domingo, 24 de abril de 2011

"My Sinned Sweet" Cap 4




Había estado tan cautivada con el manjar que no lo había oído entrar. Avergonzada de que le hubiera sorprendido disfrutando de forma tan íntima la fresa bañada en chocolate, pensó que no había manera de evitarlo.
A pesar del rubor que invadió sus mejillas y del modo en que sus pezones se habían contraído ante el sonido de esa voz seductora, giró y miró a Nick, arrebatador con una camiseta, vaqueros y una cazadora negra de piel. Llevaba el pelo negro oscuro revuelto. Debía de haber llevado uno de los varios deportivos descapotables que tenía el hotel para el fin de semana. Los ojos, del color del chocolate que acababa de comer, se veían velados, encendidos y llenos de lujuria… como si de verdad hubiera imaginado que era la fresa y que sus labios habían estado cerrados en torno a él.
Otra descarga de calor se asentó debajo de su vientre mientras se preguntaba cuánto tiempo había estado mirándola lamer la fresa jugosa, al tiempo que se imaginaba un escenario tan provocador.
Él se acercó y clavó la vista en su boca.
—Mmm Parece jugosa. Y muy dulce.
¿Se refería a la fresa o a su boca? Ese hombre era un maestro con las indirectas y no pudo evitar limpiarse con la lengua el labio inferior pegajoso.
—Es muy jugosa y dulce —¿cuándo se había vuelto tan ronca su voz?
Él esbozó una leve sonrisa y en su mejilla izquierda apareció un hoyuelo.
—Quizá yo mismo debería probarla.
El pulso de Miley se disparó, y entre el chocolate que acababa de consumir y los comentarios seductores de Nick, luchó por mantener la compostura.
—Adelante —señaló la bandeja que Zac había dejado en el mostrador—. Hay un montón de donde elegir.
Él alzó la mano y la sorprendió con la caricia cálida y atrevida que realizó con el dedo pulgar sobre su labio inferior.
—No hablaba de las fresas, cariño.
El deseo y la necesidad le causaron un nudo en el estómago. Quería probar… no, devorar… su boca, que parecía electrizada por el contacto. Se sintió tentada de ceder finalmente a la atracción que vibraba entre ellos y dejar que la besara, como ya había fantaseado en secreto en los últimos años.
Tanto que entreabrió los labios y se inclinó hacia él de forma casi imperceptible.
—Bienvenido a Dulce Pecado —saludó Vannesa alegremente a Nick —. ¿Puedo ayudarlo a elegir algo?
Atónita por su comportamiento descarado, de inmediato estableció una distancia respetable con él. Agradeció que la dueña del local hubiera aparecido en ese momento; de lo contrario estaba segura de que habría dejado que Nick hiciera lo que quisiera con ella allí mismo.
Santo cielo. Se preguntó qué diablos le pasaba. Lo achacó al entorno y al chocolate, ya que jamás había actuado con semejante temeridad.
La mirada de Nick la abandonó y se centró en Vannesa, a quien sonrió con absoluta inocencia y encanto.
—Sólo estaba echando un vistazo para ver qué tenía.
Vannesa ladeó la cabeza con curiosidad mientras los estudiaba con ojos especulativos.
—¿Ustedes dos se conocían?
Nick asintió.
—Mi mejor amigo se va a casar con su hermana.
—Ahh, la boda. ¿Y ustedes dos son…?
—Sólo amigos —repuso con rapidez Miley, queriendo dejar bien claro el asunto desde el principio.
Vannesa miró a Nick, quien se encogió de hombros y repitió esa sonrisa cautivadora.
—Lo que ella diga.
Vannesa no pareció convencida, pero abandonó el tema.
—Bueno, sigan mirando lo que quieran. Ya casi tenemos listo su pedido, así que volveré en unos minutos.
—Estupendo —«cuanto antes, mejor», pensó Miley.
Para su alivio, Nick se acercó a la mesa que contenía los corazones de chocolate envueltos. Leyó el cartel que anunciaba la competición para el día de San Valentín, y fue a otra sección de la tienda donde se exponían cajas de golosinas.
Negándose a terminar la fresa, colocó la mitad que quedaba en el pequeño recipiente en que se la habían dado para terminarla después.
—¿Qué te trae por aquí? —preguntó con indiferencia, tratando de no mirar cómo los vaqueros moldeaban su trasero perfecto—. No das la impresión de ser un adicto al chocolate.
Él miró por encima del hombro.
—Desde luego, el chocolate tiene su momento y su lugar. En cuanto te vi comer esa fresa deseé con fervor algo dulce y delicioso.
Los dos sabían que se refería a algo más que al chocolate.
—Pero al ver que se me ha negado ese manjar en particular, tendré que ceñirme al motivo original que me llevó a venir aquí.
— ¿Y cuál era?
Bajo una de las cajas de terciopelo rojo con forma de corazón de la estantería que tenía delante y leyó el contenido.
—He venido a comprar varios regalos para San Valentín.
No uno, sino varios. Lógico en él.
— ¿Y cada una de esas amigas tuyas conoce la existencia de la otra?
Él se volvió con tres cajas de corazones en las manos.
— ¿Amigas? —Preguntó, momentáneamente desconcertado por la pregunta—. Al comprenderlo, en sus ojos bailó un destello de diversión—. Oh, no son para ninguna amiga. Son para mi madre, mi hermana y mi abuela. Siempre les mando chocolates en el día de San Valentín.
El gesto parecía muy dulce, y Miley no supo si creerlo o no.
 Nick dejó las cajas sobre el mostrador.
—Es verdad —dijo al ver el escepticismo en la expresión de ella—. Y para que quede constancia, no tengo ninguna amiga, de modo que si estás interesada…
— ¿Puedo solicitar el puesto? —enarcó las cejas.
—No, no es necesario. La atracción entre nosotros dos es innegable, y ya sé que serías la «amiga» perfecta. En todos los sentidos —le apartó un mechón de pelo que le había caído sobre la mejilla y con gentileza se lo acomodó detrás de la oreja antes de bajar lentamente los dedos por su cuello—. Bien, ¿qué dices, Smile? ¿Quieres ser mi amiga?
Su tono era burlón, pero sus ojos eran muy serios al mirarla. Se sintió hipnotizada y el impulso de decir que sí fue una tentación poderosa y abrumadora. Qué experiencia sentir el efecto pleno de ese deslumbrante atractivo sexual de Nick. Aunque fuera una aventura temporal.
—Aquí tiene sus petits fours —dijo Vannesa al regresar. Se detuvo bruscamente al percibir el modo íntimo en que Nick aún la tocaba—. ¡Oh, perdón! No era mi intención interrumpirlos.
Miley se apartó de Nick y trató de desterrar el hechizo sensual que con tanta facilidad él había urdido a su alrededor.
—No ha interrumpido nada —le aseguró a la mujer. «De hecho, acaba de salvarme de cometer un error colosal».
Sucumbir a un playboy de veinticuatro años no era una opción, no para una mujer de veintiún años.
La situación proyectaba «corazón roto» por los cuatro costados.
Como su hermana había pagado por adelantado el pedido, ya no había razón para que continuara en el local.
—Gracias, Vannesa —aceptó la bolsa que le entregó la otra mujer—. Estoy segura de que los petits fours serán un éxito en el coctel de esta noche.
Se dirigió hacia la puerta.
— ¡Aguarde! —Exclamó Vannesa—. ¡Se olvida la mitad de su corazón rosa!
A pesar del deseo de correr, se detuvo, giró y forzó una sonrisa mientras Vannesa elegía un corazón y luego se lo plantaba en la mano.
Realmente, no quería tener nada que ver con el certamen de Dulce Pecado, pero la cortesía la impulsó a aceptar la golosina.
Luego salió de la tienda, lejos de Nick y de la influencia que estaba ejerciendo sobre su sensatez tanto chocolate embriagador.


3 comentarios:

  1. Awwwwwwwwwwwwwwwwwww
    no me imagino!!
    Qe abria pazado zi Vannessa
    no llegaba hahhaa
    iia no abria hiztoria
    xD
    Eztubo enqantador
    qlaro
    ez
    obvio
    qe
    me
    refiero
    ..........
    al qapitulo
    hhahahahhaha
    Ezpero el proximo
    te cuidaz
    eh!!
    ;)
    xoxoxoxooxo
    xD

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  2. me encantooo
    sube pronto el proximo
    jejeje

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