lunes, 8 de agosto de 2011

"Three weeks in Athena" Cap 8





– ¿Hay algo divertido en Internet hoy?
Miley casi saltó de su asiento al oír la voz masculina. Inspiró hondo antes de armarse de valor y elevar la vista. Debía armarse de valor muchas veces frente aquel hombre. Sonrió ampliamente, pero se detuvo al ver ensombrecerse el rostro de él.
–No... Sólo repasaba el correo electrónico más reciente de Miller Corporation...
Suspiró aliviada porque eso era justamente lo que había estado haciendo antes de perderse en sus pensamientos.
Vio que Nick salía de su despacho y se acercaba a ella y se le disparó el pulso.
–Mentirosa –afirmó él con suavidad.
– ¿Disculpa? –se rebeló ella.
Le vio llegar hasta su escritorio y se contuvo de encogerse cuando la miró intensamente. Se sentía mareada tras días sin apenas mirarse a los ojos.
Él enarcó una ceja.
–Si eso es cierto, dime qué propone Miller que hagamos en la última fase para sellar nuestra fusión.
Miley tenía la mente en blanco. Y entonces una parte suya lejana, más racional y profesional que la que estaba babeando en la silla, volvió a activarse. Milagrosamente, la información acudió a su memoria.
–Sugiere que la última fase se realice en Atenas, dado que es donde las dos empresas se originaron hace un siglo. Quiere que sea un regreso triunfal al país del cual su familia se marchó cuando él era joven, y que Atenas sea el origen y real y simbólico de la más poderosa fusión en la historia del transporte en Grecia.
El silencio contribuyó a la tensa atmósfera que se creó entre ellos.
–Bien. Y asumo que tienes todo en orden para viajar a Atenas durante tres semanas...
Miley parpadeó atónita: no se había ni planteado que asistiría a una operación comercial tan prestigiosa. Se burló de su falta de previsión: por supuesto que debía ir, nadie más que ella tenía acceso a toda la información vital y secreta, tan secreta que había tenido que firmar una cláusula de confidencialidad en su contrato por la que se comprometía a no difundir ninguna información a nadie. Si lo hiciera, se vería despedida al momento y vedada en numerosos círculos.
Comenzó a captar la envergadura de aquella fusión y la importancia del hombre que tenía delante. Y se dio cuenta, mortificada, de que gran parte de su distracción tenía que ver con estar trabajando para alguien que le había llegado tan hondo que ella tenía que dedicar una cantidad ingente de tiempo a negárselo a sí misma. Como estaba haciendo en aquel preciso momento.
Intentó convencerse de que sólo estaba reaccionando al innegable carisma de aquel hombre, igual que le sucedía a mucha gente. Con eso en mente, agarró unos papeles que debía archivar y se puso en pie apretándoselos contra el pecho. Era un intento obvio de poner algo de distancia entre ellos. Nick se irguió y la observó detenidamente. La traicionera pasión volvió a invadirla pero, una vez que ella sabía de dónde provenía, podía actuar sobre su reacción. Elevó la barbilla.
– ¿Algo más?
Él sacudió la cabeza lentamente y esbozó una leve sonrisa. Miley temió desmayarse.
–No, eso es todo por ahora –dijo él encaminándose a su despacho y girándose de pronto–. Y no te olvides del compromiso que tenemos esta noche. Estate preparada para salir a las seis y media. Yo me arreglaré en mi despacho. Tú puedes usar el vestuario.
Y tras decir eso, se metió en su despacho y cerró la puerta tras él.
Miley estuvo a punto de caerse redonda. Había olvidado la recepción de aquella noche. Se reprendió a sí misma al tiempo que se desplomaba sobre su silla. ¿Qué diablos le ocurría? Se olvidaba de la recepción, no preveía que tendría que viajar a Atenas... Estaba distraída. Y en aquel puesto no podía permitirse ese lujo.
¿Cómo se le había olvidado el seco anuncio de unos días antes? Sabía que tendría que acompañar a su jefe a algún acto social, pero no que sería tan pronto. Después de todo, él había tenido bastantes citas después de la honorable Samantha Barks. Aunque tras cada una de ellas se había mostrado taciturno y más irritable que nunca. Secamente, le había encargado que enviara a cada una un carísimo ramo de flores. Al parecer, ninguna se había merecido una joya.


sábado, 6 de agosto de 2011

"Three weeks in Athena" Cap 7





Miley se puso nerviosa su nueva camisa de seda gris. Habitualmente, ella no habría elegido algo así pero, tras la llamada de atención del día anterior, no le había quedado más remedio que comprarse el tipo de uniforme que alguien como Nick Jonas esperaría.
Exhaló dando gracias. Al menos había tenido ropa para cambiarse. No podría haberse presentado ante él empapada como había llegado.
Terminó de abrocharse la camisa apresuradamente y escuchó atenta por si se abría la puerta del despacho. Él estaba a punto de llegar, era más puntual que todos los jefes que había conocido. Seguro que por eso el corazón le latía con tanta fuerza, por el temor a que la encontrara de aquella guisa. Se cepilló el pelo aún húmedo y se lo recogió en un moño. Era lo mejor que podía hacer.
Se puso unos zapatos planos, luego sus gafas, recogió la ropa empapada y, al elevar la vista, se quedó sin aliento. En la rendija de la puerta entreabierta se encontraba su jefe mirándola embobado.
Cuanto tiempo llevaba él allí?, se preguntó Miley llena de ira, vergüenza y algo mucho más inquietante.
Para auto protegerse, se negaba a creer que él la hubiera visto vistiéndose con la gracia de un elefante. Él no se movía. Parecía conmocionado. La mortificación se apoderó de ella. Logró moverse y abrió la puerta de par en par.
–El aguacero me ha empapado. Estaba cambiándome de ropa –musitó para llenar el incómodo silencio.
Pasó junto a Nick, quien se giró y la siguió con la mirada conforme ella se ponía a salvo tras su escritorio sin comprender por qué necesitaba sentirse a salvo.
Cuando reunió el coraje para mirarlo, advirtió que el cabello de él también estaba mojado y su traje levemente húmedo. Lo miró a los ojos y, en un instante, sucedió entre ellos algo eléctrico y ancestral y Miley supo que él la había visto vestirse. Rehuyó la incómoda sensación de alerta en su interior.
–Parece que a ti también te ha sorprendido. ¿Quieres cambiarte antes de marcharnos? –balbuceó–. He avisado a Big Rob para que traiga el coche dentro de quince minutos.
Nick, aparentemente sin importarle la reunión ni su ropa húmeda, se apoyó en el quicio de la puerta y se cruzó de brazos. Recorrió a Miley con la mirada de arriba a abajo y ella se encogió, dudando de si se habría dejado alguna etiqueta puesta. Se contuvo para no comprobarlo.
– ¿Ayer llevabas esa falda a propósito, consciente de lo provocativa que era?
Una mezcla de conmoción, incredulidad y horror invadió a Miley.
–Por supuesto que no. Nunca sería tan...
Le fallaron las palabras y cerró la boca, impotente.
Nick la vio erguirse con el orgullo herido, sorprendida. Sintió el absurdo impulso de disculparse, pero no podía evitar recordar cómo sus muslos habían parecido luchar por liberarse de la falda. Se imaginó subiéndosela mientras ella se apoyaba de espaldas a él y él la inclinaba sobre el escritorio, deslizando la mano hasta subirle aún más la falda y él sacar su... ¿Qué demonios le ocurría?, se reprochó. Su mente no solía generar fantasías sexuales tan explícitas con tan poca provocación.
Se separó de la puerta bruscamente y, con sequedad, recordó a Miley que tuviera preparados todos los papeles para la reunión. Luego entró en el vestuario e inspiró hondo, intentando recuperar el sentido común. En lugar de eso, un aroma femenino de lo más evocador le hizo revivir los últimos momentos, disparándole de nuevo la libido.
Gruñendo de irritación, sacó una camisa limpia de su armario y se dio una ducha fría. No le ayudó mucho.


Miley dio un respingo y se concentró en la pantalla de su ordenador. Nick acababa de colgar el teléfono malhumorado tras contestar una llamada de su hermanastro desde Atenas. Llevaba dos semanas de un humor terrible. Desde aquella mañana y la mención a su falda. ¡Él creía que se la había puesto a propósito! Desde entonces la trataba con sequedad y apenas la miraba.
Miley no dejaba de repetirse que aquélla era una relación laboral habitual. Él era famoso por su trato brusco y serio. ¿Qué esperaba ella, que fuera cálido y amoroso? Se removió inquieta en su asiento. Lo cierto era que le excitaba enormemente, sobre todo cuando se hallaba cerca.


viernes, 5 de agosto de 2011

"Amantes de Ocacion" Cap 152




Miley: eso hare amiga y se que es por mi bien que me lo dices pero es muy pronto no crees?
Demi: si es muy pronto pero la vida se va tan rápido que no quiero que un día te arrepientas de no haber vivido cosas con ellos a tiempo te amo y te dejamos descansar.
Miley: esta bien dile a mi hermanito Joe que entre me muero por abrazarlo. Si quieres quédate Demi.
Demi: no prefiero que esto si lo vivan solos.
Se van todas.

Llegan a la salita. Y están todavía todos.
Tish: como la dejaron?
Emily: muy bien señora
Tay: un favor nos dijo Miley que agarraramos su chequera y se la trajéramos para hacernos unos cheques.
Tish: para que?
Demi: quiere que le demos a Cloe una sana sepultura y que le hagamos una misa por su eterno descanso dice que seguramente nadie se ha ocupado de eso y no cree que alguien reclame su cuerpo y seguramente los de la prensa ya están echando leña del árbol caído pero dice que a ella nunca se le va a olvidar que gracias a ella tiene a Nick vivo, así que eso nos pidió que hiciéramos.
Danielle: que cuñada tengo caray y este bruto que no se da cuenta de la gran mujer que tiene (y le da un manazo a Nick)
Sra Denisse: de eso debí encargarme yo o recordarlo no mi nuera soy una lenta.
Demi: Miley dice que un día nos contara la historia de esa hermosa mujer de la reina de las pasarelas que en su interior vivía su propio infierno. Y nadie por egoísmo o por solo usarla o por idolatrarla por lo bella que era no se dio cuenta que esa mujer necesitaba ayudaba urgente que era un mujer que pedía al mundo ayuda y nadie se la brindo por que estamos en una jungla que cada quien se rasca con sus propias uñas.
Danielle: es que nadie se puede imaginar cuando solo tratas a las personas superficialmente o la idolatras por hermosa ella realmente nos hacia creer a todos que era la mujer perfecta la mas deseada por todos los hombres. Si ella la hubiera conocido en otras circunstancia no se hubiera dado cuenta pero la ruptura con mi hermano fue el detonante para sacar a flote su locura. Y eso es lo que conoció Miley pero para las que la conocíamos de años nunca vimos nada las entrevista todo estaba bien.
Nick: aunque las revistas digan misa nunca me he sentido un símbolo sexual para que una mujer se obsesionara así por mí.
Tay: pregúntenos a nosotras si no lo consideramos un símbolo sexual, wow si desde que entramos a trabajar a su fábrica no hacíamos otra cosa que leer revista de usted videos de usted y hablar de su vida amorosa. Miley siempre se iba cuando sacábamos las revistas decía ya van a empezar a hablar de esas tonterías que perdedera de tiempo hablar de ese tipo sin otro oficio que colectar mujeres en su lista eso no es una hazaña chicas eso es un deporte que practica ese tipo, es su hobby y era tanto así que ni siquiera veía sus fotos o sea ella simplemente no le daba la ganas de conocerlo ni en fotos según ella que todos tienen el mismo estereotipo.
Debby: y para burlarse la vida de nosotras (se ríe) miren quien lo tiene la que según ella ese tipo le daba flojera.
Don Carlos: el destino es más fuerte que todo yo sin saber que tenía una nieta mi mayor ilusión era tenerla para casarla con este muchachote y ahora la tengo pero quien sabe que pasara es tan orgullosa y digna esta nieta mía.
Billy: tu copia papa de que te quejas le heredaste tus genes.
Demi: no me digan que eso se hereda? Avisen con tiempo a la otra.
Joe: va a salir tan guapo como el papa o tan guapa como la mama no se sabe pero de que en los genes llevan cosas de los abuelos no hay duda.
Demi: ni modo es el precio que tengo que pagar de tener una copia de Don Carlos por tal de seguir gozándote a ti mi cielo.
Don Carlos: (solo la mira) mire jovencita.
Demi: ya no se enoje Don Carlos sabe que lo quiero mucho aunque sea un Don gruñón.
Don Carlos solo le toca la cara a Demi.
Demi: mi amor tu hermana te quiere ver.
Joe: vaya al fin vienes conmigo mi amor?
Demi: no ese momento vívanlo a solas no todos los días te encuentras a una hermana. Ve mi amor con ella (le da un beso en la boca)
Joe se va con su hermana.

Demi: no se pongan tristes (les dice a Billy y a Don Carlos) yo los voy ayudar a que se la ganen mas pronto.
Sra Denisse: vámonos chicas en la limusina para arreglar lo de Cloe.
Tay: nosotras en una limusina por dios me voy a sentir famosa!!
Emily: yo me voy a sentir la novia de algun famoso!!
Sra Denisse: están locas ya vámonos.
Danielle: yo voy, cuando regrese entro a ver a Miley.
Tay: (solo tuerce la boca) que pesada es (le dice a Vanessa) es que no la soportooooooooooo.
Vanessa: deja ya la antipatía con ella.
Emily: no se por que te cae tan mal si es a todo dar.
Tay mejor ni les contesta pobre pero le cae mal y punto.

Joe entra a la habitacion de Miley y la abraza la besa.
Miley: (no lo quiere soltar por nada del mundo le dice) saber que tengo ya en quien apoyarme es maravilloso.
Joe: siempre voy a estar ahí para ti y para mi hermanita recupérate pronto por que ya me esta queriendo mas a mi que a ti.
Miley: no es cierto tiene corazón para amarnos a los dos igual.
Joe: sabes que me dice te quiero mucho pero a ella mas a estado mas tiempo conmigo que tu pero te prometo llegar a quererte igual que a ella.
Miley: (llora) mi hermana preciosa es mi vida esa niña.
Joe: es un amor yo ya la amo mucho igual que a ti.
Miley: te quiero hermano con razón me caíste tan bien te adoro (y lo vuelve e abrazar y a besar)
Joe: que pasa con Jonas?
Miley: nada hermanito lo amo es mi hombre que mas?
Joe: le hablo?
Miley: si háblale quiero darle muchos besos más.
Joe: ey cuidado con usar el hospital como hotel.
Miley: no somos Demi y Joe.
Joe: amo a tu amiga del alma con todo mi corazón. Me va a ser papa como ves?
Miley: muy bien y mas te vale que la ames y la hagas muy feliz no creas que por que eres mi hermano te voy a dar siempre la razón a ti, nada que ver hasta con hermanos soy feminista esta claro?
Joe: clarísimo.







"Three weeks in Athena" Cap 6






A la mañana siguiente, Miley caminaba de la parada del autobús al trabajo, todavía avergonzada. Llevaba una pequeña maleta con una muda y un cambio de ropa. El día anterior le habían comentado de Recursos Humanos que debía replantearse su manera de vestir y tener siempre en la oficina ropa para cambiarse si surgía una emergencia. «Como faldas demasiado ajustadas, por ejemplo», pensó ella irritada. El hecho de que su jefe hubiera encargado a alguien que se lo dijera le hacía encogerse de humillación, por no mencionar que eso suponía que había reparado en que ella casi hacía explotar la falda.
Al haber estado pendiente de que su madre se instalara en su nuevo hogar, poco tiempo después de entrar a trabajar para él, no había tenido tiempo de proveerse de un nuevo vestuario a pesar de haber recibido una generosa cantidad para ello.
Afortunadamente, la tarde anterior Jonas se había marchado relativamente temprano a su cita. Se le encogió el corazón al recordarlo: la mujer a la que ella había telefoneado no se había inmutado de que no fuera el propio Nick quien la llamara y, por supuesto, estaba libre esa noche. Miley sintió de nuevo un hondo desagrado y lo arrinconó junto con sus amargos recuerdos. ¿Quién era ella para juzgar?, se repitió.
Y de pronto, el plomizo cielo se abrió y una lluvia torrencial la empapó.
– ¡No! –gritó, corriendo hacia el edificio Jonas.
¡En menos de una hora tenían una reunión importante al otro extremo de Londres!


Nick  atravesó el vestíbulo maldiciendo mentalmente el clima inglés. Entró en su ascensor privado, sin posibilidades de que algún cuerpo lleno de curvas se apretujara contra el suyo, y apretó el botón para subir a lo más alto del edificio, irritado a más no poder por estar pensando en «aquello» de nuevo. ¿Acaso deseaba que volviera a suceder?, se burló de sí mismo.
La noche anterior había tenido una cita con una mujer hermosa y disponible y no había sucedido nada. Y no porque ella no quisiera, ni tampoco él, lo cual había sido una experiencia nueva. Pero no se le había activado nada de cintura para abajo y había tenido que recurrir a toda su diplomacia para marcharse de allí.
Contrariado, salió del ascensor, atravesó la antesala donde trabajaban las asistentes de Miley y abrió la puerta de su despacho dispuesto a soltarle una serie de órdenes a la mujer causante de su mala noche. Pero su puesto estaba desierto. Curiosamente, se le encogió el estómago.
Oyó movimiento proveniente del pequeño vestuario que usaba cuando tenía que asistir a algún acto social después del trabajo y se aproximó sin ser realmente consciente de lo que estaba haciendo. Oyó una maldición apagada y algo cayó al suelo.
Sintiéndose como un voyeur, y despreciándose por ello, se detuvo junto a la puerta levemente entreabierta. Y cuando sus ojos captaron la escena, todo el cuerpo se le puso en tensión.
El cabello mojado de Miley caía en largos mechones sobre sus pálidos hombros. Estaba poniéndose unos pantalones sobre sus sorprendentemente largas y delgadas piernas. Y sus torneados glúteos estaban cubiertos por una deliciosa braga de seda y encaje negros.
Meneó las caderas para terminar de ponerse el pantalón y se giró hacia él mientras se lo abrochaba en un lateral. Nick se inflamó por dentro: frente a él, con las dos manos a un lado, sus abultados senos se unían y elevaban de una forma increíblemente erótica. El sujetador apenas podía contenerlos. Quién hubiera dicho que ella tendría un gusto tan exquisito para la ropa interior bajo aquel exterior tan recatado... La excitación se apoderó de él.
Ella soltó otro apagado improperio cuando un largo mechón de su cabello rebasó el hombro y aterrizó en la curva de su voluptuoso seno. Nick elevó la vista haciendo un gran esfuerzo y conforme ella, ruborizada, se mordía el labio inferior.
Como hechizado por un canto de sirena, no podía moverse. Hizo descender su mirada de nuevo hasta la delgada cintura y el vientre, metido hacia dentro al contener la respiración para poder abrocharse el pantalón. Era como si ella mantuviera una batalla por mantener su cuerpo a raya al tiempo que él frustraba todos sus esfuerzos con objeto de mantener su seductora suavidad inherente. Sus caderas se extendían desde la cintura con tanta generosidad y perfección...
Abrochado el pantalón, ella se irguió. Seguía conteniendo el aliento, lo que hacía que sus pechos resaltaran aún más. Se estiró para agarrar una camisa. Nick no podía moverse ni pensar. Lo único que existía para él en aquel momento era el cuerpo medio desnudo de ella y su cabello húmedo provocativamente pegado a su piel como la seda.
Lo que él había tildado de sensación explotó en poderosa lujuria.


"The Wild Walk" Prologo





Él es un antiguo ladrón, conduce una Harley y es un agente del gobierno encubierto. Ella es una prestigiosa detective privada que ha sido contratada para proteger una invaluable exposición en un museo. Pero en su intento por detener un robo, ella nunca esperó que le robaran el aliento y el corazón…
Nick Jonas era el último hombre que Miley Cyrus esperaría ver otra vez, mucho menos apuntarle con su revólver. Pero aquí estaba, el chico malo que le había robado el corazón hacía algunos años aún era un ladrón, esta vez sustrayendo una reliquia invaluable… y eso fue todo lo que Miley pudo hacer para apartar los recuerdos de cómo se sentía el tener su cuerpo perfectamente esculpido junto al de ella.
Nick no estaba menos sorprendido al ver a su hermosa vecina de antaño totalmente crecida, amenazándolo con dispararle allí mismo. Ella ignoraba que le estaba arruinando su tapadera y ahora él tenía que idear la forma de sacarla del peligro sin sucumbir a su loco deseo de arrastrarla a través de un caliente viaje por la pista de los recuerdos.
Lamentablemente, Miley no tiene intención alguna de ir a ningún sitio con Nick, lo cual significa que él deberá recurrir al secuestro. A menos, por supuesto, que ella consienta en dejarse llevar en la clase de viaje destinado a conducirlos a un increíblemente paseo salvaje…



miércoles, 3 de agosto de 2011

"Three weeks in Athena" Cap 5




Una vez tras otra, ella había sido testigo de la parte que recibía ese tratamiento: su propia madre.
Se estremeció al tiempo que activaba su ordenador y se esforzaba por concentrarse en el trabajo. El cinismo de Nick de cómo recibiría el regalo su ex amante había sido totalmente acertado. Aunque Samantha Barks no parecía el tipo de mujer que necesitara ayudas para sobrevivir. Con un «premio» como el que proponía Nick, su madre le habría pagado el uniforme del colegio un año más, recordó mientras le subía la bilis. Cosas así habían financiado las vidas de ambas.
Aplacó su rabia. Su jefe no tenía por qué gustarle, tan sólo trabajaba para él.
Afortunadamente, ella se había forjado un camino diferente. Nunca dependería de ningún hombre y menos aún se vería esclava de su poder sexual o financiero. Se había esforzado demasiado, y su madre había sacrificado demasiadas cosas, para asegurarse de que evitaba seguir sus pasos. Ella nunca temería quedarse sin la atención que su madre y mujeres como Samantha Barks buscaban.
Estaba a salvo de todo eso.


Nick se quedó mirando la puerta cerrada durante un buen rato. Aún ardía por dentro, cosa que le turbaba. Lo único que lograba recordar eran aquellos hermosos glúteos conforme ella se había detenido junto a la puerta y cómo, para retenerla, había dicho lo primero que se le había pasado por la cabeza.
Desacostumbradamente distraído de su trabajo, maldijo el hecho de haber tenido que dejar marchar a Samantha en aquel momento de las negociaciones. Consideró brevemente seducirla para que regresara, pero desechó la idea. Él no se rebajaría ante una mujer por nada del mundo.
En cuanto al encargo que acababa de hacerle a Miley, él siempre se había ocupado de llamar a la joyería, pidiéndoles que escribieran ellos la nota. O tan sólo su nombre. Una indicación muy clara de que lo que hubieran compartido él y la mujer en cuestión se había terminado y no debían intentar regresar con él. Sonrió con sarcasmo: a medida que pasaban los años y seguía soltero, se convertía en un irresistible desafío para ciertas mujeres.
Sus pensamientos se adentraron en terreno peliagudo: el hecho inevitable de que algún día debería renunciar a su libertad. Tendría que encontrar una esposa apropiada y engendrar un heredero aunque fuera para proteger todo lo que estaba conservando alejado de las garras de otros.
La perspectiva no le atraía nada, sabía en qué consistía un matrimonio. Tenía cinco años cuando su padre le había presentado a Zoe Myers como su nueva madrastra, quien enseguida le había profesado odio sólo por no ser hijo suyo. Cualesquiera recuerdos que él pudiera tener de su madre, fallecida cuando él contaba cuatro años, y de una infancia paradisíaca que tal vez sólo había existido en su imaginación, habían sido largamente aplastados y enterrados.
El hecho de que aquellos vagos recuerdos le acosaran en sueños tan vívidos que a veces se despertaba llorando era una debilidad vergonzosa que estaba decidido a ignorar. Por eso nunca pasaba la noche entera con una mujer.
Como atraídos por un imán, sus pensamientos regresaron de nuevo a su secretaria, quien estaba haciéndose un lugar en su imaginación que él no deseaba. ¿Por qué se había sentido obligado a decir todo lo que había dicho? ¿Y por qué le había sorprendido e incluso molestado el evidente desagrado de ella? Para colmo, había propiciado un diálogo al respecto, ¡como si le importara la opinión que ella tuviera de él! En el fondo, había querido ponerla nerviosa. Miley Cyrus siempre parecía situarse en un segundo plano para que nadie reparara en ella.
Pero él sí que había reparado en ella y ella había reaccionado: se había ruborizado de forma encantadora. Nick frunció el ceño. ¿Desde cuándo le parecía encantadora? ¿Y desde cuándo se interesaba él por alguien encantador? Y no sólo eso: ¿Qué demonios le había llevado a pedirle que le tuteara en lugar de llamarle Señor Jonas, como siempre había preferido que hicieran sus secretarias? Había sido por algo en la manera en que ella le había mirado y había dicho «señor».
En un intento por restaurar el orden en su vida, encargó a Miley que le concertara una cita para esa misma noche con una mujer que se había interesado por él recientemente. E ignoró el hecho de que se encendió incluso con su voz.
Terminado eso, le invadió cierta calma. Todo volvería a la normalidad. Olvidaría aquella obsesión por su secretaria y se concentraría en la recién llegada.


lunes, 1 de agosto de 2011

"Three weeks in Athena" Cap 4





Miley miró a su jefe y se quedó sin aliento. El pulso, que por fin había logrado apaciguar, volvió a acelerársele. Él estaba mirándola con tal intensidad que, por un instante, creyó... Al momento desechó esos vanidosos pensamientos y le pareció que él tensaba el rostro y, en realidad, la fulminaba con la mirada. Se estremeció por dentro aunque por fuera se mantuvo impasible.
– ¿Señor? –dijo ella, aliviada de que su voz sonara tranquila.
Le pareció que él libraba una batalla de voluntades en su interior.
–Puedes llamarme Nick –masculló por fin.
Tenía la voz ronca. Ella supuso que se debía a la discusión previa, pero a pesar de todo se estremeció. La idea de tutear a aquel hombre era de lo más excitante.
–Muy bien –logró articular.
Y entonces, él se sentó y comenzó a dictarle a tal velocidad que necesitó toda su concentración para seguirle. En el fondo agradeció la distracción, pero acabó exhausta. Al terminar, la mandó salir con un brusco gesto de la mano sin apartar la vista de unos papeles en su escritorio. Miley estaba a punto de traspasar la puerta cuando oyó un seco:
–Y, por favor, encárgate de que Samantha Barks reciba algo... apropiado.
Miley se giró y la expresión de cinismo en el rostro de su jefe la dejó sin aliento. ¿Se refería a que...? Como si leyera su mente, él añadió mordaz:
–Me refiero exactamente a eso. Lo que sea menos un anillo. Me da igual dónde lo compras, tan sólo asegúrate de que es caro, y envíaselo con una nota. Ahora te doy la dirección.
¿Por qué sentía aquella decepción?, se preguntó Miley apretando el pomo de la puerta. Así funcionaba un hombre como él. ¿Y acaso no confirmaba eso otro rumor acerca de lo generoso que era con sus amantes? Aun así... ¡Ni siquiera iba a tomarse el tiempo de redactar la nota él mismo!
–¿Qué pongo en la nota? –inquirió intentando sonar serena.
Él encogió un hombro y sonrió sardónico.
–Invéntatelo tú. ¿Qué tópicos te gustaría oír de un hombre que acaba de dejarte? No dudo de que alguien como la señorita Barks tirara la tarjeta y se concentrará en el premio, así que yo no me preocuparía mucho. Tan sólo que resulte tan impersonal como sea posible.
A Miley se le encogió el estómago ante aquellas gélidas palabras. Su rostro debió de traicionarla porque aquellos fascinantes ojos verdes la miraron con un brillo peligroso.
– ¿No apruebas mis métodos?
Sintió una ola de calor subiéndole por el pecho.
–En absoluto...
Fue consciente de lo que acababa de decir cuando vio ensombrecerse el rostro de él. No podía permitir que su opinión personal acabara con aquel empleo. Demasiadas cosas dependían de aquel salario. Gesticuló torpemente.
–Quiero decir, no tengo ningún problema en hacer lo que sugieres. Tus métodos son... tuyos. Yo no soy quién para juzgarlos.
Vio que él enarcaba una ceja. ¿Cómo demonios habían llegado a aquel punto? Deseaba verse fuera de allí, con una pared y una puerta entre ambos, recuperando el aliento y el equilibrio interno, en lugar de comentando la mejor manera de despedirse de una amante.
– ¿Entonces, admites que hay algo que juzgar?
Miley negó con la cabeza, ruborizada a más no poder.
–No... Lo siento, no estoy expresándome bien. Haré lo que me pides y me aseguraré de que la nota es apropiada –añadió apresuradamente–. ¿Te la enseño antes de enviarla?
Él negó con la cabeza.
–No hará falta –respondió con rostro inexpresivo.
Herida, Miley murmuró algo incoherente y salió apresuradamente, cerrando la puerta tras ella. De entre la vergüenza le brotó ira. ¿De qué se sorprendía o, peor aún, qué le decepcionaba tanto? Llevaba toda la vida viendo ese tipo de comportamiento masculino.
«Aun así, menudo hijo de... ». Detuvo sus pensamientos cada vez más disparados sentándose en su silla y trató de calmar su acelerada respiración. Los últimos cinco minutos habían sido lo más cercano a una discusión con su nuevo jefe. Debería haber asentido y salido del despacho. Maldijo su rostro tan expresivo, que su madre ya le había dicho que le metería en problemas. Lo cierto era que la fría despedida de la amante le había destapado un dolor hondamente guardado y demasiado familiar.
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Para Yaz!!! espero te gusten los capis...!!! besos..♥