Mostrando entradas con la etiqueta Three weeks in Athena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Three weeks in Athena. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de octubre de 2011

"Three weeks in Athena" Cap 40 Fiin!!




Hubo un largo silencio y por fin él respondió:
–La he comprado para ti... para nosotros –anunció–. Quiero que sea nuestro hogar, un lugar al que podamos venir... tal vez incluso con nuestra familia...
Miley se quedó sin habla. ¿Cómo podía conocer él sus sueños más profundos?
–Nick, yo no... ¿A qué te refieres?
Él le acarició el rostro con mano temblorosa. Su mirada era tan intensa que casi dolía.
– Miley, te he traído aquí porque es el único lugar donde sé ser yo, donde puedo decir lo que necesito decir. Me he vuelto loco estas dos semanas. Al principio me dije a mí mismo que no te necesitaba, que no me había quedado devastado al descubrir que no habías aceptado el empleo con Theo. Y una noche, cuando me vi yendo hasta tu casa a las tres de la madrugada y sentándome fuera porque te echaba de menos, tuve que reconocerlo.
Tomó aire profundamente.
–Creo que me enamoré de ti cuando apareciste como un torbellino para defenderme de Zoe. Nadie me había defendido antes, nadie se había preocupado por mí.
Yo nunca lo había necesitado. Pero tú me has hecho darme cuenta de lo solo que he estado toda mi vida.
Torció el gesto.
–Yo creía que lo tenía todo resuelto. Te mantendría en la empresa si insistías en trabajar, pero esencialmente quería que fueras mi amante. Sólo cuando lo dije en alto me di cuenta del insulto que suponía, sobre todo para ti. Y entonces supe que quería mucho más que eso. Lo quería todo: una vida juntos... un matrimonio.
Soltó una amarga carcajada.
–Por supuesto, me lo negué. ¿Amor? Corté mi relación con todo eso cuando me enviaron a Inglaterra y se convirtió en mi hogar, lejos de mi familia a la fuerza. Por eso había bloqueado los recuerdos de este lugar y de mi madre, no podía creer que hubieran existido. Pero al conocerte y enamorarme de ti los reviví, me hizo recordar el amor que sentí.
Miley estaba abrumada. Aquello era justamente lo que deseaba, pero...
–Oí lo que le dijiste a Zoe justo antes de que te abofeteara, lo de que nunca te casarías con alguien como yo...
Nick la miró confuso y de pronto se le iluminó el rostro.
Agapi mu, no me refería a ti, sino a Delta Goodrem. Zoe querría que me casara con ella para poder tenerme controlado.
Sacó una pequeña bolsa de terciopelo de un bolsillo y se la ofreció.
–Ábrela, por favor...
Ella lo hizo, con manos temblorosas. Era el maravilloso collar con la mariposa que había visto semanas antes. Se estremeció con los ojos llenos de lágrimas. Nick se lo puso y le hizo mirarle a los ojos.
– Miley Cyrus, ¿te casarás conmigo? ¿Por favor? No puedo imaginarme sin ti a mi lado.
Una intensa emoción estaba destapándose en el interior de Miley y era el dolor más glorioso que había sentido en su vida.
–Yo nunca deseé sentir tanto –confesó con voz trémula–. Creí que acabaría con alguien aburrido, que no me hiciera afrontar los deseos que tenía escondidos. Pero tú me has hecho creer que no hay nada de lo que asustarme... Te amo, Nick. Me enamoré el día que regalaste aquel carísimo collar a dos extraños en la calle. Y, cuando me trajiste aquí, supe que te amaba. Y sí, me casaré contigo.
Nick tomó el rostro de Miley entre sus manos.
–Gracias a Dios –susurró y la besó apasionadamente.
Cuando se separaron, el rostro de él reflejaba su típica arrogancia y algo inimaginable: alegría pura. Miley no pudo evitar sonreír.
Él le devolvió la mirada y, por un instante, Miley vio algo vulnerable cruzar su rostro.
–La noche en que me senté fuera de tu piso, me encontré imaginándote embarazada y teniendo un bebé... nuestro bebé. De pronto quise una familia. Y no sólo por tener herederos, sino por crear algo. Me asusté enormemente y es lo único que me ha contenido de venir a buscarte antes –confesó él con una sonrisa insegura–. Eso y la posibilidad de que me rechazaras. El asunto es que... no tengo ni idea de qué piensas sobre tener hijos...
Miley le miró sin saber cómo no le había explotado el corazón.
–Es gracioso que lo menciones...


Más o menos en el mismo lugar en que Nick le había propuesto matrimonio tres años antes, Miley miró hacia la playa privada donde su marido sujetaba a su hijo en el aire antes de zambullirlo en el brillante mar. Sonrió al oír las alegres risas y se sentó acomodándose al bebé en brazos para que pudiera alimentarse del otro seno.
–Eres muy feliz, cariño, ¿verdad?
Miley miró a su madre, sentada en una silla de ruedas a la sombra, y sonrió.
–Sí, mamá, lo soy.
Leticia tenía aquellos momentos de lucidez de vez en cuando desde que Miley y Nick la habían trasladado a su recién reformada mansión en Paros, donde un equipo de enfermeras le atendía las veinticuatro horas del día. Su Alzheimer no había mejorado, pero parecía haberse ralentizado.
Miley había insistido en que Nick mantuviera la casa de su madre igual que estaba y a veces iban allí a pasar la noche ellos dos solos disfrutando de un espacio que nadie conocía.
Justo entonces Nick salió de debajo del agua con Jerry a hombros. Sonrió a Miley con los ojos brillantes de amor.
Ella sonrió. La vida era buena.


                                                                 FIN.



sábado, 29 de octubre de 2011

"Three weeks in Athena" Cap 39




Especialmente sabiendo lo importante que era su madre para ella. Tuvo el impulso de llamarla y asegurarle que todo iría bien, que él se ocuparía de su madre. Pero se contuvo.
Él ya le había ofrecido su protección, el puesto de amante, y ella lo había rechazado. Cerró los ojos y se reclinó en la silla. Algo extraño y terrible se apoderó de él: le había ofrecido lo único que ella rechazaría aunque su vida dependiera de ello.


Miley se sentía tan frágil como un jarrón chino en el borde de una mesa. Habían transcurrido dos semanas desde que no se había presentado en Jonas Enterprise para el empleo que le había sido ofrecido de forma tan poco elegante. Todavía sentía náuseas al recordar la escena. A pesar de todo lo que había compartido con Nick, él pretendía reducirla a ser su mantenida.
Con todo, allí sentada en la habitación de su madre, sujetando el libro del que estaba leyéndole en alto, le echaba de menos cada vez con más intensidad. Le bombardeaban constantemente imágenes de su tiempo juntos. Aún peor: se había sorprendido soñando despierta con que eran una familia. Ella nunca se había considerado maternal, pero de pronto sentía unas poderosas ganas de tener un bebé. Con él.
Su madre se removió inquieta en su sillón y Miley la miró: se había quedado dormida mientras le leía el cuento.
Ella no había tenido el coraje de ponerse a buscar trabajo de nuevo todavía, así que había pasado las dos últimas semanas yendo a ver a su madre todos los días. Pero el tiempo se acababa. Necesitaba volver a tener ingresos. Más aún: necesitaba olvidar...
– Miley, cariño, alguien ha venido a verte. Miley sonrió a la enfermera y la siguió. ¿Quién sería su visita?
Al salir al pasillo, todo le dio vueltas. Y debió de tambalearse realmente porque, antes de darse cuenta, Nick estaba junto a ella sujetándola y mirándola a los ojos.
Parpadeó varias veces creyendo que era un sueño. Viendo que no, se soltó de él y entró a grandes zancadas en una sala de espera vacía. Se cruzó de brazos y se giró, con las mejillas ardiendo al verse de nuevo frente a él.
– ¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó con la mayor frialdad que pudo pero, al verle encogerse, sintió remordimientos.
Nick tenía un aspecto horrible, como si no hubiera dormido en muchos días. Vestía vaqueros y un suéter, nada que ver con el frío hombre de negocios que podía ser.
Cuando él la miró, se le encogió el corazón, pero elevó la barbilla.
–He pensado que éste sería el único lugar donde me escucharías –comentó él–. Por favor, perdóname por entrometerme en tu espacio personal con tu madre.
La ira dejó paso a otro tipo de fuego. ¿Cómo era posible que aquel hombre no dejara de sorprenderla?, se preguntó ella relajando algo los brazos.
– Miley, quiero que vuelvas a Grecia conmigo. Ahora mismo. Quiero enseñarte algo. Necesito hablar contigo, pero no puedo hacerlo aquí...
Ella se tensó de nuevo y sacudió enérgicamente la cabeza. Volver a estar cerca de él era demasiado peligroso.
– Miley, por favor...
Algo en el tono de voz de él le llamó la atención. Pero nada la convencería de exponerse de nuevo a que le partiera el corazón. ¿Por qué quería él llevarla a Grecia? ¿Por qué no le reprochaba el no haber aceptado el empleo? ¿Por qué no estaba comportándose como el hombre orgulloso y arrogante que ella conocía? ¿Y por qué había tardado dos semanas en ir a buscarla?
Le vio apretar la mandíbula y sintió un escalofrío.
–De acuerdo, si para que vengas tengo que amenazarte con revelar a la prensa que tu madre se encuentra aquí, lo haré.
Miley ahogó un grito y se quedó helada. En el fondo estaba segura de que él no haría algo así, pero el hecho de que estuviera amenazándola ya era suficientemente terrible.
–Serás bastardo...
Él elevó una mano y dio un paso adelante, con las mejillas encendidas. Al ver que ella no se movía, bajó la mano.
–No sé por qué he dicho eso. Lo siento –dijo con aire derrotado–. Por supuesto que no le haría eso a tu madre. Sólo quería que vinieras conmigo para enseñarte algo y hablar contigo... Te prometo que, si después de eso quieres regresar, te traeré en un suspiro.
Miley se lo quedó mirando un largo momento. La verdad era que iría hasta el final del mundo si él se lo pedía. Una parte de ella le impulsaba a ir. Estaba confundida con aquella vulnerabilidad que no terminaba de creerse.

–¿Lo prometes? ¿Y luego me dejarás en paz y no me impedirás encontrar empleo?
Él asintió.
–Me aseguraré de que nada se interponga en tu camino.
Miley esperó un interminable momento y dijo por fin:
–Entonces voy a por mí chaqueta y mi bolso.


Pocas horas después aterrizaban en el aeropuerto de Atenas. Habían pasado todo el vuelo en silencio, Nick frío y distante.
Él extendió una mano para ayudarla a bajar y la condujo a un helicóptero que los llevó hasta Paros. Una mezcla de alegría y dolor inundó a Miley. Si él la había llevado hasta allí sólo para...
Pero el helicóptero aterrizó y de pronto se quedaron ellos dos solos con el Jeep que él había conducido la vez anterior. Los recuerdos eran demasiado intensos.
–Nick, si me has traído hasta aquí sólo para...
Él se acercó a ella... demasiado.
– Miley, por favor, confía en mí. Sólo un poco más.
¿Qué iba a hacer si no? Se encontraban lejos de todo. Se subió al coche en silencio. Pasaron junto a la casa de la madre de Nick y siguieron hasta detenerse junto a unas puertas antiguas de hierro casi tapadas por la vegetación.
Nick la ayudó a bajar del coche. Al ver su ademán de hablar, le tapó la boca con un dedo. Nunca se había sentido tan aterrado, el corazón le latía desbocado. Y al sentir los suaves labios de ella contra su dedo casi perdió el control, pero se contuvo.
–Esto es lo que quería enseñarte.
La condujo a través de las puertas y por un camino de vegetación exuberante hasta un claro donde una vieja mansión, suntuosa aunque abandonada, se erigía sobre el mar.
Miley apretó la mano de Nick. Podía imaginarse cómo sería recuperar toda su gloria.
–¿Qué es este lugar?
–Lo he comprado... Firmé los papeles ayer. ¿Te gusta?
¿Él la había llevado allí para mostrarle su última adquisición?, se preguntó ella indignada. Frunció el ceño sintiéndose muy vulnerable.
–Por supuesto que me gusta, es bellísima. Pero ¿qué importa mi opinión?


martes, 25 de octubre de 2011

"Three weeks in Athena" Cap 38




Pero él la ignoró y fue metiendo cosas en la caja. Miley necesitaba romper el silencio.
–Creía que no regresarías hasta el fin de semana.
¿Habría estado él cortejando a otra mujer en Nueva York?, se preguntó presa de los celos. El aroma de él la envolvía en lujuria.
–Terminé todo con rapidez. Quería regresar –comentó él impasible.
Miley se apresuró. Tan sólo quería marcharse de allí cuanto antes.
–Creo que te gustará Gemma, tu nueva asistente. Era con diferencia la persona más cualificada.
–¿No te dije que no me gusta que te recojas el pelo?
Miley lo miró asombrada. Él estaba casi flirteando. Y sus ojos tenían un brillo como cuando... De nuevo maldijo su cerebro calenturiento.
–Eso ya no es relevante –dijo agarrando la caja llena y colocándosela como escudo–. Será mejor que me vaya...
–Todavía no has encontrado otro empleo, ¿verdad?
Miley lo miró. ¿Cuándo terminaría aquella tortura? Se sintió tentada a decirle que sí aunque le avergonzara que no fuera cierto. Ninguna de las empresas a las que había acudido le habían hecho caso. No lo entendía. Sacudió la cabeza.
–Aún no –dijo y elevó la barbilla–. Pero estoy segura de que lo encontraré, antes o después.
Vio que él se apoyaba en el borde del escritorio y recordó una vez en su despacho de Atenas cuando él la había sentado allí, le había entreabierto las piernas y... Casi se le cayó la caja de nuevo.
–Tengo que irme. Debo visitar a mi madre.
–¿Cómo está?
Miley quiso gritar. ¿Qué era aquello, un interrogatorio?
–Está bien... tanto como puede estarlo.
– Miley, quiero ofrecerte otro empleo en la empresa. No tendrás que trabajar conmigo, puedes regresar al equipo legal. Ha quedado un puesto libre.
Ella sacudió la cabeza enérgicamente, presa del pánico ante la idea de no poder escapar de la devastadora órbita de aquel hombre.
–No, gracias. Prefiero buscar empleo en otro lugar.
Él se quedó en silencio un largo momento.
–Tal vez te resulte más difícil de lo que te imaginas.
De pronto ella lo comprendió. Recordó la multitud de empleos que había solicitado.
–¿Has impedido que me concedieran algún empleo?
Nick apretó la mandíbula. No hizo falta que dijera nada.
–He cambiado de opinión. Quiero que te quedes en Jonas Enterprise.
Lo había sabido desde el día en que la había visto marcharse en su coche.
–Quiero salir contigo de nuevo, pero no sucederá si eres mi asistente. No sería justo para ti. De esta manera, será mucho más aceptable.
Conmoción, horror, pasión... una mezcla de sensaciones invadieron a Miley con tal fuerza que casi se desmayó.
–Lo siento, pero no estoy disponible para el puesto de amante de conveniencia.
Él se puso en pie, alto, orgulloso y más implacable que nunca. Tenía las mejillas encendidas.
–No tiene por qué ser así, Miley. Te estoy pidiendo que seas mi novia. Estábamos bien juntos. No puedo dejar de pensar en ti...
Ella cambió la caja de posición. Empezaban a dolerle los brazos. Pero cuando él hizo ademán de agarrarla, se lo impidió. Aquel momento era muy importante para ella, cómo se comportaba. Porque si sucumbía al ansia de su cuerpo estaría sentenciada, igual que su madre. No habría aprendido nada. Aquel hombre le rompería el corazón.
Sintió una profunda tristeza por haberse enamorado de alguien que nunca la amaría como ella deseaba, con la plenitud que ella nunca había conocido de pequeña.
–No quiero eso, Nick. Valgo más que para una sórdida aventura de oficina y, por más que intentes disfrazarlo, eso es todo lo que sería.
–Hay otra opción. No tienes que trabajar aquí. Podría ser mucho más fácil. Yo podría enseñarte lo mejor del mundo, ocuparme de ti y de tu madre...
Miley sintió la ira crecer. Sacudió la cabeza.
–No pienso aceptarlo. Crecí con eso y es algo que detesto. Puedo cuidar de mí y de mi madre. No necesitamos a ningún hombre.
Él apretó los puños y dijo en tono seco:
–Bien, pues buena suerte en tu búsqueda de empleo. Estaré esperando tu llamada cuando no encuentres ninguno. Te he marcado como exclusiva de esta empresa, nadie se atreverá a tocarte.
A Miley se le llenaron los ojos de lágrimas pensando en su madre.
–¿Por qué insistes en hacer esto?
–Ya te lo he dicho, te deseo. Lo nuestro no ha terminado. Espero verte en el despacho de Theo el lunes por la mañana. Sé que no puedes moverte de Londres sin poner en peligro el tratamiento de tu madre.
Miley le odiaba y al mismo tiempo no podía odiarle.
–No voy a dejarme manipular así y no voy a volver a acostarme contigo. Tendrías que llevarme a rastras como el neandertal que te estás comportando ahora.
Le vio ruborizarse, pero también un brillo triunfal en sus ojos. Él creía que la tenía controlada, pero ella le demostraría que no. Se giró y salió de la habitación a grandes zancadas. Reparó en que no volvería a verle, al menos en persona, y le invadió tal dolor que casi se desmayó. Pero las palabras de él la hicieron continuar.
–Te veré el lunes por la mañana, Miley.
EL Lunes por la mañana, Nick ignoró los murmullos de sorpresa de sus empleados al verle pasearse entre ellos, cosa que nunca hacía. La sangre le quemaba de expectación, y todo porque en un instante vería a Miley. Haberla visto el otro día tras una semana de ausencia le había demostrado que incluso un día sin verla era demasiado tiempo. Se prometió que no volvería a suceder.
Ya no podía negar el hecho de que ella le volvía loco. Por primera vez en su vida se sentía fuera de control. Desde que la había visto no podía dejar de pensar en que la deseaba, la necesitaba y cualquier cosa era mejor que perderla...
Llegó a los despachos del equipo legal y se detuvo en seco al ver vacía la silla donde debía estar Miley. Sintió un tremendo vacío en el pecho.
Justo entonces, Theo salió de su despacho.
–¿Nick, qué ocurre?
–¿Dónde está Miley Cyrus? –preguntó apretando los dientes.
–Creí que lo sabías –respondió Theo confuso–. Llamó esta mañana y dijo que no aceptaba el puesto, que quería tomarse un descanso. No te negaré que me alegré mucho cuando me dijiste que iba a volver a trabajar con nosotros, pero ahora...
Nick no escuchó nada más. Regresó a su despacho, pasó junto a su nueva asistente y cerró de un portazo.
Estaba temblando como una hoja. Con un rugido, fue al minibar y se sirvió una copa que vació de un trago. Por primera vez en su vida no sabía qué hacer. Se sentó pesadamente en su silla con la vista perdida.
Ella se había ido. No lo había dicho en broma. No se había arredrado ante sus amenazas de que no encontraría otro empleo. Sólo de recordar hasta qué extremos había llegado para no perderla, sintió náuseas.



lunes, 24 de octubre de 2011

"Three weeks in Athena" Cap 37





Encontró fuerzas para ponerse en pie de nuevo. Siempre había sabido qué tipo de hombre era él, aunque en las últimas semanas se había permitido olvidarlo.
Él le tendió una mano, pero ella se parapetó tras una silla.
– Miley...
–¡No! No quiero oírlo. Sé que se ha terminado. Era la única razón por la que te acostabas conmigo. He sido una...
Se detuvo antes de decir «estúpida». Lo miró llena de tristeza.
–La sangre llama... Tal vez esto sea un paso hacia una nueva relación con tu hermanastro. Liam no sabe nada de la fusión. Ha sucedido como lo he contado. La razón por la que no di importancia a la conversación de antes fue porque él sospechaba algo y me preguntó al respecto. Yo no te dije nada porque me imaginé que él nunca lo averiguaría antes de mañana y tú no necesitabas más presión.
Elevó la barbilla.
–Pretendo dimitir una vez que termine la rueda de prensa. No veo por qué habrías de negarte ahora –dijo forzando una sonrisa–. Después de todo, ¿por qué ibas a querer ver a una secretaria con la que tendrías que acostarte por negocios todos los días?
Se marchó apresuradamente hacia la puerta y allí se giró hacia él.
–Puedo organizarme mi propio vuelo de vuelta mañana tras la rueda de prensa. Yo lo preferiría y estoy segura de que tú también. Trabajaré el tiempo de preaviso si insistes, pero preferiría recoger mis cosas de la oficina el lunes.
Dicho eso, abrió la puerta y salió.


Nick observó la puerta durante un largo momento. La tierra estaba moviéndose bajo sus pies. Podría haberla detenido. Podría haberle dicho por qué se había acostado con ella. ¿Por qué no lo había hecho?
Se sentó pesadamente en un sofá. Por supuesto que confiaba en Miley por encima de su propio hermano. Pero al verlos juntos... la ira le había nublado la mente.
Si Miley hubiera sido culpable, no habría llegado a aquella conclusión. Incluso podría haberle seducido para distraerlo. Pero ella no se le acercaba desde Paros.
¿Y quién iba a culparla? Él la había urgido a salir de allí casi como fugitivos. Se hallaba tan abrumado de que ella hubiera contemplado su mayor debilidad... ¡le había visto llorar! Y no le había dado la espalda horrorizada, había reaccionado de forma maravillosa, empática, comprensiva...
Había sido demasiado para él. Nadie conocía esa parte suya, enterrada durante largo tiempo. Por eso había permitido que ella creyera que la había seducido deliberadamente. Su vida había perdido el equilibrio desde que había reparado en ella. ¡La deseaba tanto que había subido a buscarla para hacerle el amor, no porque sospechara que fuera una espía!
Se puso en pie bruscamente. Tenía que regresar a la fiesta, sonreír y fingir que todo iba bien, cuando en realidad tenía las entrañas en un puño. Miley tenía razón: se había terminado. ¿Cómo podría evolucionar desde aquel punto? No permitiría que ella le viera débil otra vez.
Ninguna mujer se merecía eso.


A la mañana siguiente, terminada la rueda de prensa, Miley evitó a los atónitos periodistas y subió a su habitación. Sacó su maleta pequeña, ya que iba a dejar allí toda la ropa comprada por Nick, y bajó al vestíbulo. Estaba pidiendo un taxi que la llevara al aeropuerto cuando notó una mano familiar que la agarraba del brazo y oyó una voz suave.
–Mi chófer cuidará de ella, gracias –avisó Nick al concierge.
Ella se tensó, todo su cuerpo ansiaba más que aquel breve contacto.
–No es necesario.
Él suspiró pesadamente.
– Miley, acerca de anoche...
–Por favor. No tienes que decir nada.
–Yo creo que sí –dijo él mirándola a los ojos–. Estabas equivocada, nunca me acosté contigo porque te creyera una espía. He malinterpretado la situación y lo siento. Pero tienes razón... esto se ha terminado.
Miley intentó mantener el rostro impasible, aunque se sentía como si acabara de abofetearla. El alivio de que él sí la creyera se vio eclipsado por un profundo dolor.
–¿Y tu hermano...?
–Ya me encargaré de él –respondió Nick con una mueca de repugnancia–. Tú no te preocupes de eso.
Cierto, pensó ella débilmente: pronto dejaría de trabajar para Jonas Enterprise.
–Voy a irme a Nueva York diez días para asegurarme de que la fusión se realiza sin problemas. Tendrás tiempo para pensarte si a mi regreso sigues queriendo dimitir...
¿Qué otra opción tenía?, pensó ella y asintió como entumecida. Aunque había deseado aquello, vivirlo era más duro que cualquier otra experiencia en toda su vida. ¿Cómo había podido creer que aquello funcionaría? Nicholas Jonas nunca admitiría tener a su alrededor a una ex amante. Y tampoco podían recuperar una sana relación de trabajo, por más que ella lo deseara.
Miley la acompañó a la entrada, donde le esperaba su coche.
–Quiero agradecerte todo tu trabajo. Esta fusión no hubiera ido tan suave de no ser por ti.
«Por favor, no...», casi se le escapó a ella. Su aventura se reducía a aquello, unas trilladas gracias por su trabajo y por haber hecho disfrutar al jefe entre reunión y reunión. Antes de perder el control, cerró la puerta del coche con firmeza y dolor.
No miró atrás mientras el coche se alejaba, así que no vio a Nick de pie con rostro sombrío bajo el resplandeciente sol de Atenas. Tampoco se lo habría creído.


El viernes por la noche una semana después, Miley terminó de guardar sus cosas en una caja y contempló el despacho vacío. Había sido mucho más fácil recoger todo sin Nick allí, aunque se le partiera el corazón cada día que él llamaba para comprobar cómo iba todo. Además, había delegado en ella para entrevistar a la nueva asistente.
–Confío en ti –le había dicho al oír sus protestas de que era demasiada responsabilidad–. Has sido la mejor asistente que he tenido nunca.
Pero no le había pedido que se quedara.
Sacudió la cabeza para aclarársela y se puso el abrigo. No se había arreglado, llevaba unos vaqueros, un jersey ancho y deportivas. Pensó en su madre con cierta culpa. Tenía que encontrar otro trabajo pronto. Podría aguantar algunos meses, pero después...
– Miley.
Una familiar voz grave la encendió por dentro. Se giró tan bruscamente que se le cayó la caja, desparramando su contenido. Apenas reparó en la presencia enorme y amenazante de Nick en la puerta y comenzó a recoger las cosas con manos temblorosas. Él se agachó junto a ella.
–No, por favor. Puedo hacerlo sola.