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domingo, 26 de junio de 2011

"My Sinned Sweet" Cap 15 Fin





Él le dedicó una mirada breve antes de guardar unas camisetas.
—No queda nada aquí por lo que quiera quedarme.
Le dolieron sus palabras, porque sabía que se refería a ella, a ellos.
Tragó saliva, tratando de contener al mismo tiempo sus miedos.
— ¿Y si te dijera que deberías quedarte por nosotros?
Fue al cuarto de baño y salió unos segundos más tarde con su neceser.
—Ahí afuera me dio la impresión de que no existía ningún «nosotros».
Se movía tan deprisa, que la mareaba.
—Para, Nick. Por favor —algo en su voz debió de llegar hasta él, porque al final se detuvo junto a la cama—. Cuando acepté tener nuestra aventura el fin de semana, jamás pensé que sería algo más que físico. A cambio, me ha hecho comprender lo que falta en mi vida.
Él cruzó los brazos y enarcó una ceja.
— ¿Y qué es?
—Diversión. Risa. Espontaneidad —una sonrisa vaciló en sus labios—. Y todo gracias a ti.
Nick se encogió de hombros.
— ¿Para qué están los amigos? —comentó con sarcasmo.
Tenía toda la razón en estar frustrado con ella, pero luchó por continuar ante semejante oposición.
—Lo que estoy a punto de decir no es fácil para mí, pero espero que me oigas —interpretó la quietud y el silencio que mostró como una buena señal—. Ya sabes cómo fue mi infancia, y algunos miedos tardan más que otros en morir. Es como si hubiera sido programada para ser responsable y práctica, porque mi padre jamás fue esas cosas.
—Eso es comprensible —comentó, ablandándose un poco.
Ella se humedeció el labio inferior.
—Y luego está el hecho de que eres tres años mayor que yo.
Él descruzó los brazos y dejó que colgaran a los lados.
—No es más que un número, Miley.
—Tienes razón —asintió. Ni una sola vez lo había considerado inmaduro—. Luego está el tema de que gastas el dinero de forma que yo no puedo entender por cómo soy y cómo crecí.
—No soy como tu padre, Miley—respondió con firmeza—. Yo invierto mi dinero y tengo bastante. Quiero más de lo que tengo en la vida, pero no me refiero a cosas materiales. Esas cosas tangibles no son importantes para mí —se acercó a ella y le acarició los brazos—. Quiero una relación que no se base en una mujer que me quiera por mi dinero o lo que pueda brindarle. Te quiero a ti, porque eres todo lo que siempre he querido en una mujer y más.
¿Podía ser realmente tan afortunada? Al parecer, así era, y ya no pensaba cuestionar más el destino o a Cupido.
—De acuerdo —susurró.
Él frunció el ceño, inseguro.
— ¿De acuerdo?
—Puedes tenerme, como quieras —le gustó cómo sonó—. Pero sé paciente conmigo, porque tengo muchas inseguridades que superar.
—Lo sé —sonrió, exhibiendo su hoyuelo —. Pero no pasa nada, porque te amo, Miley Cyrus. Tal como eres.
El corazón de ella pareció darle un vuelco y se dejó llevar con la increíble sensación cálida que brotó de su interior.
—Yo también me estoy enamorando de ti.
Nick la besó, larga, ardiente y profundamente, proyectando una emoción y una sensación de seguridad que mitigaron los miedos de Miley.
Cuando el beso concluyó, estaba sin aliento y excitada.
— ¿Te das cuenta de que es San Valentín? —le sonrió.
—Mmmm —musitó él, empujándola hacia atrás hasta que cayeron sobre la cama y quedó tendido encima de ella—. Supongo que eso significa que tendré que comprarte un kilo de chocolate de Dulce Pecado, ¿no?
—Tengo todo el chocolate que necesito —alzó la mano y le mostro la mitad del corazón envuelto en celofán azul que aún sostenía en la mano—. Y tengo tu corazón.
—Eso es cierto —convino.
Al mirar el chocolate, Miley comprendió que no eran tan opuestos, después de todo. Igual que el corazón de chocolate que lo había iniciado todo, Nick era su otra mitad. Su espíritu afín. El hombre con el que estaba predestinada a pasar su vida.
Y era justo lo que planeaba hacer.



"My Sinned Sweet" Cap 14




Aunque estaba completa y absolutamente saciada, Miley no podía dormir. Ahí estaba, después de haber hecho el amor dos veces, con los ojos como platos.
De pronto, se sintió enjaulada e inquieta.
Necesitaba espacio y aire para respirar que no incluyera la fragancia de Nick.
Con cautela, se levantó de la cama. Se puso una camiseta de él que recogió del suelo y fue en silencio al salón. Con las luces apagadas, se plantó ante el ventanal que ofrecía una hermosa vista de Crystal Lake. La luna titilando sobre el agua le recordó la noche anterior, cuando Nick la había llevado a dar una vuelta en moto.
Sonrió al recordar lo estimulante que había sido y la atención que él le había prestado al hablar de su pasado. Así como su lado más pragmático y sensato le decía que el tiempo pasado juntos no era más que una breve aventura, una parte nueva y caprichosa de ella se preguntaba sobre la posibilidad de más.
Movió la cabeza ante esa tontería y fue a buscar agua a la mini nevera. Pero al abrir la puerta no fueron las botellas de agua mineral las que captaron su atención, sino una mitad de corazón envuelto en celofán azul que reconoció de Dulce Pecado.
Por el celofán arrugado, era obvio que Nick lo había abierto para leer su mensaje secreto antes de volver a taparlo sin comerlo. Curiosa, tomó el corazón y sacó el trozo de papel metido en el interior. Leyó el mensaje mecanografiado:
Los opuestos se atraen.
Sé atrevida. Sé espontánea.
¡Ve por ello!
Con un nudo en el estómago, leyó y releyó las palabras familiares que le habían dado valor para lanzarse a una aventura con Nick, incapaz de creer que hubiera recibido el mismo mensaje que ella. Se preguntó cuáles eran las probabilidades de que Nick y ella terminaran con mensajes idénticos y corazones a juego.
Sabía que muy escasas.
Pensó en todas las veces que sutilmente él había empleado esas mismas palabras con ella. Podría haber sido una coincidencia, pero su instinto femenino le decía que había algo más que el destino en juego. Empezaba a sospechar que Nick había aprovechado la oportunidad que se le había presentado. Aunque tampoco podía culparlo por lo sucedido entre ellos, dada la celeridad con que ella se había subido al tren de la aventura.
Pero descubrir la verdad de cómo la había manipulado le devolvía la perspectiva adecuada a toda la situación. Como que la relación era efímera y que él no había hecho ninguna promesa de algo más. Seguía siendo un hombre mayor que ella, seguía dedicado a los videojuegos para ganarse la vida y era demasiado frívolo en el modo en que gastaba su dinero.
Entonces, en esencia, poco había cambiado en los últimos tres días, a menos que contara su demasiado entregado corazón.
—Eh, ¿te encuentras bien?
El sonido de la voz somnolienta de Nick la sacó de su ensimismamiento. Se volvió, con la mitad del corazón de chocolate en una mano y el mensaje en la otra. Sólo llevaba puestos unos calzoncillos y el cuerpo magnífico que tenía delante amenazó su sensatez y determinación para manejar esa situación.
—Vine a buscar una botella de agua, pero encontré esto —con serenidad alzó las pruebas descubiertas—. Tienes el mensaje que hace juego con la mitad de mi corazón de chocolate. Pero ya lo sabías, ¿no?
La miró con resignación en los ojos.
—Lo sospechaba, sí.
Lo respetó por su sinceridad y honestidad, aunque el corazón le doliera más de lo que era capaz de recordar.
—Bueno, nuestra aventura del fin de semana fue divertida mientras duró, ¿verdad?
Nick fue consciente del hecho de que Miley empezaba a alzar uno de sus muros.
—Miley… no tiene por qué terminar.
—Claro que sí —rió, aunque le sonó frágil a sus oídos—. Somos dos personas diferentes que llevamos unas vidas muy diferentes. Una cosa es el sexo, pero una relación de verdad requiere tiempo y trabajo entre dos personas con los mismos objetivos.
Comprendió que sus inseguridades empezaban a manifestarse, lo que había activado su mecanismo de protección.
—Nuestros objetivos son muy similares, Miley, si te permites dejar atrás todo por lo que tu padre te hizo pasar.
Ella se puso rígida, pero no trató de defenderse. Confiar en que un hombre cuidara de ella, en que le proporcionara la clase de seguridad y estabilidad que necesitaba en la vida, no le resultaba fácil.
Nick suspiró, sabiendo que se enfrentaba a algo muy complicado.
—Escucha, sé que todo ha ido muy deprisa, pero hace mucho que te deseo. Para mí, este fin de semana ha sido real y quiero que dure. Y no hay motivo para que no lo haga. Tu hermana es adulta y acaba de casarse, tiene una vida propia —adrede tocó uno de sus puntos más vulnerables, porque necesitaba que encarara lo que la esperaba en el futuro—. Has realizado un trabajo magnífico con Ashley, pero es hora de dejarla ir y tener una vida propia. Para variar, deja que alguien cuide de ti.
«Deja que sea esa persona para ti», le transmitió con la mirada.
Ella alzo el mentón y cerró los dedos sobre la tira de papel que sostenía. La nota que los había unido… y que estaba a punto de separarlos.
—Puedo arreglarme bien sola —repuso a la defensiva.
—Pero estar sola no te mantiene abrigada por la noche, ¿verdad?
Ella no respondió.
Se pregunto qué había pasado con la mujer vibrante con la que había estado durante los últimos tres días. Esa mujer que se había mostrado atrevida y corrido riesgos y disfrutado. Ya no estaba. Había vuelto a ser alguien que creía que debía tener el control de sus emociones y actos.
De algún modo, logró contener su frustración.
—Nos marcharemos de aquí como amigos, tal como pediste, pero quiero que sepas algo —suponiendo que no tenía nada que perder, mostró todas sus cartas—. Me estoy enamorando de ti, Miley. Y no tiene nada que ver con el sexo y el deseo, y todo con quién tú eres. Eres auténtica, leal y cariñosa, cualidades que hacen que te quiera tanto como lo hago. Pero nada de eso importa si no estás dispuesta a encontrarte a mitad de camino conmigo.
Ella lo miraba conmocionada, y como no parecía inclinada a responder a nada de lo que él había dicho, supo que era el fin. Para ellos y para lo que habría podido ser.
Con el corazón atribulado, Nick dio media vuelta y regresó al dormitorio, dejándola sola en el salón. Tal como ella prefería.


Cuando se cerró la puerta del dormitorio detrás de Nick, Miley respiró hondo y se sintió aturdida por el reconocimiento de él. Cuando al fin su mente se despejó, su primer impulso fue negar lo que él había dicho… pero si algo había aprendido en esos tres días, era que Nick era un hombre de honor. Y lo que era más importante, tenía más integridad que la que alguna vez había poseído su padre.
Tenía dos opciones. Marcharse del hotel con su dignidad, corazón y emociones intactos, o enfrentarse de una vez a los miedos que habían gobernado tantos años de su vida.
Abrió el puño y miró el trozo de papel arrugado. «Atrevida», «espontánea» y «ve por ello» la miraron. Quizá ella había recibido el mismo mensaje por una razón. No quizá tanto por el destino, sino porque su vida, y su coraje, necesitaban ese impulso. Ese empujón.
¿Estaba dispuesta a correr el riesgo de perder a Nick para siempre?
Sorprendentemente, la respuesta fue muy clara y reverberó en su interior con un vibrante «no».
Enderezó los hombros, preparándose para ser más atrevida y espontánea que nunca antes, fue hacia el dormitorio de Nick, abrió la puerta y entró. Lo encontró haciendo la maleta.
— ¿Te marchas? —preguntó, y oyó pánico en su propia voz.



viernes, 24 de junio de 2011

"My Sinned Sweet" Cap 13




El sonido de unas pisadas suaves instó a Nick a alzar la vista del ordenador portátil y vio a Miley salir del dormitorio, somnolienta, satisfecha e increíblemente sexy con la camiseta de algodón que él había llevado antes. La tela suave resaltaba sus pechos plenos y el bajo a mitad de sus muslos le impedía descubrir si llevaba puestas las braguitas.
La idea de que estuviera completamente desnuda debajo le lanzó una descarga de calor a la entrepierna.
No recordaba haber deseado jamás a una mujer tanto como deseaba a Miley… en su cama y en su vida.
Sabía que sólo disponía de ese día y del siguiente para lograr que se diera cuenta de que lo suyo era algo más que una aventura pasajera.
Conteniendo un bostezo, ella se acercó hasta donde él estaba sentado en el sofá.
—Son más de las tres de la mañana —murmuró con voz ronca—. ¿Qué haces levantado a estas horas?
—No podía dormir —de hecho, era un ave nocturna, y era por la noche cuando se le ocurrían las mejores ideas para los juegos de ordenador. Esa noche había estado puliendo el último que había creado—. ¿Qué haces tú levantada a estas horas?
—Desperté y no estabas —se sentó junto a él y acomodó las piernas debajo de su cuerpo. Luego alisó la camiseta sobre sus rodillas—. Como ésta es tu habitación, supuse que no podrías haber ido lejos.
A pesar de la ducha que se habían dado juntos, Miley aun olía a chocolate y sexo estupendo, una deliciosa mezcla que le avivaba el hambre por ella.
— ¿Me echabas de menos? —murmuró contra su oído.
Ella soltó un suspiro y ladeó la cabeza para darle mejor acceso a su cuello.
—Sí.
Sonrió satisfecho.
—Bien —suponía que ese reconocimiento era un pequeño comienzo y sólo esperaba que cuando llegara el domingo, no tuvieran que ponerle fin a la aventura.
De repente ella lo miró con curiosidad.
— ¿Por qué te dedicaste a esto?
—De adolescente pasaba casi todo mi tiempo libre ante un ordenador. Si no estaba con algún videojuego estaba desmontando el disco duro para descubrir cómo funcionaba. Con el tiempo, me puse a crear juegos para ordenador sólo para divertirme, pero mis amigos me pedían copias y se dedicaban a jugar con ellos.
— ¿Y cómo terminaste vendiendo los juegos que creabas? —le preguntó.
—De hecho, fue Lucas quien me animo a enviar uno de mis juegos a una empresa de software que produce todo tipo de juegos para ordenador, y a las pocas semanas me hicieron una oferta muy lucrativa por los derechos exclusivos del programa, que ahora se llama Al filo de la locura —le pasó los dedos por el cabello—. Entonces tenía dieciocho años, y cuando me di cuenta de que podía ganar mucho dinero creando y vendiendo juegos de acción y aventura, me dediqué a ello.
—Suena como el trabajo soñado por un adolescente —comentó con una ligera sonrisa—. Pero ahora que eres mayor, ¿no piensas nunca en conseguir un trabajo de verdad?
—Tengo un trabajo de verdad —indicó—. Me encanta lo que hago y me pagan muy bien por hacerlo.
—Jugar en el ordenador.
Era evidente que no podía pensar en lo que hacía para ganarse la vida como en una carrera. Trató de aclarárselo.
—Primero creo y programo los juegos, lo que representa un trabajo duro y largas horas dedicado a ello. Y me gustan los beneficios adicionales que conlleva mi trabajo. Establezco mi propio horario, y puedo trabajar a cualquier hora del día o de la noche. Y la mejor parte es que soy mi propio jefe. No hay nada mejor que eso.
—Bueno, otro de los beneficios es haber sido votado como el soltero más rico y más deseado de San Francisco.
Él hizo una mueca; odiaba ese título superficial que le habían encasquetado.
—Eso se parece más a una maldición.
La sorpresa iluminó los ojos de ella.
— ¿Salir con las mujeres que te apetece es una maldición?
Él movió la cabeza.
—No, pero descubrir que una mujer sale contigo porque tu cuenta bancaria le resulta más atractiva que tu personalidad sí es una maldición.
—Oh —musitó—. Supongo que eso sería frustrante, pero no todas las mujeres son así.
—Estoy de acuerdo —y ella era prueba de esa afirmación.
Acabada la conversación sobre su trabajo y su dinero, Nick se acercó a ella y le dio algo más placentero en que pensar. Le metió la mano por debajo de la camiseta y no fue el único al temblar cuando descubrió que se hallaba completamente desnuda debajo.
—Deberíamos dormir un poco —dijo ella, aunque no muy convencida, y menos después de dejar que la tumbara sobre el sofá y se acomodara entre sus muslos—. Hemos de levantarnos en unas horas.
—Yo ya estoy levantado —con sonrisa traviesa, le tomó la mano y la apoyó sobre sus calzoncillos de algodón para que cerrara los dedos sobre su erección—. En más sentidos que uno.
Ella rió, y luego gimió cuando Nick deslizó los dedos entre su piel suave y húmeda y la acarició muy lentamente.
Después de aquello, el sueño tardó en llegar.


Desde el otro extremo del elegante salón del Delaford, Miley observó cómo los novios se despedían de familia y amigos. La hermosa ceremonia al aire libre había salido a la perfección. En cuanto a la recepción, había sido una celebración divertida y lujosa que jamás olvidaría.
En ese momento, los novios se iban a disfrutar de la suite nupcial esa noche.
Miley ya había abrazado a Ashley y a Lucas, deseándoles lo mejor. Pero mientras miraba como una radiante Ashley contemplaba a su marido con un amor puro e incondicional, sintió un enorme nudo en la garganta, cuyo resultado fue un choque extraño de felicidad y tristeza.
Agradecía que su hermana hubiera encontrado a un hombre tan maravilloso y entregado, que la adoraba y sin duda cuidaría de ella en todos los sentidos que importaban. Sin embargo, no podía detener el flujo de soledad que ya se asentaba como un nudo frío y duro en su estómago.
—La orquesta toca la última canción —dijo una voz profunda y masculina a su espalda—. Como ya nos hemos despedido de los novios, ¿qué te parece si disfrutamos del último baile antes de que acabe la velada?
Agradecida por la distracción, se volvió y le sonrió a Nick, quien se veía elegante y fantástico en un esmoquin negro con una pajarita roja que hacia juego con su vestido de noche. Habían sido pareja de baile casi toda la noche y como no tenía ganas de subir a su habitación del hotel, aceptó.
—Claro, me encantaría.
La condujo a la pista. Una vez allí, le pasó un brazo por la cintura y alineó sus cuerpos de forma íntima desde el pecho hasta los muslos. Se movieron al ritmo de la música lenta y mientras Nick le acariciaba la cintura con el dedo pulgar ella se permitió relajarse. En ese momento, quería, necesitaba, la intimidad que él le ofrecía para compensar la sensación de vacío que la invadía.
— ¿Estás bien? —preguntó él, mirándola como si tratara de llegar a su alma.
Miley le dedicó una sonrisa veloz y forzada.
—Estoy bien.
—Mentirosa —repuso, divertido—. Vi el modo en que mirabas a tu hermana y a Lucas cuando se despedían. Te cuesta perderla, ¿verdad?
Su primer impulso fue negarlo, mostrarse fuerte y no dejar entrever la más mínima vulnerabilidad. Pero estaba cansada de mantener sus emociones embotelladas en su interior, de ser siempre fuerte, cuando tenía preocupaciones y miedos como todos los demás.
—De acuerdo, reconozco que la separación me produce un poco de ansiedad. Ha sido una parte tan importante en mi vida durante tanto tiempo, que cuesta imaginar cómo será no verla ni hablar con ella a diario.
—No es como si se hubiera ido por completo de tu vida —dijo con gentileza.
—No, pero ahora tiene otra familia, y es como una hija para los padres de Lucas —teniendo en cuenta que Ashley había pasado media vida sin padres, estaba segura de que su hermana gozaría con una familia de verdad.
Nick le acarició la mejilla mientras seguían bailando.
—Miley, tú siempre serás su familia.
Emocionada, se mordió el labio inferior.
—Sólo es… duro —dijo, incapaz de explicarlo.
—No dudo de que lo es —convino con comprensión—. Pero tú eres la hermana de Ashley por sangre, y ése es un lazo que jamás se romperá ni se debilitara.
«Eso espero», pensó mientras la orquesta terminaba de tocar. Espero que  Nick la soltara, pero lo que hizo fue acercar la boca a su oído y susurrar:
— ¿Te quedarás conmigo esta noche?
Creyó oír un deje casi imperceptible de inseguridad en su voz, y comprendió que Nick no daba nada por sentado. Exponía abiertamente su deseo por ella, y realizaba una invitación para que compartiera su cama y otros placeres con él esa noche, sin saber si ella quería lo mismo.
Su respuesta fue muy sencilla. Nick empezaba a convertirse rápidamente en otra debilidad, como los chocolates de Dulce Pecado que habían estado comiendo las dos últimas noches.
No quería estar sola esa noche. No quería pensar en la vida vacía y aburrida que la esperaba de vuelta en casa. Lo que quería por encima de todo era sentir, y Nick conseguía que lo hiciera como nadie en la vida.
Lo miró y sonrió.
—Sí, me quedaré contigo esta noche.


"My Sinned Sweet" Cap 12





En cuanto Nick abrió la puerta de su habitación, Miley experimentó una oleada de anticipación y apretó con fuerza el bote con el chocolate líquido.
Tocó la punta de los pinceles y tembló al imaginar la sensación ligera de esas cerdas suaves deslizándose por su piel desnuda.
—No soy una gran artista, pero si no te importa que sea una aficionada, entonces estoy más que dispuesta a probar.
Él esbozó una sonrisa manifiestamente sexual.
—No creo que la pintura corporal de chocolate requiera que seas una profesional. De hecho, creo que cuanto más descuidado, mejor, porque la mejor parte es limpiarlo todo a lametones.
—Suena divertido.
—Esperaba que lo creyeras así —la tomó de la mano y la metió en la habitación echó el cerrojo a la puerta y luego la llevó al dormitorio.
Los dos sabían lo que querían y ninguno quería perder tiempo con charlas innecesarias.
Nick encendió la luz junto a la cama y luego se quitó la camiseta, tirándola a un lado.
A Miley se le resecó la boca al estudiar otra vez ese cuerpo cincelado y pensó en las diferentes formas que quería de pintarlo. Su torso sólo era un lienzo muy inspirador.
—Yo seré la primera en pintar —jadeó ella.
—Puedes ser la primera, pero quiero que nuestra ropa desaparezca, porque no hará más que estorbar.
Le quitó el frasco y los pinceles de la mano y los dejó en la mesilla, junto con unos preservativos ya preparados para la aventura de la noche. Luego comenzó a desabotonarle la blusa.
Tardaron menos de un minuto en quedarse en ropa interior. Y Miley agradeció esa mínima barrera. Sin ella, tenía la sensación de que esa primera vez juntos habría terminado antes incluso de que hubieran disfrutado de la oportunidad de pintarse. Ya temblaba por las caricias de Nick mientras le quitaba la blusa, el sujetador y los vaqueros.
Para su deleite, era imposible confundir el grado de excitación que tenía Nick. La sólida erección, gruesa y larga, tensaba los escuetos calzoncillos. Se relamió los labios al imaginar esa parte de él cubierta con delicioso chocolate y lo oyó gemir.
Lo miró a la cara, asombrada por la intensidad de su expresión. Era una sensación poderosa saber que sólo una mirada y humedecerse los labios podía encenderlo de esa manera.
Ansiosa por entregarse a las descaradas fantasías que bailaban en su cabeza, apoyó las yemas de los dedos en el torso de él y le dio un leve empujón.
—Túmbate en la cama para mí —pidió con voz ronca.
Obedeció, estirando el cuerpo largo y fibroso en el centro del colchón, y ella no titubeó en seguirlo a la cama y sentarse a horcajadas sobre sus caderas. Nunca antes había sido tan atrevida e impertinente con un hombre, pero el calor y el deseo que nublaban los ojos de Nick, junto con la dura lanza que le presionaba el trasero, la instaron a mostrarse tan desinhibida como le apetecía.
Tomó el bote con pintura de chocolate, abrió la tapa y el embriagador aroma del chocolate avivó un apetito más profundo en su interior. Con una sonrisa, introdujo un pincel en la salsa y juguetonamente lo deslizó por el torso de Nick, trazando líneas irregulares aquí y allí antes de hacerlo remolinear en torno a los pezones.
Nick contuvo el aliento y cerró las manos sobre sus muslos mientras ella continuaba, pintándole el estomago y la bonita cavidad del ombligo. Cuando quedó suficientemente cubierto con chocolate líquido, se inclinó y lo probó con los labios, los dientes y con largos lametones de la lengua, disfrutando del sabor dulce y delicioso de Nick empapado en exquisito chocolate.
—Mmmm —murmuró ella sobre los duros abdominales—. Sabes cien veces mejor que las fresas.
La única respuesta que logró manifestar él fue un gruñido gutural.
Sonriendo, Miley movió la lengua en su ombligo y le mordisqueó la parte baja del abdomen hasta llegar a la cintura elástica de los calzoncillos. Deseándolos fuera del camino, se los bajó por las piernas y los tiró antes de centrar toda la atención en la enhiesta erección.
Hipnotizada por la visión de esa parte de él tan arrebatadoramente masculina, metió un dedo en la salsa de chocolate y rodeó la cabeza del miembro viril con una caricia ligera que hizo que el sexo de Nick se sacudiera sorprendido. Disfrutando de su reacción, sacó más chocolate, lo tomó en la mano empapada y le acarició toda la extensión de la lanza… una, dos veces, antes de bajar la cabeza y tomarlo en la boca para concluir la tarea.
El chocolate jamás había sabido más rico, más erótico y tentador. Y no tenía suficiente.
Se lo introdujo profundamente, disfrutando con el gemido de placer, ronco y bajo, que emitió Nick y el modo en que metía los dedos en su pelo. Lo lamió despacio, lo mordisqueó con delicadeza y lo provocó con movimientos circulares de la lengua que hicieron que levantara las caderas de la cama y tensara todo el cuerpo con la acometida del palpitante orgasmo.
—Aún no —jadeó antes de que ella pudiera lanzarlo al vacío.
Con un movimiento asombrosamente coordinado, se alzó, la empujó sobre el colchón y pasó una pierna sobre sus caderas, de modo que fue él quien en ese momento quedó a horcajadas sobre ella.
Lo miró muda.
—Es mi turno de jugar —sonrió Nick y recogió el bote con chocolate.
En vez de usar uno de los pinceles, metió los dedos en la sustancia pegajosa y le pintó el cuerpo con ellos. Le cubrió los pechos y frotó los dedos pulgares sobre los palpitantes pezones. Bajando, trazó un corazón sobre su estómago y añadió las iniciales «N» y «M», y al llegar a las braguitas, las quitó con eficacia y celeridad hasta dejarla desnuda como él.
Se arrodilló entre las piernas separadas y se dio un festín visual con ella, con una expresión mezcla de adoración y lujuria.
—Estoy impaciente por comerte… —murmuró.
Pero primero la pintó hasta empaparla y, lentamente, comenzó a lamerla desde las rodillas. Se tomó su tiempo, cerciorándose de que limpiaba hasta la última gota. Le mordisqueó la piel con los dientes y usó la lengua cálida y suave para lamer el caos de chocolate que había creado en el interior de los muslos, hasta que finalmente llegó al lugar ultra femenino que aún le quedaba por probar.
Lo hizo en ese momento. Acomodándose entre los muslos, le pasó las piernas sobre sus hombros, bajó la cabeza y cumplió su promesa de devorarla. Volvió a tomarse su tiempo, potenciando la necesidad de Miley hasta cotas casi dolorosas. Ella agarró la manta y arqueó las caderas, suplicándole en silencio con el cuerpo la liberación que él se empeñaba en mantener a distancia.
Al final, con un lametón profundo e íntimo y una profunda penetración de los dedos, le dio el orgasmo por el que se desesperaba. Cayó al vacío y todo el cuerpo le tembló por la increíble fuerza del clímax.
Necesitó un minuto para recobrar los sentidos, y cuando lo hizo, encontró a Nick entre sus muslos, colocándose un preservativo. Esperaba que la penetrara y obtuviera también la liberación, pero en vez de eso, bajó la cabeza y comenzó a lamerle el chocolate de su vientre trémulo.
Subió hasta darse un festín con sus pechos y succionarle los pezones como si fuera un postre que quería devorar y disfrutar.
Cuando terminó de quitarle hasta el último fragmento de chocolate, Miley volvía a temblar y a estar más que lista para tenerlo dentro.
Él se extendió plenamente encima de ella, de modo que su torso quedó sobre los pechos y su erección acunada en la unión de los muslos. Los ojos le ardían de necesidad y con una emoción aún más profunda que disparó el corazón de Miley.
No le dio tiempo a demorarse en lo que había captado en su mirada. Al siguiente instante él la tomó por el pelo y le reclamó la boca en un beso exigente y voraz. Al mismo tiempo, la penetró hasta el fondo, haciendo que sólo pensara en cómo la llenaba. El instinto la llevó a rodearle la cintura con las piernas mientras sus caderas la embestían con un ritmo duro que los lanzó a los dos más allá de todo control.
Otro orgasmo sensacional la recorrió, provocando que los músculos internos se cerraran en torno al miembro de Nick. Gimiendo sobre los labios de ella, éste aceleró los embates y se entregó a su propia e incandescente liberación.
Enterró la cara en la curva de su cuello y Miley sintió el aliento ardiente y húmedo sobre su piel. Tardó más que ella en recuperarse, y con el tiempo se apoyó sobre los antebrazos y la miró, los ojos entornados llenos de una calidez y una ternura que hicieron que ella anhelara esa clase de intimidad de forma asidua.
En sus labios apareció una sonrisa lenta.
—Eres asombrosa, ¿lo sabías?
—Agradezco el cumplido, pero creo que el honor es todo tuyo.
Le besó el cuello y le susurró al oído:
— ¿Qué te parece si convenimos en que los dos somos asombrosos?
Nick no sólo era un amante sobresaliente, sino que lograba sacar lo mejor de ella de formas que había considerado imposibles. Aparte de que la hacía reír más que cualquier otro hombre.
Le sería fácil enamorarse de Nick Jonas, si es que una parte de ella ya no lo había hecho. Esa idea le aterró.




viernes, 27 de mayo de 2011

"My Sinned Sweet" Cap 11




Tras un minuto de silencio, Miley habló.
—Mi madre falleció cuando Ashley tenía dieciséis años y yo diez. Ya fue bastante duro tratar de adaptarme a la muerte de mi madre, a la que siempre teníamos en casa, pero el trabajo de mi padre requería que él viajara a menudo, lo que hacía que estuviera fuera más tiempo que en casa, incluso después de que mi madre muriera.
—No debió de ser fácil para ti o tu hermana.
—No, no lo fue —subió las rodillas y rodeó sus piernas con los brazos, con la vista aún clavada en el agua—. Nuestra vecina de entonces, la señora Sedgewick, se quedaba con nosotras mientras mi padre se hallaba fuera de la ciudad, pero automáticamente Ashley asumí las responsabilidades que mi madre solía tener en casa: cocinaba, limpiaba, hacía la compra, ese tipo de cosas.
—Y cuidar de ti —añadió él, comprendiendo la infancia anormal que había vivido Miley.
—Sí —lo miró a los ojos y sonrió, y en su expresión no hubo ni el más mínimo atisbo de pesar por lo sacrificado durante sus años de adolescente—. Nuestra situación ya era bastante difícil con mi madre muerta y mi padre fuera de la ciudad, y lo último que quería era que Ashley se sintiera insegura, como si no tuviera a nadie en la vida con quien poder contar. Y como mi hermana era en realidad todo lo que tenía.
También él tenía una hermana y sabía lo fuertes que podían ser esos lazos.
—Es muy afortunada de tenerte.
—Somos afortunadas de tenernos la una a la otra —corrigió con énfasis—. En particular desde el momento en que mi padre no aportaba mucho en el campo del apoyo emocional, o incluso en seguridad financiera.
Le sorprendió ese comentario. Sabía que el padre de ellas había fallecido hacía unos años de un ataque al corazón, pero los comentarios de Miley parecían aplicarse a sus vidas antes de que muriera.
—¿Qué quieres decir? —preguntó.
Ella volvió a titubear y Nick esperó en silencio que confiara en él.
—Siempre pensé que mi padre tenía un trabajo con unos ingresos decentes —comenzó finalmente—. Jamás supe cuánto ganaba de verdad, pero vivíamos en una casa agradable en un buen vecindario y mi padre conducía un BMW descapotable. Teníamos un televisor de pantalla grande, una piscina y un jacuzzi en el patio de atrás, y un ordenador de última tecnología, que en su momento costó una fortuna. Cualquier artilugio electrónico nuevo que salía al mercado, debía tenerlo, y no se lo pensaba dos veces en sus ataques de consumo.
Una suave brisa le agitó el cabello.
—En cualquier caso, al morir mi madre, siempre que mi padre debía salir de la ciudad le dejaba dinero para comprar comida y lo que fuera que Ashley y yo necesitáramos para la escuela. Aprendí a ser frugal y ahorradora con lo que me daba, que a menudo apenas alcanzaba, porque odiaba pedirle más y siempre quería cerciorarme de que me ocupaba de las necesidades de Ashley—se encogió de hombros—. Yo nunca necesité mucho.
Ver lo increíblemente generosa que había sido era otro motivo para caer rendido ante esa mujer.
—Lo que no comprendí hasta mucho más adelante fue que mi padre tenía un problema de consumismo, y lo cargaba todo a las tarjetas de crédito, que nunca pagaba. De modo que con el tiempo terminó por acumular una deuda enorme que era casi imposible…
—Lo haría otra vez sin pensármelo dos veces.
—No lo dudo —la suave caricia de sus dedos en la mejilla de ella hizo que girara la cabeza para mirarlo, y entonces le preguntó—: Pero ¿qué me dices de ti, Miley?
Parpadeó confusa.
—¿Qué pasa conmigo?
—ahora que va a casarse y a comenzar una vida propia con Lucas, ¿qué me dices de tu vida?
Era como si supiera lo mucho que le costaba perder a su hermana, aunque no pensaba reconocerlo en voz alta.
—Mi vida es buena.
—¿Tan buena como querrías que fuera?
—Nadie tiene una vida perfecta —repuso con evasivas.
—Cierto —convino—. Pero quizá ya es hora de que pienses en lo que tú quieres, para variar, y vayas por ello.
«Ve por ello». Otra vez esa frase, tentándola a ceder a sus deseos más profundos, que parecían intrínsecamente vinculados a ese hombre. En corazón, cuerpo y alma.
Ese pensamiento aterrador la sacudió por dentro, pero se negó a dejar que sus temores cancelaran lo que tanto había anhelado.
—Durante este momento, por este fin de semana, te deseo —dijo, luego se inclinó, apoyó la mano sobre el fino algodón de la camiseta que cubría el torso de Nick y lo besó.
La boca de él era increíblemente cálida y suave bajo la suya, y cuando poco a poco abrió los labios, fue ella quien ahondó el beso hasta satisfacer lo que buscaba. Las lenguas se tocaron y un nudo de pura necesidad sensual se formó en su estómago y más abajo.
Su limpio olor masculino le llenó los sentidos. Los pechos se le inflamaron, los pezones se le contrajeron y al rato deseó mucho más con todo el cuerpo. Como arrojar la cautela y el recato al viento y hacerle el amor a Nick allí mismo.
Fue él quien al final interrumpió el beso, y luego apoyó la frente contra la suya.
—Se está haciendo tarde —comentó con voz ronca por la excitación—. Deberíamos regresar al hotel.
Ella logró asentir, agradecida de que al menos él pudiera pensar con sensatez. Una cama blanda sería mucho más cómoda que el suelo duro o moverse sobre una roca.
—De acuerdo.
El trayecto de vuelta pareció requerir el doble de tiempo. En cuanto llegaron al hotel, r la dejó en la entrada lateral y fue a aparcar la moto.
Entró sola, Nick reguntándose si sería el fin de la noche, ya que él no había mencionado nada de verla en unos minutos o más tarde.
Evidentemente, respetaba su deseo de mantener la relación discreta y que no los vieran juntos en público.
Sin saber muy bien qué hacer, fue a su habitación y se dirigió al cuarto de baño, quitándose la chaqueta de lana. Sonrió al ver el regalo sin envolver que habían dejado sobre la almohada. Al inspeccionarlo más de cerca, descubrió que era tan tentador como las fresas bañadas en chocolate de la noche anterior.
Alzó el bote de pintura corporal de chocolate de Dulce Pecado y la mente comenzó a darle vueltas con escenarios perversos y eróticos. En la tapa había un lazo rojo que sostenía dos pinceles pequeños, junto con una tarjeta que ponía ¿Te atreves?, escrita con la caligrafía de Nick.
Por una vez en la vida no se lo pensó dos veces, ni analizó la respuesta… simplemente, siguió su instinto y deseos femeninos.
Desde luego que se atrevía.

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Para mi sis Katty... espero te guste!!! un beso Gandothe♥ jajaja



sábado, 14 de mayo de 2011

"My Sinned Sweet" Cap 10




La intención de Nick había sido que todo el placer recayera en Miley, pero entre el orgasmo de ella y el deseo manifiesto que sentía él, había llegado a un punto sin retorno. De modo que ni siquiera intentó contenerse. Se frotó contra ella una última vez y de su pecho salió un gruñido entrecortado a medida que la fricción lo lanzaba al clímax justo detrás de ella.
Al rato, los músculos de Miley se relajaron y su respiración se tornó acompasada. Él se apartó a un lado para que el grueso de su peso no recayera sobre ella, y luego le volvió a bajar la falda y le subió los tirantes del body.
Poco a poco, ella abrió los ojos y lo miró con una expresión atónita y aturdida.
—¿Estás bien? —preguntó Nick.
Ella asintió con un movimiento brusco, bajó otra vez las piernas temblorosas al sofá y se cubrió la cara, lanzando un gemido.
—No puedo creer que tú, que yo, que nosotros…
Él rió entre dientes porque estaba preciosa cuando se agitaba.
—Créelo —con suavidad le apartó las manos y le acarició el mentón con el dedo pulgar—. Y lo último que deberías sentir es bochorno.
—No puedo decir que haya tenido una gran experiencia con estas cosas —reconoció levemente ceñuda—. Y jamás había tenido un orgasmo con la ropa puesta.
—Si te hace sentir algo mejor, yo tampoco —ironizó. Sólo podía imaginar cómo iba a ser cuando estuviera de verdad dentro de ella. Devastador, sin duda.
Pensó en los próximos tres días que tendría con Miley, y entre las actividades nupciales y la ceremonia, quería cerciorarse de disponer del máximo tiempo posible con ella. Y no solo por el sexo que ella creía que era lo único que aportaría esa aventura. Quería disponer de la oportunidad de conocerla de verdad, y al revés.
Sonrió al pensar en la idea y esperó que ella no se mostrara reacia cuando descubriera lo que planeaba, porque iba a demostrar lo aventurera que estaba dispuesta a ser con él.
—Mañana por la noche, después del ensayo de la boda y de la cena, ¿qué te parece si nos escabullimos de aquí y hacemos algo divertido?
Eso despertó su interés.
—¿Qué tienes pensado?
Quería que fuera una sorpresa, pero empezaba a pensar que Miley era una mujer a la que le gustaba estar preparada. De modo que sólo le dio la información que consideró que necesitaría para prepararse para la aventura.
—Lo único que necesitas saber es que has de llevar pantalones y una chaqueta. Yo me ocuparé del resto.
   ¿Qué tal vuestro día en el spa? —le preguntó Lucas a Ashley y a las damas de honor sentadas a la mesa a su alrededor durante la cena.
El ensayo de la ceremonia nupcial había transcurrido sin incidentes y en ese momento los invitados y la familia de Lucas disfrutaban de la cena en el restaurante de cinco estrellas del Delaford, el Winery. Adrede, Miley había ocupado el asiento junto a su hermana y frente a Nick con el fin de ofrecerse distancia. Pero en ese instante comprendía su error. La situaba directamente en el campo de visión de él, lo que terminaba por distraerla demasiado.
De hecho, lo había tenido toda la mañana en su mente, y eso que no habían practicado el sexo, y se hallaba impaciente por descubrir qué era lo que había planeado para los dos esa noche. Se sentía tan embriagada como una adolescente que aguardara con ansiedad su primera cita, y hacía siglos que no experimentaba esa clase de reacción con un hombre. Era una sensación emocionante que abrazaba con todo su corazón.
—Esos tratamientos en el spa deben de haber hecho maravillas —comentó Nick al dejar el tenedor en el plato vacio de la ensalada antes de mirar al otro lado de la mesa—. Desde luego, a Miley se la ve resplandeciente y más relajada que nunca.
Miley estuvo a punto de atragantarse con el agua que bebía.
Sabía que el comentario no tenía nada que ver con el spa y todo con el orgasmo que le había proporcionado la noche anterior. Diablos, prácticamente se estaba regodeando.
Ashley miró primero a su hermana y luego a Nick y sonrió.
—Sí, está resplandeciente, ¿verdad?
Miley dejó el vaso en la mesa y se negó a permitir que él sacudiera su compostura en público.
—Hay algo maravilloso en un largo y placentero masaje. Permite liberar toda clase de tensiones.
—Mmm, puede que tenga que probarlo —indicó Nick con su incorregible sonrisa.
Miley tuvo que contenerse para no soltar una carcajada.
La cena transcurrió con un ritmo agradable, entre conversaciones divertidas entre las damas de honor y los padrinos, carcajadas y demasiados coqueteos entre Nick y ella.
Si alguien los notó, especialmente su hermana, nadie hizo mención de ello. O quizá todos estaban acostumbrados a la atracción que sabían que existía entre ellos y no le prestaron más atención.
La cena concluyó pasadas las diez y todo el mundo siguió su propio camino.
Mientras Miley salía del restaurante con el resto del grupo, Nick se situó al lado de ella y le tocó ligeramente la base de la espalda al tiempo que inclinaba la cabeza.
—Ve a cambiarte y reúnete conmigo abajo, en la entrada lateral del hotel —susurró antes de irse.
Tardó cinco minutos en separarse de su hermana y de las otras damas de honor, y diez minutos adicionales hasta que atravesó las puertas dobles de cristal para salir a la zona lateral del hotel enfundada en unos vaqueros, una blusa de manga larga y una chaqueta de lana.
Nick no estaba allí, aunque unos segundos más tarde, una Harley Davidson negra y plateada se detenía delante de ella, el típico sonido ronco del motor tan llamativo como el hombre que la conducía.
Él le sonrió.
—Sube —le entregó un casco negro idéntico al que llevaba puesto él—. Vamos a dar una vuelta.
Hasta donde llegaban las sorpresas, ésa era una que jamás habría imaginado.
—Bromeas —nunca en la vida había montado en una moto, y la idea de hacerlo le intimidaba—. ¿Por qué no podías haber venido con uno de tus deportivos?
—Porque así es mucho más divertido. Ya lo verás.
Ella movió la cabeza, todavía indecisa.
—Creo que soy demasiado joven para esto.
Él puso los ojos en blanco ante esa excusa tan poco convincente.
—Eres tan joven como te sientas. Vamos, Miley —instó con dulzura—. Sé un poco espontánea y prueba algo nuevo.
«Sé espontánea».
Tuvo la certeza de que su elección de palabras no era más que una coincidencia. Sin embargo, bastaron para darle valor para ser más aventurera que nunca antes en la vida.
Antes de recobrar la sensatez, aceptó el casco, se lo puso y dejó que él le asegurara la correa debajo del mentón. Luego, con la ayuda de Nick, se sentó detrás de él, de modo que sus muslos lo enmarcaron en una posición increíblemente íntima.
—Debes sujetarte con fuerza —le agarró las muñecas, la pegó más contra su espalda y le juntó las manos por debajo de su cazadora de cuero—. Puede que de otro modo se te enfríen los dedos. Esto los mantendrá cálidos.
Miley plantó las palmas de las manos sobre el algodón suave de su camiseta y notó los músculos marcados del abdomen, sintiendo el calor que emanaba de él como si fuera un horno.
Cuando aceleró, todo el cuerpo de Miley vibró junto con la moto. Aunque aún no se habían puesto en marcha, ya podía notar el poderío latente de la máquina.
—Como ésta es mi primera vez, ve despacio y tranquilo —no quería que su primera experiencia fuera algo salvaje—. Preferiría no estar escayolada de cuerpo entero para la boda de mi hermana mañana.
Él rió entre dientes.
—Seré gentil contigo, cariño. Te lo prometo.


Cumplió su palabra. Nunca había sido un conductor temerario ni sentido la necesidad de la velocidad, y esa noche tuvo un cuidado especial. Quería la confianza de Miley. Quería que viera que no era la clase de hombre rebelde y salvaje, ni que corría riesgos innecesarios, tal como sabía que pensaba de él.
Hacia una noche magnífica, fresca pero despejada, y se llevó a Miley en un paseo turístico alrededor del perímetro de Crystal Lake.
Poco a poco, notó cómo ella se relajaba contra su espalda, y las manos que se habían unido alrededor de su estómago perdieron esa rigidez mortal.
Pasado un rato, encontró un rincón a un lado del camino que disponía de una vista perfecta del lago y allí frenó.
—Bien, ¿qué te ha parecido? —le preguntó una vez que desmontaron y se quitaron los cascos y ella se extendió el cabello sedoso con los dedos.
La respuesta vivaz fue justo lo que Nick había estado esperando.
   ¡Ha sido asombroso!
—Bien, me alegro —le ofreció la mano—. Vamos a sentarnos junto al lago.
Sin titubear, ella entrelazó los dedos con los suyos de forma íntima. Fue un gesto sencillo, espontáneo, pero era una de esas pequeñas cosas que Nick apreciaba y disfrutaba, porque parecía una extensión de la fe que Miley tenía en él. O así le gustaba considerarlo.
La condujo por la hierba hasta un grupo de rocas grandes cerca del borde del lago. Se sentó sobre la más grande y la ayudó a acomodarse a su lado.
   ¿Por qué me da la impresión de que no te has divertido mucho ni tenido suficientes aventuras en la vida? —preguntó él.
Lo miró con un centelleo divertido en los ojos.
—No todos podemos permitirnos el tipo de diversión que tú puedes darte.
—No hablo necesariamente de cosas materiales —dijo, bajándose la cremallera de la cazadora para disfrutar del frescor de la noche—. Hace tres años que te conozco y siempre has dado la impresión de ser reservada, completamente opuesta a la personalidad abierta y jovial de tu hermana. Más seria.
—Ashley es también cinco años menor que yo —repuso, como si eso explicara por sí solo las actitudes contrarias.
Nick sabía que también eran tres años los que lo separaban a él de Miley, y se negó a emplear eso como una defensa con su hermana o un modo de distanciarse de él.
—No creo que las diferencias en vuestras personalidades tengan algo que ver con la edad.
Ella adelantó el mentón.
—Que yo sea menor que Ashley tiene que ver todo.
— ¿Por qué, porque te hace mucho más madura? —preguntó, arrastrando la última palabra en un intento de establecer una atmósfera ligera entre ellos.
Ella esbozó una leve sonrisa, pero eso no desterró por completo la incomodidad que transmitía su mirada.
—Digamos que tuve que crecer deprisa.
Pasaban de lo superficial a lo emocional, justo lo que él quería.
—¿Por qué? —preguntó con voz baja.
Ella observó la luz plateada que rebotaba en el agua y él rezó para que no lo aislara en el momento en que al fin había podido escalar una de sus laderas.