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viernes, 22 de julio de 2011

"Tórridas Fantasías" Cap 37 ♥FIN♥





Al verano siguiente…

Nick estaba de pie en el balcón mirando el Pacífico. El agua del mar tenía una perfecta tonalidad azul y reflejaba perfectamente la de un cielo sin nubes. Aquél era un día muy importante. Tal vez el más importante de su vida.
Se dio la vuelta y miró a través de las puertas abiertas del salón de su casa de Malibú. Miley estaba acurrucada en el sofá, con las hojas de su último manuscrito esparcidas a su alrededor.
Su primera novela, La niña de adorno, iba a ser publicada al mes siguiente y Nick ya tenía los derechos para poder llevarla a la pantalla grande. La novela había creado bastante revuelo en Hollywood y la máquina publicitaria estaba lista para comenzar a funcionar.
Sonrió. Miley había cambiado mucho desde el verano anterior. No era diferente, sino que simplemente había mejorado a la hora de sobrellevar las complejidades de la fama. Había encontrado una seguridad en sí misma que Nick admiraba profundamente. Sin embargo, en algunos momentos cuando estaban a solas, se mostraba insegura y vulnerable.
Llevaban viviendo juntos desde la Navidad anterior. Encontraron la casa de Malibú cuando los dos regresaron de Londres. Nick estaba convencido de que sus vidas eran perfectas. Cuando él salía a buscar localizaciones, ella lo acompañaba. Cuando los viajes de promoción de Miley eran muy frecuentes, él encontraba el modo de reunirse con ella donde estuviera.
Hasta aquel momento había funcionado muy bien, pero a Nick seguía preocupándole que algo pudiera robarles su felicidad. Quería estar seguro de que Miley y él estarían juntos para siempre. Nick se metió la mano en un bolsillo y sacó el anillo. El diamante relució bajo la luz del sol.
Era un riesgo. Sabía lo nerviosa que Miley se ponía cuando se hablaba de matrimonio. Sin embargo, se amaban y se pertenecía el uno al otro. Si Miley no quería aceptar esto, tal vez tendría que obligarla a comprenderlo.
Entró en el salón. Miley levantó la mirada.
— ¿Qué te pasa? —le preguntó ella.
—Nada.
—Llevas toda la mañana paseando de un lado a otro. ¿Por qué no te vas a correr un poco por la playa? Luego podríamos salir a almorzar.
—No necesito hacer ejercicio —replicó. Se acercó a la chimenea y tomó la hucha que ella le había regalado en Londres. Se metió la mano en el bolsillo e introdujo el anillo en la hucha. Por último, se acercó al sofá—. ¿Me puedes ayudar con esto?
— ¿Con qué?
—Quiero sacar el dinero de la hucha, pero no sé cómo hacerlo.
— ¿Y por qué lo quieres sacar?
—Está llena. Ya no puedo meter más.
Miley tomó la hucha y le dio la vuelta. Entonces, señaló la abertura que ésta tenía en la parte inferior.
—Tienes que abrir esto. Parece que lo podrás abrir con una moneda.
—Hazlo tú.
—No. Estoy tratando de terminar este capítulo. ¿Por qué te comportas de un modo tan raro?
Nick se metió la mano en el bolsillo y sacó una moneda, que entregó a Miley para que pudiera abrir la hucha. Ella hizo girar la tapa con la moneda y le dio la vuelta a la hucha sobre la mesa. Las monedas comenzaron a caer sobre la madera. Un segundo más tarde, lo hizo el anillo.
— ¿Qué es eso? —preguntó ella muy sorprendida.
—Parece un anillo.
—No me puedo creer que alguien haya dejado un anillo en esta hucha. El dependiente de la tienda debería haberlo sacado. Sé que el precio que pagué no incluía esto. ¿Crees que deberíamos tratar de descubrir quién fue el último dueño de esa hucha? Así podríamos devolverles el anillo.
Nick soltó una carcajada. Menudo gesto romántico. ¿Por qué estas cosas funcionaban tan bien en las películas y fallaban en la vida real?
—He sido yo quien ha puesto el anillo en la hucha, Miley.
—Pero… ¿Por qué ibas tú a…?
—Porque quería que tú lo encontraras. Quería que lo tomaras y que te dieras cuenta de que era para ti —afirmó Nick. Se lo quitó suavemente de la mano y se lo enseñó—. Es tuyo. Lo he comprado para ti. Quiero que te cases conmigo, Miley.
— ¿Quieres casarte conmigo? —preguntó ella con incredulidad.
—Sí. La tradición indica que debes dar una respuesta inmediatamente. En las películas, la protagonista siempre empieza a llorar y luego se arroja a los brazos del actor principal mientras dice que sí. Sin embargo, por el modo en el que tú me estás mirando, veo que no te vas a comportar así.
—Quieres casarte conmigo… —murmuró ella mirando el anillo.
—Sí. Creo que eso ya ha quedado claro.
Miley lo miró y él vio que los ojos se le habían llenado de lágrimas.
—Sí —contestó ella, por fin—. Me casaré contigo.
Arrojó el manuscrito. Las páginas volaron por todas partes. Entonces, se lanzó a los brazos de Nick y le dio un largo y delicioso beso.
— ¿De verdad? —preguntó él.
—Por supuesto.
— ¿No te da miedo ya que podamos terminar como tus padres?
—Creo más bien que terminaremos como los tuyos.
—Nos va a costar. Tenemos que asegurarnos de que nosotros somos lo primero y no nuestros trabajos.
—Lo conseguiremos. Te amo, Nick. Nada podrá nunca cambiar eso.
Nick le apartó el cabello del rostro y la besó suavemente.
—Yo también te amo a ti, Miley —susurró. Tomó el anillo y se lo puso en el dedo anular de la mano izquierda—. Supongo que ya es oficial.
—Así es.
—Ha sido bastante romántico, ¿no crees?
—Sé cómo podemos conseguir que lo sea aún más —musitó ella—. Puedes hacerme el amor en este mismo instante. Tienes diez minutos para convencerme de que serás un buen marido
Miley se puso de pie y lo agarró a él de la mano para que se levantara también.
Nick soltó una carcajada y la tomó en brazos.
—Cariño, te aseguro que voy a tardar mucho más de diez minutos.
—Entonces, una vida entera —dijo Miley rozando los labios contra los de él—. Te concedo toda una vida.

                                                                                                ♥Fin♥



"Tórridas Fantasías" Cap 36





—Entonces, ¿significa esto que llevas un año y medio enamorada de mí?
—Diecisiete meses para ser exactos.
—Y yo llevo enamorado de ti desde el momento en el que te besé.
—Supongo que sí —dijo ella con una sonrisa.
Nick respiró profundamente.
—Hay otra cosa. No me encontré por casualidad con la librería en la que tú estabas firmando tus libros. Te he estado siguiendo por Internet. Sé que parece lo que haría un acosador, pero no lo es.
Miley extendió la mano y entrelazó los dedos con los de él.
—Qué tontos hemos sido, ¿no te parece?
—Sin embargo, creo que podemos arreglarlo. Te deseo, Miley. Te quiero en mi vida. No me importa lo que tenga que hacer, pero conseguiré que así sea.
Miley se puso de pie y se desabrochó el cinturón de la bata. Se la quitó y dejó que cayera al suelo. Entonces, se agarró el bajo del camisón y se lo sacó por encima de la cabeza.
Nick extendió una mano y se la colocó sobre el vientre.
— ¿Estás tratando de seducirme?
—Así es —susurró ella.
— ¿No te parece que deberíamos hablar al respecto?
—Creo que podemos dejarlo para más tarde. Quiero hacer el amor con el hombre del que estoy enamorada.
Nick la estrechó entre sus brazos.
—Quiero que me prometas una cosa, Miley.
—Lo que tú quieras —dijo ella mientras le peinaba suavemente el cabello con los dedos.
—Yo soy el primer y el último hombre con el que usas ese libro, ¿de acuerdo?
Miley se echó a reír.
—Te lo prometo. No pienso seducir a más desconocidos en un avión ni en ningún otro sitio.
Nick se puso de pie y comenzó a quitarse la ropa. Cuando por fin estuvo desnudo, miró el reloj antes de quitárselo y lo dejó sobre la cama.
—Muy bien, querida mía. Tienes diez minutos. Ni uno más.
Nick la agarró por la cintura y los dos cayeron sobre la cama. Cuando la boca de Nick encontró por fin la de Miley, ella supo que aquélla era la única cosa que necesitaba en su vida. Nick. Su corazón. Su alma. Su cuerpo. Su amor.
Su fantasía se había hecho realidad y se había convertido en algo mucho mejor de lo que nunca hubiera imaginado.

"Tórridas Fantasías" Cap 35





Nick hizo lo que ella le había pedido. Con mucho cuidado, sacó la hucha de hierro que él le había descrito aquel día en Eastport, la hucha con la que jugaba en casa de su abuelo.
—Espero que sea ésa.
—Lo es.
—Lo más gracioso de todo es que está fabricada en los Estados Unidos, pero yo lo he encontrado aquí. Fue muy raro. Estaba sobre una estantería de una tienda de Piccadilly. Yo ni siquiera estaba mirando en esa dirección. De repente, la vi y pensé en ti. La pintura es la original. Eso es importante porque así la hucha tiene más valor.
—Gracias. Entonces, supongo que aún sigues pensando en mí de vez en cuando.
—Yo pienso en ti constantemente.
Con mucho cuidado, Nick retiró el embalaje de la hucha y la colocó sobre la mesa.
—Muy bien. Ya no puedo más, Miley. Te amo. Creo que me enamoré de ti en el momento en el que te besé en ese avión y no he dejado de hacerlo desde entonces.
Miley lo miró fijamente, con los ojos como platos y las manos entrelazadas sobre el regazo. Trató de mantener la calma, pero el corazón le latía con tanta fuerza que le parecía que iba a hacerle estallar el pecho.
—Yo… no sé qué decir.
—Lo sé. Ha sido una gran sorpresa. Tal vez debería habértelo dicho más despacio, pero sé lo que quiero y estoy cansado de perder el tiempo.
—Yo… simplemente no esperaba que me dijeras eso.
—Créeme si te digo que yo tampoco —confesó Nick. Se sentó al lado de ella y le enmarcó el rostro entre las manos. Entonces, apretó la frente contra la de ella—. No estoy seguro de qué significa esto, Miley. Tal vez no significa nada, pero sé lo que siento. Si no nos volvemos a ver el uno al otro después de esta noche, al menos habré dicho lo que quería decirte. Al menos ya lo sabes.
—Lo sé.
—Miley, estoy dispuesto a esforzarme. Haré todo lo que haga falta. Puedo vivir en Los Ángeles o en Nueva York, donde tú quieras. Puedo trabajar en televisión. Regresaré a casa todas las noches. Podemos encontrar una casa y comenzar una vida juntos.
—No.
— ¿No a lo de la televisión o no a mí?
Miley se levantó de la cama y se dirigió al armario. Sacó un bolso de cuero y rebuscó en un bolsillo hasta que encontró su álbum. Entonces, regresó a la cama y volvió a sentarse.
—Quiero mostrarte algo —le explicó—. Tuve que hacer este álbum durante las clases para superar el miedo a volar. Recortábamos fotografías de cosas que nos hacían sentirnos felices, de cosas que queríamos en nuestras vidas. Así, cuando estuviéramos en un avión, podíamos sacarlo y centrarnos en él —añadió. Comenzó a hojear el cuaderno—. Aquí está. Aquí hay una foto tuya que recorté de una revista.
Nick la miró asombrado.
—Es del estreno de mi segunda película.
—Sí. Es una de las pocas fotos tuyas en las que estás sonriendo. Eso me gustó.
— ¿Y el hecho de mirar una fotografía mía hace que te resulte más fácil volar?
—Sí. Pero no es sólo eso lo que quería decirte. Hice este álbum hace más de un año y medio.
— ¿Y decidiste añadir luego mi foto?
—No. Está ahí desde el principio. Probablemente creerás que todo esto es muy extraño y no te culparé si es eso lo que piensas, pero, dado que estamos siendo sinceros, quiero decírtelo. Te vi en la sala de espera de un aeropuerto un año antes de que nos conociéramos. Katy y yo nos dirigíamos a París. Ella se acercó a ti y se presentó. Me señaló a mí y tú me miraste y me sonreíste. En ese momento, yo me enamoré de ti. Me enamoré como una adolescente, lo que resulta raro para una mujer de mi edad, pero así fue. Me pareciste el hombre perfecto.
— ¿Sabía esto Katy?
—Sí. Lo adivinó por el modo en el que yo te estaba mirando. Por lo tanto, su maquinaciones estaban más justificadas de lo que tú pensaste en un principio.

"Tórridas Fantasías" Cap 34





—Está bien. Me alojo en el Kensington Park Hotel. Habitación 1155. Llámame.
— ¿Puedo acompañarte a tu hotel dando un paseo? —le preguntó. Se había puesto de pie.
—Voy a tomar un taxi.
Nick le agarró la mano y se inclinó hacia ella. Entonces, le dio un beso en la mejilla.
—Me alegro de haberte encontrado.
—Sí. Ha sido muy agradable. Gracias por el calé.
Nick observó cómo ella se marchaba de la cafetería y volvió a sentarse. Iba a ser mucho más difícil de lo que había imaginado, pero no podía creerse que ella no estuviera sintiendo la misma sensación de frustración y pérdida.
¿Por qué no podían decir simplemente lo que sentían? Él estaba dispuesto a hacerlo, pero Miley había presentido lo que se le venía encima y le había interrumpido. No podía dejar que eso volviera a ocurrir.
Se sacó la cartera del bolsillo y dejó un billete de diez libras sobre la mesa para pagar las consumiciones. Tenía desde aquel momento hasta la cena del día siguiente para decidir cómo podía conseguir que Miley Cyrus volviera a formar parte de su vida. No tenía mucho tiempo, pero tendría que encontrar la manera de hacerlo.

 

Miley gruñó suavemente. Se incorporó en la cama y encendió la luz de la mesilla de noche. Tomó la almohada, le dio un puñetazo y terminó por arrojarla al suelo. Llevaba ya una hora tratando de quedarse dormida. Se sentía desesperada por poder descansar un poco antes de tener que levantarse para la entrevista. Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos, sólo conseguía ver el rostro de Nick.
Había soñado en innumerables ocasiones sobre el hecho de volver a verlo, pero su encuentro con Nick no había tenido nada que ver con esos sueños. Se había sentido nerviosa, temerosa de decir nada que pudiera volver a conjurar el pasado, aunque quería sacarlo todo, averiguar cómo habían llegado a esa situación después de un comienzo tan prometedor.
Extendió la mano, apagó la luz y cerró los ojos, pero un frenético golpeteo en la puerta la hizo sentarse de nuevo en la cama. Se levantó y se puso la bata. Entonces, fue corriendo a la puerta para ver de quién se trataba por la mirilla.
Se quedó completamente helada al ver que se trataba de Nick. Dio un paso atrás. Eran casi las dos de la mañana. ¿Qué estaba haciendo él allí? Retiró el pestillo de seguridad y abrió la puerta.
—Hola —dijo él.
— ¿Qué estás haciendo aquí?
—Solo quiero decirte una cosa. Luego me marcharé. Me pareció que no te apetecía mucho lo de la cena de mañana y empecé a pensar que ibas a cancelarla. Sé que las cosas resultan ahora bastante raras entre nosotros.
—Lo sé. ¿Por qué?
—He estado tratando de comprenderlo. Creo que es porque todo ha ocurrido muy rápido. No tuvimos oportunidad de fijarnos en los detalles.
—Tal vez se trate de eso. Es decir, es cierto que empezamos por el final y que luego tratamos de regresar al principio. Eso no funciona.
—Tampoco se pueden aprender los detalles por teléfono. Para eso, hay que estar con la persona con la que hablas. Sin embargo, no es eso lo que he venido a decirte.
—No importa. No necesito que tú…
—Espera. Déjame que te diga una cosa. Luego podrás tú hablar. ¿Puedo entrar? —le preguntó tras mirar por encima del hombro—. No creo que debiéramos hablar de este tipo de cosas en el pasillo.
Miley dio un paso atrás y le franqueó la entrada. Nick entró en la habitación. Se detuvo para mirarla un instante y luego comenzó a pasear por la habitación.
—Dame un segundo mientras ordeno mis pensamientos.
Miley se sentó a los pies de la cama y lo observó.
—Es una coincidencia que tú también estés aquí —dijo.
—Sí —respondió. Entonces, tomó una caja que tenía sobre la mesilla de noche—. Ayer me fui de compras a una tienda de antigüedades y encontré esto. Pensé en enviártelo por correo para Navidad, pero, dado que estás aquí, te lo puedo dar en persona —añadió. Le entregó la caja—. Adelante. Ábrela.

jueves, 21 de julio de 2011

"Tórridas Fantasías" Cap 33





Miley levantó bruscamente la mirada y contuvo el aliento.
—Hola —murmuró con un gesto de incredulidad en su hermoso rostro—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—He venido a Londres por negocios. He visto el cartel y he entrado. Resulta extraño que nos volvamos a ver en Londres.
—Lo sé… Ha pasado bastante tiempo.
—Así es. Bueno, ¿cómo has podido llegar aquí? Debes de haber superado tu miedo a volar.
—Estoy trabajando en ello. Me imaginé que ya iba siendo hora de dejar mis miedos atrás. Aún me pongo algo nerviosa al despegar, pero luego me calmo.
—Escucha, sé que ahora estás muy ocupada. Sólo quería verte y decirte hola.
—Hola —murmuró ella con una sonrisa en los labios.
—Hola —replicó él. Miró a sus espaldas para ver cuánta gente estaba esperando—. ¿Te gustaría tomarte conmigo una taza de café cuando hayas terminado.
—Sí. ¿Dónde?
—Hay una cafetería un poco más abajo, saliendo a la izquierda. Me reuniré allí contigo cuando termines.
—Es una cita —dijo ella.
—Así es. Nuestra segunda cita.
Miley asintió.
Nick lentamente se retiró de la mesa andando de espaldas, sin poder apartar la mirada de ella. Se había olvidado de lo fácil que era perderse en aquellos hermosos ojos verdes. Podía ver todo lo que ella sentía reflejado allí y resultaba evidente que aún existía una abrumadora atracción entre ellos.
Nick sonrió y salió de la librería. Se arrebujó bien con la chaqueta para protegerse de la humedad y del frío. Se sentía muy contento. Estaba seguro de que, cuando terminara aquella noche, habría recuperado a Miley.
Se suponía que debía terminar de firmar sus libros a las nueve, pero ella no llegó a la cafetería hasta casi las diez. Nick estaba hojeando el periódico cuando ella llegó a la mesa.
—Lo siento. Había mucha gente y yo no podía permitir que se fueran sin su autógrafo.
Nick se levantó y la ayudó a quitarse el abrigo. Durante un breve instante, detuvo las manos sobre los hombros de Miley, gozando con la calidez que emanaba de ellos. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que la tocó que se había olvidado del profundo efecto que tenía sobre él.
Cuando se sentó frente a ella, vio que ella estaba observando con gesto nervioso el menú. Se acercó un camarero y Miley pidió un café con leche. Nick pidió otro café.
Empezaron a hablar sobre el libro de ella y sobre la nueva película de él. Evitaron toda mención de lo ocurrido en los Hampton. Para un observador casual, seguramente parecerían unos buenos amigos, no amantes.
Nick comenzó a cansarse de la conversación cortes. Extendió la mano sobre la mesa y le agarró la mano. Miley se sobresaltó, como si el contacto le hubiera producido una descarga eléctrica por todo el cuerpo.
— ¿Vamos a hablar de lo que es verdaderamente importante? —le preguntó—. ¿O acaso vamos a seguir ignorando el tema?
Miley centró la atención en su café.
—No sé qué decir. Supongo que las cosas no salieron tal y como lo habíamos planeado.
— ¿Por qué dejamos de hablar, Miley?
—Simplemente parecía más fácil. Todas las conversaciones que teníamos eran las mismas. Tratábamos de encontrar unos días para escaparnos y siempre había excusas y compromisos.
—No se supone que vaya a ser fácil, pero eso no significa que dejemos de intentarlo.
—Lo sé. Eso fue lo que me dijo también Katy. Bueno, creo que debería marcharme. Tengo que levantarme mañana muy temprano para una entrevista.
Resultaba evidente que no quería hablar sobre lo que había ocurrido. Había evitado cuidadosamente la mirada de Nick. De repente, él notó que los ojos se le habían llenado de lágrimas.
— ¿Puedo verte mañana? —preguntó él—. Podríamos salir a cenar. No conozco a nadie en Londres… más que a ti.


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Esta maratón va dedicada a PAULINA...     espero te guste!!!! un beshooo♥


"Tórridas Fantasías" Cap 32





 Seis meses después…



Nick estaba mirando el cartel de la librería, que estaba colocado en medio de las decoraciones navideñas. En aquella fotografía, Miley parecía una mujer diferente. No se parecía en casi nada a la que había conocido el verano anterior. Su belleza era natural, pero, en aquella fotografía, resultaba… demasiado perfecta. No había visto a Miley desde hacía mucho tiempo. ¿Por qué no era posible que hubiera cambiado?
Observó Conventry Street, en la que se encontraba, y por la que los londinenses se dirigían a sus casas bajo el aguanieve. Llevaba en Inglaterra una semana realizando trabajo de producción sobre una nueva película ambientada durante los ataques alemanes de la Segunda Guerra Mundial. Había estado aprovechando el tiempo para absorber el ambiente de la ciudad al tiempo que realizaba su trabajo recorriendo las calles y buscando localizaciones para utilizarlas en la película. Sin embargo, desde que se había enterado que Miley estaba también en la ciudad, no podía concentrarse en nada.
Jamás se había imaginado que su relación terminaría tan silenciosamente. Después de estar sólo unos días separados, Miley le había llamado para decirle que iba a ir a visitarle a Los Ángeles, pero en ese momento, él había aceptado realizar un viaje a Japón para promocionar el estreno en Asia de su última película. Los dos aún estaban decididos a conseguir que su relación funcionara, pero los conflictos de horarios por parte de uno u otro habían conseguido mantenerlos separados durante el resto del verano.
Después de eso, no parecieron capaces de encontrar un momento en el que los dos estuvieran libres. Tal vez se habían mostrado demasiado testarudos. No querían conformarse con un día o con un fin de semana. Habían querido una semana, como les había ocurrido en los Hampton.
A lo largo del primer mes que estuvieron separados, hablaban por teléfono cada día. En Agosto, las llamadas se redujeron a unas pocas veces por semana y los dos terminaron por resignarse ante el hecho de que su relación no iba a ser fácil. Gradualmente, a medida que avanzaba el otoño, consiguieron llamarse una vez cada semana o cada quince días. Cada conversación resultaba más incómoda que la anterior hasta que, por fin. Los dos se dieron cuenta de que lo suyo podría no funcionar nunca.
Aunque no había hablado con Miley desde hacía más de dos meses, Nick había seguido sus progresos en su página web. El libro había llegado a las listas de los más vendidos en Septiembre y la gira de promoción de Miley se había alargado un poco más cuando su libro se publicó en Inglaterra.
En aquel momento, cuando por fin iban a estar en la misma ciudad durante unas cuantas noches, Nick decidió que lo más adecuado sería invitarla a cenar. Había llegado el momento de hablar de lo suyo de una vez por todas. Él no podía dejar que se distanciaran de ese modo. La situación le creaba demasiadas dudas. Necesitaba respuestas y planeaba conseguirlas.
Sabía lo que él sentía. No pasaba ni una sola noche en la que no pensara en Miley antes de quedarse dormido. Por las mañanas, se despertaba preguntándose lo que ella tendría planeado para ese día. No había estado con ninguna otra mujer desde Miley. De hecho, ni siquiera había pensado en otra mujer, ni sexual ni de cualquier otro modo. Miley era la única a la que deseaba.
Abrió la puerta de la librería y entró. Había un pequeño grupo de personas reunidas en la parte trasera de la tienda, pero él decidió evaluar la situación primero. Se dirigió a un pasillo lateral y se puso a examinar los libros distraídamente. Encontró un buen punto de observación cerca de una pequeña zona de lectura. Agarró rápidamente un libro y tomó asiento.
Se colocó el volumen delante del rostro y se asomó por la parte superior. Un instante después, vio a Miley. Estaba sentada detrás de una mesa llena de ejemplares de su libro con un bolígrafo en la mano.
Charlaba amigablemente con cada persona que le entregaba una copia. Sonreía amablemente y firmaba. Dios… No recordaba lo hermosa que era… ni lo que esa belleza podía provocar en él. Sintió que el deseo se apoderaba de él. No quería volverse a marchar sin saber qué terreno pisaba con ella. Sin embargo, no quería que todo terminara allí, en aquella librería.
Se armó de valor al ver que la fila iba disminuyendo. La atención de Miley se centraba en la persona que tenía frente a ella en aquel momento, por lo que no lo vio. Cuando Nick llegó por fin a la mesa, ella agarró un libro y lo abrió sin ni siquiera mirarlo.
—Dedícaselo al esclavo —dijo—. En realidad, mejor al ayudante de esclavo.


"Tórridas Fantasías" Cap 31





—Tienes que ser muy firme con estas personas —dijo Katy—. Está en juego tu imagen. Si no te gusta algo, es mejor que lo digas. Recuerda que eres tú quien manda. Si muestras debilidad, se aprovecharán de ti.
—Entiendo —dijo ella suavemente. Se sacó la tarjeta y la volvió a leer. Había firmado las anteriores tarjetas de otro modo. Era la primera vez que utilizaba la palabra «cariño».
Suspiró. ¿Qué estaba haciendo? Una vez más, estaba creando una fantasía que no existía. Dentro de unas pocas semanas, volvería a verlo y retomarían la relación donde la habían dejado. Exactamente en el mismo lugar. No podía imaginarse que él estaba enamorado de ella y construir un mundo sobre una sencilla palabra. Eso sería un error.
— ¿Qué es esto? —preguntó Katy.
— ¿El qué?
—Esa cara. Dios Santo, Miley. Tienes un aspecto tan… tan triste. Sonríe. Estoy cansada de que te pases el día con la cara larga.
—No me digas cómo debo sentirme —le espetó Miley —. Me he pasado toda la vida negando el hecho de que siento algo. Si quiero estar triste, puedo estar triste.
—Entonces, yo tenía razón. Las flores son de él. Bueno, al menos es muy considerado. Eso tengo que admitirlo.
—Es más que considerado. Es… es maravilloso.
—En ese caso, deberías estar bailando por toda la habitación. En vez de eso, estás pensando en todo lo que puede ir mal. Te estás preocupando sobre la próxima vez que os veáis o sobre si os volveréis a ver.
Katy la conocía demasiado bien.
—No puedo evitarlo.
—Claro que puedes. Puedes empezar a creer que te mereces cosas buenas en la vida, en especial un hombre bueno. Por cierto, le he pedido a mi agente inmobiliario que te empiece a buscar una casa. Sé que has estado ahorrando y, con el dinero del libro, deberías estar en situación de comprar.
 Miley miró fijamente a Katy. Se sentía atónita por aquella afirmación.
—Creía que eso te disgustaría.
—Cariño, no podemos tener a ese hombre entrando y saliendo de mi casa cuando vaya a acostarse contigo. No estaría bien. Además, tú necesitas tu propio espacio, pero quiero asegurarme de que encuentras un lugar bonito y cercano a mí. Por eso, he decidido hacerte un pequeño préstamo —anunció Katy. Al ver que Miley iba a protestar, levantó la mano para impedirle hablar—. Ya hablaremos de esto cuando regreses de promocionar tu libro.
Con esto, Katy se levantó de la silla y se dirigió a la puerta.
— ¿Dónde está en estos momentos?
—En Los Ángeles.
—Tienes dos días antes de empezar con la promoción. Móntate en un avión y ve a verlo.
Katy abrió la puerta y se marchó, dejando a Miley sumida en sus pensamientos.
Katy tenía razón. Nada podía impedirle que pasara sus últimos días de libertad en Los Ángeles con Nick. Aunque odiaba volar, tal vez no lo pasaría tan mal si supiera que viajaba para encontrarse con alguien maravilloso. Agarró el bolso y buscó su teléfono móvil en el interior. Si se marchaba justo después de la entrevista, podría estar en Los Ángeles aquella misma noche. Así tendría dos noches con Nick antes de tener que marcharse otra vez.
Abrió el teléfono y miró la foto que él le había enviado de sí mismo. Resultaba difícil pensar en él como un hombre de carne y hueso cuando lo único que tenía era aquella fotografía y sus recuerdos.
Katy tenía razón. Tenía motivos más que suficientes para mostrarse optimista. Una rápida escapada a Los Ángeles le vendría muy bien para sentirse menos… triste.

miércoles, 20 de julio de 2011

"Tórridas Fantasías" Cap 30





Cerró lentamente el teléfono y respiró profundamente. Se sobrepuso a la tentación de inclinarse sobre ella para besarla y se alejó de la cama. Si la besaba, ella podría despertarse y, si se despertaba, podría no conformarse con sólo un beso. Si eso ocurría, jamás se marcharía.
Se dirigió hacia la puerta y la miró por última vez antes de marcharse.
—Hasta pronto —murmuró.
Mientras se dirigía hacia la puerta, se preguntó cómo sería la próxima vez que se vieran. ¿Seguiría siendo la atracción tan intensa o se habría enfriado? ¿Retomarían la relación donde la habían dejado o tendrían que volver a empezar?
Su taxi ya lo estaba esperando. Al verlo, el conductor salió y le abrió el maletero. Tras meter su equipaje, Nick se volvió para mirar la casa por última vez. Sonrió al recordar el día en el que llegó a ella. Habían cambiado tan pocas cosas en un periodo de tiempo tan breve. Jamás le habría parecido posible.
— ¿Al JFK?
Nick asintió. Se metió en el interior del vehículo y se acomodó sobre el suave asiento de cuero. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Cuando el taxi arrancó y comenzó a alejarse de la casa, él sintió la distancia que lo separaba de Miley casi como un dolor físico. Quiso decirle al conductor que detuviera el coche y regresara. No lo hizo. Decidió que era mejor marcharse. Si su relación iba a durar en el mundo real, tendrían que darle oportunidad de madurar. Si regresaba en aquel momento, las cosas no serían como habían planeado. De eso no le cabía la menor duda. Sin embargo, estaba preparado para los desafíos. Por primera vez en su vida, había encontrado una mujer por la que merecía la pena luchar.

 

—Señorita St. Hope, estamos listos para peinarla y maquillarla. Si es tan amable de acompañarme…
Miley  miró la página de la revista que estaba tratando de leer. La cabeza le daba vueltas con las preguntas y las respuestas que tan cuidadosamente había practicado.
— ¿Señorita St. Hope?
Miley levantó la mirada y vio a la ayudante de producción de Talk to me.
—Lo siento…
Aunque sabía que ahora era la señorita St. Hope, a Miley aún le costaba bastante responder a aquel nombre. Se puso de pie y se pasó las manos por el vestido.
—Katy estaba aquí hace tan sólo un minuto. ¿La ha visto?
—Está en maquillaje charlando con Gail.
Gail era Gail Weatherby, una de las cuatro tertulianas del programa. Gail era la periodista más experimentada de las cuatro y sería la que llevaría las riendas de la entrevista, con intervenciones ocasionales por parte de las otras. La ayudante de producción había repasado muchas de las preguntas con Miley, pero le había advertido que podría haber algunas cuestiones inesperadas.
Ocurriera lo que ocurriera, debía mantener un tono ligero y humorístico en la entrevista y no tomarse en serio ninguna de las preguntas. El problema era que Miley no se sentía con humor en aquellos momentos. Desgraciadamente, se sentía a punto de vomitar el donut que acababa de tomar para desayunar.
— ¿Le parece que este vestido está bien? —le preguntó Miley.
—Oh, es perfecto. El color destaca el de sus ojos. No podía haber elegido nada mejor para aparecer en televisión.
—Yo… yo no lo elegí —dijo ella—. Mi… mi novio lo escogió por mí. Es decir, en realidad es sólo un amigo, aunque tenemos una relación sentimental. No obstante, yo no diría que él es mí…
—Todo va a salir bien. Relájese y sea usted misma.
Ese era precisamente el problema. Esperaban que se relajara y que fuera Destiny St. hope, pero ella no era Destiny St. Hope. La última vez que había sido Miley fue la noche antes de que Nick se marchara a Los Ángeles. Desde entonces, se había ido sintiendo cada vez más como la Miley Cyrus de antaño.
Cuando entró en la sala de maquillaje, vio a Katy relajándose en uno de los sillones mientras peinaban a Gail. Katy había estado en el programa en dos o tres ocasiones y se sentía muy cómoda allí. Ella estaba encandilando a todo el mundo, lo que resultaba sorprendente, dado que poco más de una hora antes, había estado despotricando de las cuatro tertulianas, criticando sus operaciones de cirugía plástica y los amantes que tenían.
—Cariño —gritó Katy—. Le estaba diciendo a Gail que supe que tu libro iba a tener un gran éxito en el momento en el que lo leí. Aunque todas somos mujeres maduras, tenemos nuestras cosillas con el sexo. Ya va siendo hora de que, en el dormitorio, estemos al mismo nivel que nuestras parejas. Por supuesto, esas palabras son de Miley. Precisamente me lo decía ayer mismo, ¿verdad, querida?
Miley jamás había pronunciado aquellas palabras. Si lo hubiera hecho, ciertamente habría sido una persona mucho más interesante.
— ¿Dónde me siento? —preguntó.
Katy se puso de pie.
—Aquí, cielo. Siéntate aquí y charla un rato con Gail. Yo voy a buscar una taza de café.
Miley miró a Gail y sonrió.
—Es una mujer increíble, ¿verdad?
—Tu madrina es una mujer de armas tomar —dijo Gail—. Supongo que debe de ser bastante difícil vivir con ella.
—En realidad, no —mintió. No quería decir nada que se pudiera tergiversar ni que se pudiera sacar cuando estuvieran grabando. Katy le había advertido que tuviera cuidado con Gail porque no tenía reparo alguno a la hora de hacer preguntas comprometidas.
—Katy me ha dicho que has estado saliendo con el director de cine Nick Jonas.
—No estamos saliendo. Sólo somos amigos. Buenos amigos. Creo que a Katy le gusta mucho adornar mi vida amorosa.
—Una vida que seguramente es bastante interesante, considerando el tema de tu libro.
—Vaya, me siento como si ya hubiera comenzado la entrevista.
—Simplemente estoy tratando de ver cómo eres. En ocasiones, estas charlas sacan a relucir detalles muy importantes. ¿Te ayudó Katy con el libro?
—Sí. Me sugirió el tema. Leyó todos los bocetos y se lo envió a su editorial… sin que yo lo supiera. Siempre me ha animado mucho.
—Bueno, cuéntame cómo conociste a Nick Jonas. Mi productora dice que es muy guapo.
—Te juro que sólo somos amigos.
Alguien llamó a la puerta cuando las dos se giraron, vieron que la ayudante de producción estaba allí con un enorme ramo de flores en las manos.
—Acaban de llegar para usted.
—Ponlas ahí —dijo Gail.
—No. Son para Destiny St. Hope —replicó la joven, colocándolas delante de Miley —. Llevan una tarjeta.
Miley sacó la tarjeta de entre las flores. La abrió inmediatamente y la leyó en silencio.
             Mucha suerte, Miley. Con cariño, Nick.
Volvió a guardar la tarjeta y se inclinó sobre las flores para aspirar su aroma. Durante los últimos días, había estado recibiendo pequeños regalos, algunos por correo u otros que simplemente aparecían en su casa de los Hampton. Nick le había enviado un libro sobre los faros de Long Island, una foto de sí mismo sentado junto a la tetera que habían comprado juntos, también una caja de trufas de chocolate y, justo el día anterior, un jersey de los Mets.
Katy volvió a entrar en la sala. Llevaba dos vasos de café en las manos.
—He tenido que enviar a alguien para que me traiga estos cafés… ¡Dios mío! ¡Qué bonitas flores! Gail, ¿acaso tienes un admirador secreto?
—Son de Miley —respondió Gail.
—Son preciosas. Supongo que es otro regalo de Nick, ¿no?
Gail frunció el ceño.
—Creía que habías dicho que erais solo amigos.
—Y así es —le aseguró Miley —. Sólo me las ha enviado para darme suerte.
Gail la miró con escepticismo y asintió.
—Muy bien. Yo tengo que prepararme. Nos veremos en el plató, Miley. Katy, como siempre, ha sido un placer. Llámame algún día para que podamos almorzar juntas. Tengo una subasta benéfica a la que me encantaría que asistieras.
Katy observó cómo peinaban y maquillaban a Miley. No dejó de hacer sugerencias ni de implicarse en una acalorada discusión sobre el color de lápiz de labios que Miley debía llevar. Al final, la maquilladora tuvo que ceder.



martes, 19 de julio de 2011

"Tórridas Fantasías" Cap 29





Con cuidado de no despertar a Nick, se levantó de la cama. Se puso una bata que había sobre el suelo y salió del dormitorio. Fue a buscar su teléfono y lo encontró donde lo había dejado aquella tarde, sobre el mostrador de la cocina.
Lo agarró y se dirigió al salón. Se acurrucó en un sillón y se recogió los pies debajo de la bata. Entonces, marcó el número de Katy.
—Hola, soy yo —dijo.
—Miley, ¿qué hora es allí?
—Es tarde. O tal vez temprano. No estoy segura.
— ¿Va todo bien?
—Sí… sólo quería darte las gracias. A principios de semana no me mostré muy amable contigo y quería que supieras que agradezco mucho todo lo que haces por mí.
—Ahora sí que sé que ocurre algo —dijo Katy.
—No, no. Todo va bien. Por una vez, tus planes han funcionado. Él es maravilloso. Es todo lo que he deseado siempre en un hombre.
—Entonces, ¿por qué pareces tan triste?
—Yo… supongo que no estoy preparada para enfrentarme a la realidad de una relación. Me gustaban más las fantasías. En ellas no ocurre nunca nada malo.
—Miley, el que las cosas se pongan difíciles no significa que todo vaya a desmoronarse. Simplemente tienes que esforzarte un poco más.
— ¿Como lo hicieron mis padres?
—Deja que te diga algo sobre tus padres. Desde el principio, no fueron la pareja perfecta. Yo adoraba a tu madre y ella era mi mejor amiga, la primera persona que conocí cuando me mudé a Los Ángeles. Le dije que no se casara con tu padre, pero ella era muy testaruda y estaba segura de que podría conseguir que él sentara la cabeza. No fue todo malo, Miley.
—Tú has olvidado. Yo lo viví todo.
—Ese matrimonio tuvo una cosa muy buena. Te tuvieron a ti. Por lo tanto, no podemos decir que su unión fuera un fracaso absoluto.
— ¿Estuvieron alguna vez enamorados?
—Por supuesto, pero tu madre era joven y muy idealista. Tu padre estaba acostumbrado a tener a todas las mujeres que quería. Tú no tienes que cometer los mismos errores. Aquélla fue su vida. Tú necesitas vivir la tuya propia.
— ¿Cuándo vas a venir aquí?
—Dentro de unos pocos días.
— ¿Podrías venir pronto? Esta misma noche. Yo podría recogerte en el aeropuerto. Aquí todo está listo. Me gustaría pasar unos días contigo antes de empezar con la promoción de mi libro.
—Yo podría ayudarte a prepararte para tu aparición en televisión.
—Te lo agradecería mucho. Bueno, ahora te dejo. Llámame y dime cuál es tu número de vuelo.
—Dile lo que sientes, Miley. No dejes que se marche sin saberlo.
—Yo no sé lo que siento.
—Claro que lo sabes. Simplemente tienes miedo a admitirlo.
Se produjo una pausa entre ellas.
—Te quiero mucho, Katy. Creo que nunca te he dicho lo agradecida que te estoy por todo lo que has hecho por mí a lo largo de los años. Tú eres la madre que yo debería haber tenido.
—Yo también te quiero, Miley. Que duermas bien…
Cuando colgó el teléfono, Miley cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Entonces, las lágrimas comenzaron a correrle por las mejillas. Se las secó rápidamente para tratar de controlar sus sentimientos. Al final, decidió que era mejor dejarse llevar por el llanto. Llorar por todo lo que le había hecho daño a lo largo de los años. Cuando terminó, se sintió completamente agotada.
Se volvió a meter de nuevo en la cama con Nick. Pensó que podría dormir un poco más, pero, al verlo, le acarició el hermoso rostro con una mano y lo besó. Él se despertó lentamente. De inmediato, se percató de que ella estaba completamente desnuda a su lado.
Le deslizó la mano por la cintura y la estrechó contra su cuerpo. Sin mediar palabra, le devolvió el beso. Miley cerró los ojos y se dejó flotar en la oleada de deseo que la envolvía. Las manos de Nick exploraron su cuerpo y la boca comenzó a estimular lugares que sólo él conocía.
—Hazme el amor —murmuró ella—. Hazme el amor…
Cuando Nick la penetró, Miley se sintió plena. Su vida estaba al lado de aquel hombre. ¿Sería valiente y se aferraría a la felicidad que había encontrado o dejaría que su miedo a verse abandonada destruyera toda posibilidad de una vida junto a Nick?

* * *

Él no necesitó reloj para despertarse. No había logrado conciliar el sueño desde que Miley lo despertó con sus besos. Le había hecho el amor, tratando desesperadamente de huir de lo que ambos sabían que les esperaba.
Tenía su equipaje preparado, esperándolo junto a la puerta principal. Su taxi iba a venir a recogerlo en pocos minutos. Se había pasado la última media hora tratando de decidir si despertar a Miley para despedirse de ella o dejar que durmiera. No estaba seguro de lo que debía esperar de ella.
Deseaba que ella llorara y le suplicara que se quedara, que le confesara los sentimientos que albergaba hacia él. Sabía que si ella reaccionaba así, se sentiría perdido. Si por el contrario se limitaba a besarlo y decirle adiós, el dolor sería aún más insoportable.
Desde el principio, los dos habían fingido que lo que compartían era simplemente un deseo físico, sin sentimientos. Sin embargo, no se podía negar que él le había tomado a Miley mucho cariño. Más que eso. Aunque no supiera lo que era el amor, diría que se parecía bastante a lo que él sentía.
Habían pasado seis días juntos. ¿Cómo iba a ser eso tiempo suficiente para enamorarse? Aunque las películas siempre habían popularizado el amor a primera vista, Nick no creía que existiera. El amor llevaba tiempo, esfuerzo, era un sentimiento que había que alimentar.
Al menos, habían hablado del futuro. Se volverían a ver al cabo de tres semanas. Tal vez después de pasar un tiempo separado de ella, podría manejar mejor sus sentimientos. Quería estar completamente seguro antes de decir nada.
Le dio un beso en la frente y se levantó de la cama. Comenzó a vestirse. Las primeras luces de la mañana comenzaron a iluminar la habitación. Miró de nuevo el reloj, contando mentalmente los minutos que faltaban para marcharse. Se miró en el espejo que había encima de la cómoda y se peinó el cabello con los dedos. Cuando encontró los zapatos, supo que por fin estaba listo. Sin embargo, decidió que le dejaría a Miley una nota, algo que le demostrara que había estado pensando en ella. Miró a su alrededor para tratar de encontrar un trozo de papel. Encontró un bloc de notas que había debajo de una revista, al lado de la cama. Cuando lo tomó, se dio cuenta de que no era un bloc, sino un manuscrito. Se acercó a la ventana para leer la primera página. Después, hizo lo mismo con la segunda y la tercera.
Aunque aquel extracto pertenecía a la parte central de un libro, Nick se sintió cautivado por el estilo. Miley estaba describiendo un sencillo corte de pelo para un niño en un elegante y moderno salón de belleza de Hollywood. Los personajes eran profundamente egoístas y el niño que narraba la historia poseía un malvado ingenio.
Quería llevarse aquellas páginas, pero Miley se había negado a dejarle leer lo que había escrito. Oponerse a sus deseos sería una traición que Miley no le perdonaría jamás.
Regresó a la cama para dejar los papeles. Entonces, sacó su teléfono móvil y marcó el número de Miley. Oyó que el teléfono comenzaba a sonar en alguna parte de la casa. Cuando saltó el buzón de voz, comenzó a hablar suavemente.
—Hola —dijo—. Ha llegado el momento de marcharme y estoy aquí, junto a la cama, mirándote y preguntándome qué diablos estoy haciendo. Quiero volver a meterme en la cama contigo y quedarme aquí otra semana, pero tengo asuntos de los que ocuparme, al igual que tú. Por eso, en vez de despertarte, me voy a marchar ahora mismo. Quiero que sepas que estoy pensando en ti y en lo afortunado que he sido por haberte conocido en ese avión. Te llamaré muy pronto. Cuídate, Miley.