía se había hecho realidad. ¿Cómo podía ser eso algo malo?
Hasta aquel momento, Miley había observado la vida desde la barrera. ¿De qué había tenido tanto miedo? Sabía que el divorcio de sus padres le había dejado heridas muy profundas, pero ya era una mujer adulta y las heridas habían cicatrizado hacía mucho tiempo. Por primera vez en su vida, se había arriesgado de verdad y la recompensa había sido ese hombre, aquel hombre maravilloso, divertido, sensual, con unos increíbles ojos azules y la boca de un dios. Un hombre que la deseaba tanto como ella lo deseaba a él.
Tomó su copa de vino y se tomó lo que le quedaba de un trago. La calidez del vino fue extendiéndosele por las venas y se sintió algo mareada. Aunque le gustaba aquella larga y lenta seducción, se moría de ganas por besar a Nick.
Centró la mirada en los labios de él. Nick sólo tardó un minuto en darse cuenta.
— ¿Qué estás haciendo? —le preguntó.
—Estoy tratando de conseguir que me beses.
—Pues podrías levantarte, acercarte a mí y besarme.
— ¿Iría eso contra las reglas?
—No hay reglas. Sólo horario. Creo que un beso en estos momentos llegaría justo a tiempo.
Miley volvió a sentarse y sacudió la cabeza. ¿Tan predecible era?
—Hmmm… Supongo que la necesidad ha pasado ya. Ya no necesito besarte.
Nick se bajó del taburete e hizo que ella se pusiera de pie.
—Vamos.
Salieron al exterior. Pasaron por delante de la casa de la piscina y del burbujeante jacuzzi hasta llegar a la pasarela que conducía al agua. La luna estaba saliendo por encima de Fire Island y creaba un sendero plateado de luz que parecía dirigirse directamente a ellos. Era una escena muy romántica. Miley tuvo que preguntarse si la luz de la luna era un suceso natural o formaba parte del fantástico plan de diez horas.
— ¿Has encargado tú esa luna?
—Sí. Sólo para ti.
—Eres bueno. Eso tengo que reconocerlo.
—Pues aún no has visto lo mejor…
Se colocó detrás de ella y le rodeó la cintura con los brazos. Entonces, apoyó la barbilla sobre el hombro de ella. Cuando le dio un beso en el cuello, Miley gimió suavemente. Ella deseaba fervientemente arrancarse la ropa.
Sin salir de sus brazos, se giró para mirarlo. El corazón le latía con fuerza en el pecho. Decidió que podía cambiar las reglas del juego. Se armó de valor y se agarró el bajo del vestido. Entonces, se lo sacó por la cabeza. Lo dejó caer suavemente sobre la pasarela.
—Vaya. Esto sí que está bien —murmuró él.
Nick la tomó entre sus brazos y la estrechó contra su cuerpo. Compartieron un beso profundo y poderoso, lleno de pasión contenida y de la promesa de mucho más. Los dedos de él bailaban dulcemente sobre la piel de Miley, como si no pudiera saciarse de ella.
Cuando se apartó de ella para mirarla, Miley le retiró lentamente la camisa de los hombros. El cuerpo de Nick brillaba a la luz de la luna y, durante un momento, Miley pensó que todo aquello podría ser un sueño. Era demasiado perfecto. Sin embargo, resultaba también demasiado real para ser una fantasía.
Bajó las manos y le desabrochó los botones de los pantalones. Estos se le deslizaron por las caderas hasta caer al suelo. Él también había decidido no ponerse ropa interior. Agarró la mano de Miley y la condujo hasta el jacuzzi.
Hasta lo ocurrido en el cuarto de baño del avión, Miley jamás había experimentado nada más que el sexo corriente. Sabía, por periódicos y revistas, que la gente tenía relaciones sexuales en todos los lugares posibles, pero ella nunca había ido más allá de la puerta de su apartamento.
Nick entró en la burbujeante agua y la ayudó a descender las escaleras. Cuando estuvieron metidos hasta la cintura, él se dejó flotar de espaldas y la tomó entre sus brazos.
El hecho de sentir el cuerpo desnudo de Nick contra el suyo resultaba tan excitante que, durante un momento, Miley perdió la cabeza. Aunque no era la experta que fingía ser, se dio cuenta de que tenía que reaccionar, sin miedo ni inhibiciones. Tenía que dejar que el instinto llevara las riendas.
Sintió las manos de Nick sobre el cuerpo. Se arqueó contra él e inmediatamente notó la boca de Nick sobre un pezón. El deseo se apoderó de ella inmediatamente.
Él se tomó su tiempo, examinándole el cuerpo mientras el agua los mantenía a ambos flotando. El vapor se elevaba a su alrededor porque la noche empezaba a ser fresca y parecía crear como una especie de refugio, un mundo separado en el que lo único que existía eran las caricias, los besos y los susurros. Justo entonces, cuando ella creyó que la situación no podía mejorar, Nick encontró una manera nueva de tentar su deseo.
Miley no recordaba haber hecho un esfuerzo consciente para devolverle las caricias. Simplemente ocurrió. Necesitaba sentir el cuerpo de Nick. Cuando comenzó a besarle el torso, él se relajó y se apoyó contra el borde del jacuzzi para permitir que Miley explorara su cuerpo.
Ella se perdió en los detalles, en el vello que le cubría el pecho, en la nuez que se erguía en la base de su garganta, en el tacto del pezón bajo los labios. Lentamente, fue encontrando sus lugares favoritos y les dedicó más atención. Él la observaba con los ojos medio cerrados y una expresión intensa en el rostro. Cuando Miley deslizó la mano por debajo del agua, Nick contuvo el aliento.
Cerró los dedos alrededor del miembro viril de Nick. Él sonrió. Miley observó su rostro mientras lo acariciaba, excitándolo con cada caricia. Nick comenzó a gemir suavemente cuando ella incrementó la velocidad de sus movimientos y, de repente, le agarró con fuerza la mano y la obligó a detenerse.
Le agarró la cintura y la colocó sobre el borde del jacuzzi. La obligó a reclinarse y a apoyarse sobre los codos. Miley supo lo que él estaba a punto de hacer, pero no estaba del todo preparada para experimentar cómo sería.
La boca era cálida. La lengua encontró rápidamente el lugar más sensible. La fresca brisa de la noche le puso la piel de gallina, pero Miley no sentía frío. En lo único en lo que podía centrarse era en el modo en el que la boca de Nick le estimulaba el sexo. Trató de relajarse y de dejarse llevar, pero no estaba segura de poder controlarse cuando lo hubiera hecho. El placer jamás había sido algo natural para ella, pero en aquellos momentos parecía como si se vertiera sobre ella como una catarata y que estuviera sintiendo al mismo tiempo todo lo que se había perdido a lo largo de su vida.
El pulso se le aceleró. Las yemas de los dedos le vibraban, impulsándola a moverse contra la boda de Nick. De repente, se sintió a punto, rozando el orgasmo. Pero sintió miedo.
Estaba exponiendo una parte de su alma. Aquello no era sólo sexo, sino una liberación. Estaba descubriendo una parte de sí que ni siquiera sabía que existía. Se relajó y dejó que él se hiciera con el control. Un instante después, se disolvió en potentes espasmos de placer. Enredó los dedos en el cabello húmedo de Nick y tiró de él. Inmediatamente lo apartó, dado que seguía atormentándola con la lengua.
En el cielo comenzaron a estallar fuegos artificiales. Senderos de luz azul y rosada que explotaban en el cielo para luego bajar a la tierra. Cerró los ojos y se dejó llevar por un orgasmo que parecía durar una eternidad. Cuando volvió a la realidad, se sentía completamente agotada, saciada e incluso mareada. Nick volvió a meterla en el agua. La calidez la envolvió de nuevo. Encontró los labios de ella con los suyos y la besó, aquella vez muy tiernamente.
— ¿Te encuentras bien? —le preguntó apartándole el cabello del rostro y mirándola a los ojos.
—Creo que sí —dijo. Más fuegos artificiales—. ¿Los ves tú también?
—Sí. Alguien debe de estar celebrando el Cuatro de Julio con algunas semanas de anticipación.
—Menos mal. Son reales. Durante un instante, pensé que los estaba… No importa
Quería decirle lo increíblemente que se había sentido, lo maravilloso que era, pero no quería admitir que todo lo que había experimentado con los hombres hasta que él entró en su vida no había sido tan especial.

 

Se tumbaron en la cama de él en medio de un revuelo de miembros desnudos. Aunque Nick le había prometido a Miley una larga y lenta seducción, se había cansado de esperar. La mujer que tenía entre sus brazos lo había poseído en cuerpo y alma y, por lo tanto, él quería también poseerla a ella.
Nunca antes había experimentado aquella clase de necesidad. Todas las partes erógenas de su cuerpo ansiaban que ella los tocara. Anhelaba el aroma de la piel de Miley y el tacto de su cabello entre los dedos. Su autocontrol se había desvanecido y, en su lugar, sentía una fuerza innegable que lo volvía loco de deseo.
El cuerpo de ella estaba debajo del suyo. Nick sujetaba su propio peso con los brazos. El pene, duro y caliente, se apretaba contra la suave carne del vientre de Miley. Con cada caricia, sentía que podría perder todo contacto con la realidad para dejarse llevar por la bruma de la pasión. Sin embargo, en aquella ocasión, con Miley, quería ser consciente de cada uno de los momentos. Si todo aquello terminaba dentro de un par de semanas, quería recordarlo todo.
Casi no se conocían. En realidad, no eran más que unos desconocidos. Sin embargo, sabía que podía confiar en Miley.
Se dio la vuelta y tiró de ella. Cuando la acomodó encima de él, le recorrió suavemente el torso con las manos. Tenía cuerpo de mujer, suave y lleno de curvas, no musculado y huesudo como el de muchas mujeres de Los Ángeles. Era completamente natural… real. Por eso, todo lo que hacían, todo lo que sentían, parecía mucho más real también.
— ¿Vamos a hacerlo? —murmuró él.
—No estoy segura.
— ¿Que no estás…?
—No es eso. Sí que lo estoy —se apresuró ella a responder—. Es que cada vez que nos ponemos, ocurre algo. En estos momentos estoy esperando el terremoto o el tsunami. O tal vez un tornado muy conveniente.
—Creo que estamos seguros.
Las puertas de la casa de la piscina estaban abiertas, por lo que se oía la explosión de los fuegos artificiales en el exterior. Nick cerró los ojos al sentir que Miley lo besaba. El sabor de sus labios era como un narcótico. Lentamente, le fue delineando el hombro con sus besos y luego el torso. La anticipación resultaba una insoportable tortura, pero Nick esperó, disfrutando de las sensaciones que estaba experimentando por todo el cuerpo.
Cuando ella le rodeó el miembro viril con los labios, se quedó por completo sin aire. Se agarró con fuerza a las sábanas y trató de centrarse en algo que no fuera lo que Miley estaba haciendo. No le sirvió de nada. Se sintió perdido.
—Oh, Miley… Las cosas que me haces… deberían ser ilegales.
Se retorcía de placer debajo de ella y, cuando ya no pudo tolerarlo más, la apartó suavemente. Entonces, sacó un preservativo de la mesilla de noche y se lo entregó a Miley.
—No sé si puedo hacerlo —susurró ella mirando el paquete—. No han pasado diez horas.
Nick soltó una carcajada.
—Eso será cuando terminemos.
A Miley, dos horas haciendo el amor no le parecían suficientes. Se tomó su tiempo para ponerle el preservativo. Cuando hubo terminado, Nick la colocó debajo de él y la penetró lentamente, mordiéndose el labio inferior mientras se hundía en el cálido cuerpo de Miley. Nick lanzó un gemido desgarrado. Cuando ella produjo el mismo sonido, él se detuvo en seco. Cuando Miley lo miró, vio que todo estaba bien. De hecho, ella se movió un poco más para que Nick la penetrara más profundamente.
Durante un largo tiempo, no se movieron. Simplemente se miraron. Nick acariciaba suavemente el rostro de Miley. No creía haber sentido antes un vínculo tan profundo con una mujer. ¿Cómo era posible? Casi no la conocía.
Estuvieron jugando a esa lenta seducción durante mucho tiempo. Nick se movía dentro de ella y luego se detenía para explorar el cuerpo de Miley con labios y manos. Se sentía muy sorprendido por lo mucho que estaba sintiendo. De hecho, con cada postura nueva que probaban la necesidad era más aguda y Miley se mostraba más impaciente.
Se colocó de rodillas entre las piernas de ella moviéndose lenta y suavemente dentro de ella. Miley se agarró con fuerza a las sábanas. Cuando estaba a punto de alcanzar el orgasmo, él aminoraba la marcha, pero no tardó mucho en alcanzar el punto en el que le resultó ya imposible volver atrás. Nick supo que ella estaba lista cuando sintió que se tensaba. Entonces, un segundo más tarde, gritó de placer y se disolvió en gozosos espasmos.
Las sensaciones eran tan exquisitas, que Nick se dejó llevar. Se rindió a las sensaciones que estaba experimentando al sentir el cuerpo de Miley vibrando contra el suyo. Había tardado tanto en experimentar ese orgasmo que pareció durar una eternidad.
Cuando logró recuperar el pensamiento racional, abrió los ojos. Ella lo miraba con una sonrisa de satisfacción en los hermosos labios.
Nick se mesó el cabello con las manos y sonrió.
— ¿Qué?
—No me puedo creer que lo hayamos hecho de verdad —dijo ella—. Casi esperaba que un meteorito cayera por el tejado.
—Yo creo que sentí que la tierra se movía un poco.
Miley levantó las manos y le trazó el labio inferior con la yema del dedo.
— ¿Sólo un poco?
—Está bien. Las placas tectónicas se movieron.
—Las placas tectónicas sólo se mueven de diez a cuarenta milímetros al año —comentó ella—, pero hay terremotos, claro está. Sin duda, tú has sido un terremoto.
— ¿Cómo es que sabes todos esos datos?
—No sé. Recuerdo todo lo que leo. Cuando era más joven, no leía libros, los devoraba. Cada pocos días, tenía que ir a la biblioteca para llevarme a casa un montón de volúmenes para leer. Me encerraba en mi habitación y me escapaba a todos esos mundos maravillosos.
De repente, la última de las barreras tras las que Miley se protegía desapareció. Lo vio en sus ojos. Una vulnerabilidad completa. Era precisamente lo que quería de ella, aunque le asustaba un poco.
—Eso es lo que yo siento con mis películas —dijo Nick —. Cuando iba al cine, todo era posible. La vida era una aventura. Yo siempre pensé que sería genial estar a cargo de crear mundos nuevos sobre la pantalla de cine, hacer que mi imaginación se hiciera realidad. A mis padres les encantaba el cine, íbamos una vez a la semana todos juntos.
—Eso suena muy agradable. Debes de tener unos recuerdos muy bonitos. Mis padres nunca hacían nada conmigo. Yo sólo… bueno, estaba allí, en la barrera, observando sus vidas. Según creo, una familia debe girar en torno a los hijos, ¿no?


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