sábado, 24 de marzo de 2012

"Die Frau hinter der Maske" Cap 19








¡Y contra esas imágenes no había mantra lo suficientemente poderoso como para competir!
—Buenos día Miley, ¿alguna novedad?— preguntó él al pasar y sin nada de entusiasmo.
—Buenos días señor Jonas. No ha habido más que un llamado.
Los ojos de él, por primera vez en toda la mañana, se iluminaron esperanzados.
—¿Si? ¿Dejó dicho quien era?— Inquirió un poco eufórico.
—La señorita Evans— dijo Miley reprimiendo un gruñido—. Ha dicho que por favor la llame, porque tiene un bolígrafo que usted olvidó en su departamento.
—Ah…— había sonado desilusionado—. Si vuelve a llamar sólo dígale que se lo guarde. Aunque no veo cómo puedo haber olvidado un bolígrafo cuando no he ido a su casa a tomar notas— dijo sarcástico.
—Imagino que no— bufó Miley sin darse cuenta.
—¿Ha dicho algo Miley?
—Nada señor Jonas, no he dicho absolutamente nada.
—Sólo me pareció… Bueno, no importa.
¡Claro que no importa! ¿Qué va a importarte un condenado comino lo que yo pienso? Entonces recordó las palabras de Demi y se obligó a volver a sus cabales. No quería darle la razón a su hermana.
Aunque sabía demasiado bien que la tenía.
—¿Está segura Miley que no llamó nadie más? ¿Ninguna otra mujer? ¿Por qué no revisa sus notas y lo confirma?
Ella lo miró sobre las gafas con extrañeza. 
Cuarta sorpresa: Esa mañana Nick Jonas estaba muy raro.
—Señor Jonas, nadie más ha llamado— puntualizó arrastrando las palabras para enfatizarlas—. Nadie.
—Es que…, tendría que recibir un llamado. Es muy importante.
—Bueno, si alguien telefonea se lo haré saber enseguida. ¿Algo más? ¿Algún ramo de flores que enviar?— preguntó como si tal cosa jugueteando con el lápiz entre sus labios.
No pudo evitar pinchar ese aguijón.
—No hoy no.
Nick Jonas se quedó hipnotizado otra vez en esa boca.
Entonces le echó una rápida mirada al conjunto en general.
—¿Señorita Miley, usted…?
A Miley se le paralizó el corazón. 
¡Señor! ¿Me habrá reconocido? No, no puede ser, él no…
—¿Usted está diferente, verdad?— lo oyó preguntar
—Un poco— respondió ella exhalando disimuladamente el aire que había estado conteniendo.


viernes, 16 de marzo de 2012

"Die Frau hinter der Maske" Cap 18





Miley esa mañana se vistió con un trajecito negro bien entallado, (toda su ropa nueva lo era). Una chaquetita que delineaba su figura y un pantalón ajustado que seguía haciendo lo propio en la mitad inferior de su cuerpo. Debajo llevaba una camisa color manteca con los botones superiores desabrochados. El resultado era el de una ejecutiva súper sexy.
Se sentó frente al espejo para peinarse. Y se hizo el rodete, pero ahora Miley había aprendido algunos truquitos de belleza, y el susodicho rodete no le quedaba a la altura de la nuca al estilo abuelita, sino en la mitad superior de su cabeza y adornado con dos varillas de madera que invitaban a quitarlas para desarmar el peinado.
 Se maquilló un poco, no mucho. No le gustaba estar cubierta de productos, prefería el estilo más natural. ¡Pero algo de color nunca venía mal!, así que puso manos a la obra con algo de máscara para pestañas y un buen labial marrón que aclaró en el centro de la boca con una pizca de rosa bien claro.
Miley tenía un pequeño problema y era que las lentes de contacto le irritaban los ojos si las usaba seguido, así que no le quedó más que ponerse sus viejas gafas mientras se juraba cambiarlas por unas más modernas y livianas durante el transcurso de la semana. De todas formas, con los demás cambios operados en ella, el detalle de las gafas no empañaba el resultado general.
¡Miley se veía bellísima!
Y así se lo hizo saber su hermana durante el desayuno. Aunque no tuvieron tiempo de hablar mucho más. Las dos ya estaban retrasadas, Miley para llegar a Jonas Publisher, Demi al gimnasio en dónde trabajaba dictando clases de yoga y de gimnasia. Al llegar al edificio, Miley no podía negar que se sentía nerviosa. Inspiró profundamente y obligó a sus pies a dar los pasos. Antes de darse cuenta ya había llegado a su cubículo. ¡No había resultado tan difícil después de todo!, claro que aún no se había cruzado con su jefe.
¡Y hablando de Roma….!
Miley descubrió que a partir del baile de máscaras, sus días estarían cargados de sorpresas. ¡Y al parecer bastante gratas!
Primero: no había escuchado la palabra “lavarropas” en todo el trayecto hasta el piso veintitrés del edificio.
Segundo: sí había escuchado algún que otro piropo a su paso.
Y tercero: Nick Jonas no había mirado los pechos de Delta cuando ésta le había mostrado los dichosos informes de cada día. 
¡Si hasta la mujer parecía desesperada intentando atraer la atención de él a su escote! Miley hasta creyó que Delta sería capaz de desnudarse allí mismo, al menos se había desabrochado otro botón más, (ya llevaba dos sueltos)  Y él nada… Lo mismo hubiese sido que estuviese hablando con
Liam de contaduría. Sólo miraba los papeles y tampoco se mostraba seductor… ¿Acaso estaría enfermo?, especuló Miley. Cuando se acercó a ella, la secretaria sintió que la sangre le bullía por todo el cuerpo.  Respira Miley… Inspiro, exhalo. Es mi jefe, es mi jefe, es mi jefe, se repetía como un mantra, intentando focalizarse en su trabajo. Pero al parecer, un pedacito de su cerebro, esa parte más lujuriosa, le enviaba imágenes de él tocándola, besándola y ella a él…


"Die Frau hinter der Maske" Cap 17





—No quieres seguir conversando porque sabes que lo que digo es sólo la verdad— volvió a tomar asiento resignada—. Creo que yo también me iré a la cama. Estoy muy cansada.
—¿Por qué te quedaste levantada a esperarme?—jugueteaba con el antifaz que tenía entre las manos.
—Me quedé organizando tu nuevo guardarropas— sonrió de lado—. Quería darte una sorpresa… ¡Pero veo que tú te llevas el premio mayor en originalidad!
Las hermanas volvieron a mirarse a los ojos y se sonrieron con ternura. Demi se puso de pie y arrastró a Miley hasta la habitación.
Lo hecho, hecho estaba. ¿Para qué seguir lamentándolo?
—¡Disfruta de tu nueva colección!— le dijo abriendo la puerta del clóset y descubriendo ante los ojos de Miley las prendas más bonitas, aquellas con las que ella se había imaginado una y otra vez—. Esta es la parte que faltaba de mi regalo de cumpleaños para ti.
—Demi… ¿Cómo…? ¿De dónde has sacado el dinero para todo esto?— señaló con su mano el colorido vestuario.
—Digamos que vengo ahorrando desde hace bastante tiempo esperando este momento— sus ojos brillaban de entusiasmo.
—¿No lo has hecho? ¿O si
Demi asintió.
—Con el tiempo iremos comprando más, pero creo que con este surtido podrás arreglártelas bastante bien durante un tiempo. Ve a dormir Miley, mañana puedes probarte todo— la besó en la frente y salió del cuarto.
Miley no esperó hasta que saliera el sol para descubrir que había dentro del armario. Sacó las perchas y se deleitó probándose cada cosa. Blusas ajustadas y de hermosos colores, pantalones de tela de jean, y otros más formales. Nada de elastizados y cinturas altas. Éstos eran de corte bajo, justo debajo del ombligo y de la talla adecuada, que le modelaban el trasero y las bien torneadas piernas. Trajecitos con chaquetas entalladas, camisas seductoras, faldas varios centímetros sobre la rodilla. ¡Y la ropa interior!, diminuta y llena de encajes. ¡Se veía atractiva hasta con la ropa deportiva! Demi había hecho un trabajo formidable en la elección. No se había equivocado ni en el talle ni en los modelos. ¡Todo era maravilloso y de un gusto excelente! Seductor y sexy a la vez que elegante. Cuando el agotamiento le ganó la batalla, Miley se fue a dormir completamente deslumbrada. Las luces del día habían empezado a asomar cuando ella cerró los ojos con la cabeza apoyada en la almohada. Y durmió durante todo el domingo, lo que no le dio demasiado tiempo para pensar realmente en cómo miraría otra vez a Nick Jonas a la cara sin sonrojarse.


viernes, 9 de marzo de 2012

"Die Frau hinter der Maske" Cap 16





Miley se escabulló lo mejor que pudo del hotel intentando pasar desapercibida. Aunque ya no era la mujer insulsa y anticuada a quien nadie dedicaba más que una desdeñosa mirada, así que la tarea le resultó difícil, sino imposible.  Percibía varios pares de ojos que la observaban. Logró  mantener la compostura y una vez fuera, y ya más aliviada, se consiguió un taxi que la llevara hasta su departamento. No importaba de qué manera seguiría su vida a partir de ahora. ¡Esa definitivamente, había sido la mejor noche de su existencia! Miley sabía que nada lograría empañar el recuerdo que atesoraría en lo más profundo de su corazón por el resto de sus días.  Porque ella se había entregado a Nick Cole, había sido suya y él de ella. Al menos por esa noche él le había pertenecido… Y eso, sucediera lo que sucediera Miley Cyrus, jamás lo olvidaría, ni tampoco, nadie podría cambiarlo… Sonrió soñadora recordando los momentos pasados. Había sido seductora, osada, atrevida… Se había animado a vivir, a amar… Cómo en sus sueños…


Al llegar a casa, Demi la esperaba sentada en la mesa de la cocina bebiendo un té de hierbas. En el suelo estaba la pila de ropa que Miley solía usar. Sobre el montón, descansaba una caja de fósforos.
Miley le sonrió a su hermana.
—Puedes quemar todo eso si quieres— señaló el bulto de colores espantosos—. No volveré a usarlo jamás. O dónalo si te parece bien.
—¿Donarlo? ¡Ni hablar! No creo que haya otra persona en éste mundo capaz de usar alguna de esas prendas— se apresuró a clamar su hermana—. Te aseguro que le hacemos un bien a la humanidad, y si no es a la humanidad, al menos al buen gusto, quemando esos trapos horrendos.
—Creo que tienes razón. Yo al menos no pienso usarlas.
—¿Te ha ido bien verdad? ¿Debo deducir que algún hombre te ha mirado de manera sugerente?— inquirió su hermana con complicidad.
Miley estalló en carcajadas.
—¡Me han comido con los ojos! ¡Señor! Todavía no puedo creer que se hayan fijado en mí. ¡Que hayan intentado seducirme y no uno, sino varios! Y lo más cómico de todo el asunto, es que eran los mismos que día a día en la oficina sólo se dedicaron a ignorarme.
—¡Esto se pone definitivamente interesante!
—¡Ni que lo digas!— se sonrojó bastante al recordar.
—¿Y qué más ha  sucedido? ¿Te han invitado a bailar? ¿A salir?— le preguntó Demi llevándose a los labios la taza con el té de hierbas que ya estaba un poco frío.
—Me acosté con Nick Jonas— soltó Miley de sopetón.
Y Demi debió hacer un esfuerzo sobre humano para no soltar la taza, aunque varias gotas se derramaron sobre la mesa.
—¿Te acostaste con Nick Jonas? ¿Tu jefe?
—¿A cuántos Nick Jonas tenemos el agrado de conocer?— le respondió sarcástica—. ¡Claro que lo hice con mi jefe!
—¡Santo Dios Smile! ¿Acaso te has vuelto loca?
—No, por primera vez en mi vida me animé a ser yo— se sinceró—. Y te juro Demi que no me arrepiento de nada.
—Pero Smile ¡Nick Jonas!...— negó con la cabeza—. Mejor que nadie sabes cómo se comporta ese hombre con sus amantes después de follárselas. ¿Acaso te ordenará mañana que te auto—envíes un ramo de flores con la ya famosa tarjetita?
—No me enviará ningún ramo.
—¡No te engañes mujer! ¿Qué crees, que te propondrá casamiento? ¡Vamos Smile! ¡El muy desgraciado sólo te ignorará!
—¡Claro que no ha de proponerme nada! Y deja ya la reprimenda Demi que no soy una niña. 
—No eres una niña, pero en este momento te comportas como una ingenua. ¿Qué piensas que hará ahora el señor Jonas? Déjame que te lo diga. Te despedirá para no tener que cruzarse contigo cada día. ¡Eso es lo que hará Miley! Puede que no te envíe la maldita tarjeta, pero sí el telegrama de despido- dijo enfadada

—Nadie me despedirá. ¡Nick no sabe que se acostó conmigo!—gritó. 
—¿Qué?— levantó los ojos hacia ella, asombrada.
—Nadie, ni uno sólo de los presentes fue capaz de imaginar que yo era la mujer oculta detrás del antifaz. Y así permanecerán, en la ignorancia total, porque yo no pienso revelarles mi identidad.
—¿Y como siguen las cosas ahora?— inquirió.
—Entre el señor Jonas  y yo solo hay una relación laboral, ¿cómo crees que seguirán las cosas?... ¡Cómo si nada hubiese sucedido! Porque él no sabe que pasó algo entre él y yo… Es sencillo— hizo un gesto despreocupado alzando los brazos y las palmas hacia arriba para enfatizar sus palabras.
—¿Oh sí, sencillo?— la miró fijamente a los ojos poniéndose de pie y acercando su cara muy cerca de la de ella—. ¿Te crees algo de lo que acabas de decirme o simplemente sonaba bonito?— le preguntó—. ¡A mí no me engañas Miley Cyrus! Yo te conozco y se que te morirás de dolor cada día al verlo con otras, se te romperá el corazón más que nunca al organizarle sus citas. Imaginarás cada noche lo que le está haciendo a su amante y gritarás de indignación porque no serás tú la que estará entre sus brazos. ¡Eso es lo que te sucederá!
—No quiero seguir hablando de esto— giró el rostro. No quería que ella la viera llorar—. Me iré a dormir.


miércoles, 29 de febrero de 2012

"Die Frau hinter der Maske" Cap 15





Miley acomodó sus ropas desarregladas e intentó recomponer un poco su aspecto. Era imposible. Cualquiera que la viese podría imaginarse, aunque esa hipotética persona no tuviese ni el más mínimo talento en el arte de imaginar, que esa mujer no había estado jugando un partido de cartas. Aunque la seda del vestido no se había rasgado, estaba absolutamente impresentable. Arrugado por dónde se lo mirara y mejor no mirar mucho, porque si uno era muy detallista, podría encontrar alguna manchita aquí y allá.
 El cabello revuelto había sido, no muy eficientemente, alisado con los dedos, aún así, se podía adivinar que el peinado de la peluquería había desaparecido por completo. Los labios hinchados y las marcas rojas sobre la nívea piel del cuello y del escote, eran una clara evidencia que esa mujer había sido besada. ¡Y que decir besada! ¡Había sido devorada por una bestia!
 Nick le sonrió con ternura.
Era insólito, pero en ese momento le provocaba ternura. Ni él sabía que le ocurría. Le resultaba extraño todo lo que le había ocurrido esa noche y por más que buscara en su cabeza, no lograba hallar las explicaciones.
 Había empezado la velada de la misma manera que normalmente las empezaba. Rodeado de hermosas mujeres, mujeres de cuerpos esculturales y rostros perfectos. Modelos de pasarela, cada una de ellas. ¡Y muy dispuestas que habían estado a irse con él esa noche! Podría haber elegido a cualquiera, y sin embargo…
 Y sin embargo la noche para él, y no se atrevió a profundizar  esos pensamientos, decidiendo dejarlos en que sólo era esa noche y no su vida, la que había cambiado por completo al verla a ella. La había visto en el salón, un hada, una diosa de curvas dignas de provocar un infarto. Rodeada de esos tres hombres, esos tres buitres que la recorrían descaradamente con la mirada, que parecían a punto de lanzarse sobre ella. Y en ese momento, en ese único y preciso instante, había sido cuando Nick Jonas, por primera vez en toda su vida, había sentido celos. Celos de no ser él el destinatario de sus miradas, de sus sonrisas coquetas. Celos de no poder oler su perfume. Celos. Puros y desquiciados celos de no ser él el hombre a su lado.
La deseó desde el primer segundo en el que la había visto y ella ni siquiera había reparado en su presencia.  Sabía que se había comportado guiado por sus impulsos. Se había puesto de pie para acercarse a su lado, dejando a las modelos boquiabiertas con su actitud repentina, pero a él eso lo tenía sin cuidado. Podría haberse derrumbado el edificio a su alrededor y él no hubiese sido capaz de desviar sus pasos. Sus pies lo llevaban hacia ella, que ignoraba por completo lo que había provocado en él. Entonces ella había volteado el rostro hacia él, sus ojos se habían encontrado y Nick Jonas había sentido como un fuerte puñetazo en el centro de su pecho. Una sensación que no quería ponerse a analizar y la verdad era, que no se sentía lo suficientemente valiente como para hacerlo. No sabía quién era ella. Había intentado adivinar su identidad, se lo había preguntado una docena de veces y ella lo había eludido. Había buscado en su memoria esos rasgos, un detalle para poder identificarla, pero nada.
   En algunos momentos le había resultado tan familiar y en otros completamente desconocida. Creía haber visto antes esos ojos, pero no podía asociar cuando ni donde, mucho menos quien había sido su dueña. Ese bullir de interrogantes lo estaba matando. Y aquí iba otra pregunta que lo desconcertaba. ¿Por qué le importaba tanto saber quién era ella? 
   Habían disfrutado muchísimo juntos, pero él no era un novato. Se acostaba con una mujer distinta casi cada día, y si no era cada día, sí cada dos o tres. Estaba acostumbrado a decirles adiós, a enviarles un ramo de flores y sacarlas de su vida. Nunca había sentido ningún deseo de entablar una relación con ninguna de ellas. Huirle al compromiso era una regla sagrada para él.
¿Por qué entonces no podía hacer lo mismo con ésta mujer misteriosa? ¿Por qué no podía dejar que ella saliera por esa puerta y también de su vida? ¿Por qué quería retenerla un instante más, saberlo todo de ella? Y paradójicamente, ella al parecer, no quería contarle absolutamente nada.
—Por favor, dime quien eres— le rogó.
 Y Nick Jonas no estaba acostumbrado a rogarle a nadie, mucho menos a una mujer. Para él no eran más que pasatiempos.  Claro que tampoco solía esperar mucho de ellas, sabía que para esas amantes ocasionales él no había significado más que eso también. Una noche desenfrenada, algún obsequio, y si lograban pescarlo, cosa que jamás había ocurrido, una cuantiosa fortuna.  Él era una buena presa. Un buen partido cómo cualquier otro empresario exitoso y con una buena cuenta bancaria… Nada más.  Pero ella era distinta, lo percibía.
  Y algo nuevo había logrado despertar en él. Por eso insistía.
—Si no me dices quien eres ni tampoco me das tu número no podré telefonearte— intentó esa táctica. 
 ¿Acaso eso no es lo que esperan las mujeres, que los hombres le telefoneen?, pensó creyendo que ahora sí lograría obtener alguna información.
—¡Vamos Nick! ¡No vas a llamarme!— le dijo divertida y con un convencimiento total—. Es más que popular que tú nunca repites a tus amantes. ¿Acaso intentas convencerme de lo contrario? ¿O es que sólo quieres mi nombre para ponerlo en alguna extraña lista en la que llevas el control de tus conquistas?
— ¡Me hieres mujer!
— ¿O tal vez quieres mi dirección para enviarme el ramo de flores? ¿Crees que las mujeres no comentan ese detallito tuyo?
—Escucha, no sé qué es lo que dicen las mujeres, pero eso no tiene nada que ver contigo.
—Yo no quiero ese ramo de flores, ni la tarjetita que diría, si no me equivoco, “Por una noche increíble. N.” ¡Y que media ciudad de Nueva York debe tener!
— ¿Cómo lo sabes?
— ¡Porque es el comentario del momento Nick! Pregúntale a cualquiera, todo el mundo lo sabe. Se muy bien como sigue esto. Simplemente no sigue, se termina aquí y no estoy exigiendo nada diferente, simplemente te ruego que no me envíes ese odioso ramo. ¡Ni siquiera me gustan las rosas!, adoro los nardos— dijo sin pensar y sin siquiera darse cuenta que lo había dicho.
  Nick sonrió. Un dato se le había escapado y sin que ella lo notara. Apuntó mentalmente, le gustan los nardos. ¡Esperaba poder recordarlo!, tal vez después llamara a Miley para que lo ajendara.
—No pensaba enviarte ningún ramo de flores, sólo quería tu número telefónico para hablar contigo. Pensé que podría invitarte a cenar, o tal vez al cine, no lo sé. Y tampoco tengo una lista de amantes— sonrió de lado. Una sonrisa que a Miley le gustaba mucho, que la desarmaba --Sólo que me gustaría poder nombrarte… Por ejemplo ahora, ¿cómo debo llamarte? 
—No lo sé.
—Tu nombre, sólo eso. No puede ser tan complicado.
—Llámame como quieras Nick, no voy a decirte quien soy.
—Entonces nos conocemos— confirmó él—. Tiene que ser eso, de otro modo me lo dirías. Averiguaré quien eres, te lo prometo. Nick clavó los ojos en su cara, estudiándola. Miley nerviosa, giró el  rostro ocultándose.
— ¡Cobarde!— exclamó él. Y había sonado de lo más divertido.
 A Nick Jonas, le gustaban los desafíos y aquí tenía al reto más delicioso de su vida. ¡Descubriría quien era ella!
—Entonces llámame tú— inquirió él poniéndole su tarjeta personal en la mano.
Miley miró la tarjeta, aún cuando la conocía de memoria.
—Llámame cuando tengas deseos de hablar conmigo, yo estaré esperando— le prometió  Nick.
—No estarás esperando— dijo intentando que la voz no sonara dolida y dándole la espalda para ocultar las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos—. Te olvidarás de mí en cuanto yo cruce esa puerta. Te olvidarás de lo que compartimos en cuanto termine ésta noche…, y lo sabes. 
 Esa, a decir verdad, era la actitud que siempre había tenido.
¿Cómo podía ser que ella supiera tanto de él?, se encontró analizando y llegando a la conclusión de que ella, definitivamente, era alguien bastante cercano. Alguien de su entorno.
Él no había hecho ningún comentario a sus palabras, entonces Miley continuó hablando, deduciendo que su jefe le daba la razón
— ¿Para qué voy a darte mi nombre? ¿Para qué voy a llamarte Nick, si ni siquiera vas a atenderme? ¿Acaso alguna vez atiendes o respondes los llamados de alguna de esas mujeres a las cuales les has hecho el amor?
 Miley no se quedó a esperar una respuesta. ¿Para qué hacerlo cuando ya la sabía? Si era ella misma la que atendía esas comunicaciones, si era ella misma la que transmitía las excusas del señor Jonas, la que mentía diciendo que él se encontraba ocupado… Miley no aguardó una respuesta. De haberlo hecho hubiese obtenido una. Aunque si ella se quedaba allí, puede que Nick no hubiese pronunciado en voz alta las palabras que dijo:
—Había tenido sexo, pero nunca antes le había hecho el amor a una mujer… Al menos no hasta hoy…
  Pero ella ya no estaba allí para escucharlo.


sábado, 25 de febrero de 2012

"Die Frau hinter der Maske" Cap 14





Nick se sentía obnubilado por esa mujer, que él estaba completamente seguro que no la había visto en toda su vida, porque de haber sido así, jamás la hubiese olvidado.   No era la típica mujer alta y delgada que a él solía gustarle, ni siquiera era rubia. Ella tenía el cabello de color castaño cobrizo y largo hasta debajo de los hombros. Tal vez esas diferencias con el común de sus amantes era lo que más le atraía de ella, que destacaba notoriamente entre todas las otras.  Ese cuerpo voluptuoso lo estaba enloqueciendo, y ahora ese jueguito que hacía con sus zapatos…  No sabía dónde dejar la mirada.  Si en esos senos de los que podía apreciar todos sus adjetivos en primera fila, y que la sola idea de saborearlos, recorrerlos con su lengua, devorarlos llenándose la boca por completo con ellos, ya lo estaba volviendo desquiciado, o en los pies.  Varias imágenes sugestivas de esos pies descalzos jugueteando sobre su entrepierna, masajeando sensualmente su miembro, habían empezado a cruzar por su cabeza enviando una abrupta punzada de deseo directamente a sus ingles.
—Es una fiesta maravillosa la que ha logrado este año, señor Jonas— le dijo ella con voz melodiosa como el canto de una sirena que le prometía mil placeres distintos. 
Descruzó las piernas, sólo para volverlas a cruzar pero a la inversa, dejando ésta vez su pie derecho muy cerca de las piernas de él, casi rozándolo un poco por debajo de la rodilla.
—¿Entonces este antifaz no ha servido para ocultar quién soy?— le preguntó él con tono pícaro.
 Deslizó la mano que tenía sobre la barra por la espalda de ella, muy sutilmente, hasta llegar a la nuca y después dibujando la línea de los hombros con el reverso de sus dedos. Provocando con ese roce que la piel de la mujer se erizara y que los pezones se alzaran duros como brotes de rosas en respuesta.
—A usted es imposible confundirlo— le confesó ella inclinando su torso hacia él solo unos pocos centímetros y sonriéndole de manera seductora.
—Puedes llamarme Nick— dijo casi sin aliento. 
 Al inclinarse ella, su escote se había abierto un poco, ofreciéndole sólo a él la imagen completa de uno de esos generosos pechos, y él pudo descubrir que el botón que lo coronaba era de un tenue color te con leche. Esa sola visión le había endurecido tanto la polla que dentro de sus pantalones había empezado a bullir un infierno.
—Nick— repitió ella degustando cada letra. 
 Se humedeció los labios con la lengua y notó que él seguía cada uno de sus movimientos con los ojos. Se sentía caliente. Con solo sentir la mano de él sobre sus hombros la piel se le había enfebrecido. Sentía los pechos pesados, le hormigueaban de deseo y sus pezones erectos pujaban debajo de la seda de su vestido. 
 Se acarició la clavícula, descendiendo lentamente por el borde de su escote, y atrayendo automáticamente la atención de él a los lugares por los cuales vagaban sus dedos. Los lugares que deseaba que él acariciara.  Necesitaba que fueran las manos de él las que calmaran su ardor, las que recorrieran cada centímetro de su lasciva anatomía.
 Nick tragó saliva. La garganta se le había secado de repente. Vació lo que quedaba en su copa en dos largos tragos.  Estaba a punto de explotar.
—¿Quién eres?— le preguntó él, tratando de adivinar como era el rostro completo de ella detrás del antifaz.
—Mmmm Nick, ¿acaso no sabes que la magia de un baile de máscaras radica en el misterio?— ronroneó ella a la vez que giraba en el taburete poniéndose frente él y rozándole más las piernas en el camino. La mano que había acariciado la espalda de Miley descendió hasta el pie derecho, ella aún mantenía las piernas cruzadas y ese pie ahora había quedado junto a la barra y oculto de ojos curiosos por sus propias piernas. 
 Los dedos de Nick le acariciaron el empeine y después ascendieron hasta el tobillo. Se inclinó un poco hacia ella mirándola ahora a los ojos, incitándola con la mirada a que lo detuviera…, y siguió ascendiendo. 
 Las respiraciones de ambos habían empezado a acelerarse. Se aproximó más, los torsos casi se tocaban.  El calor que irradiaba de ambos era latente, los alientos se entremezclaban. La mano debajo de la falda de Miley  ya estaba a la altura de la pantorrilla. 
Miley resiguió lentamente con sus dedos la corbata de seda que él tenía sobre la camisa blanca. Cuando se allegó al extremo inferior, que se acercaba provocativamente a la cinturilla del pantalón, él contuvo el aire. Ella lo miró sensual y en esa mirada le decía que estaba a punto de descender más. Varias personas cercanas habían notado a la entretenida pareja y miraban con disimulo. Les resultaba imposible apartar la mirada de la caliente escenita que se desarrollaba junto a la barra
—Te deseo— jadeó él junto a la piel del cuello de ella antes de besarla justo dónde su pulso latía con mayor fuerza—. Te deseo— le repitió, cuando su mano estaba peligrosamente sobre las ligas de sus medias.
 Ella tuvo que apretarse sobre el taburete, cerrando con mayor fuerza las piernas. Ansiaba moverse sobre el mullido almohadón, calmar la necesidad que latía entre sus piernas.  Sabía que había gente que los miraba. 
 Intentó contenerse, pero su sexo libidinoso había tomado vida propia haciéndole casi imposible la tarea de no restregarse contra el cuero.    
—Te deseo.
Fueron las últimas palabras coherentes que escuchó Miley antes de levantarse mecánicamente de la banqueta y seguirlo a dónde fuese que él la llevaba de la mano. 
  A cada paso que daba, ella sentía cómo un hilo líquido y tibio se escurría entre sus muslos. El lugar elegido resultó ser el guardarropa. 
Habían cruzado el salón buscando un lugar más privado, pero cada rincón estaba atestado de invitados y la necesidad de tocarse ya se les hacía insoportable, los había enardecido. 
 Se ocultaron detrás de la primera puerta que tuvieron delante. El recinto estaba vacío, lleno de abrigos, pero sin personas.  Nick atrapó a Miley entre la madera y su cuerpo y mientras una de sus manos volaba otra vez debajo de la falda, con la otra dio una vuelta a la llave para asegurarse de no ser interrumpidos.
 Esta vez Nick no se detuvo en las piernas ni jugueteó con las ligas, su mano fue a parar directamente bajo las braguitas de ella.  Los dedos de él resbalaban en húmedas caricias entre los pliegues del sexo de ella arrancándole a Miley gemidos desesperados.
—Tú también me deseas, ¿no es así muñeca?— susurró él con la voz amortiguada sobre el escote—. Estás mojada—hundió un dedo dentro de su vagina provocando que de ella rezumara aún más humedad— tu cuerpo vibra ante mis toques, reacciona.
—¡Oh Dios! ¡Si, te deseo Nick! Cada centímetro de mí quiere sentirte.
Las manos de Miley buscaron la entrepierna del hombre. Podía apreciar su erección a través de la tela de los pantalones.  Bajó la cremallera y con un toque sensual rozó el borde de los calzoncillos bóxer antes de bajarlos un poco para tomar la dura polla de Nick en su mano. 
Eso a él lo enloqueció más.
 Miley cerró los dedos alrededor del tronco y los deslizó hacia arriba en toda su extensión, después volvió a bajarlos otra vez hasta la base. Él respiraba de manera entrecortada, jadeante, mientras ella seguía friccionándolo y exprimiéndolo con su mano. La secretaria introdujo sus manos en la prenda interior, abarcando el bien formado trasero de Nick y presionando fue deslizándose hacia abajo, arrastrando en el camino el calzoncillo y los pantalones, que cayeron hasta los tobillos. 
  Miley se puso de rodillas frente a él, sorprendiéndolo placenteramente. Tomó la polla de Nick otra vez entre sus dedos, repitiendo el frote enloquecedor en toda su extensión. Después reemplazo los dedos por la punta de su lengua húmeda y volvió a trazar el camino que antes habían seguido sus manos, desde la  base hasta el glande. Rodeó la cabeza del miembro, delineando el contorno lánguidamente antes de tomarlo por completo dentro de su boca, excitándolo con su lengua y sus labios. Él le sostenía la cabeza, enredando sus dedos en el cabello de ella y marcando el ritmo tal como le gustaba. Un poco lento y sensual al principio, más rápido y salvaje después.
 Cuando le parecía que ya no aguantaría mucho más de esa exquisita tortura, Nick, tomándola de los brazos la puso de pie.  Enloquecido de deseo bajó el vestido de Miley hasta la cintura liberando los pechos firmes, esos pechos que lo habían atormentado durante toda la velada. 
 Con jadeos de puro placer los apresó entre sus manos, sobándolos. Los sintió pesados y turgentes. Una obra maestra de la naturaleza, el único manjar que aplacaría su hambre.  Con su lengua trazó círculos alrededor de los pezones, que cómo botones se alzaban erguidos, suplicantes de sus caricias. Nick, sin cortar el festín que se estaba dando, empujó a Miley hasta el otro extremo del cuarto. Siguió lamiendo, metiendo primero un seno y después el otro dentro de su boca y succionado, mordisqueando y chupando. Le resultaba deliciosa, adictiva.  Quería saborearla por completo.
La hizo voltear de cara a la pared y ella se encontró frente a frente, con un enorme tapado de visón del que se aferró con tanta fuerza como pudo. Él le besó los hombros. Deslizó las manos por los laterales del torso y le llevó los brazos en alto. Miley se asía con sus manos del cuello del abrigo que pendía de la pared.  Nick  siguió besando su espalda, la zona de sus costillas, hasta llegar a su cola, a la que mordisqueó incitantemente. Cuando él volvió a subir, lo hizo arrastrando la punta de su lengua por la columna, desde el cóccix hasta la nuca, estremeciéndola. La tomó del cabello llevándole la cabeza hacia atrás.
  La besó en la barbilla y después hundió su lengua dentro de su boca. Miley se aferró al cuello de su jefe. Sentía el enorme falo de él restregándose sobre su  trasero y las manos masculinas amasando enfebrecidamente sus pechos, que habían quedado más expuestos por la posición elevada de sus brazos.  La sensación era gloriosa, pero su coño pulsaba de necesidad. Ansiaba sentirlo dentro de ella. Quería que él la tomara por completo.
 —Tócame Nick, te necesito—rogó enterrando su rostro en el tapado de visón.
—¿Aquí?— preguntó él deslizando sus dedos por el interior de uno de sus muslos, y desparramando el líquido viscoso que chorreaba por ellos, aunque sin llegar más arriba. 
Sabía que ese jueguito la volvería loca.
—No— respondió ella apretando las piernas con fuerza— allí no—. Llevó su cabeza hacia atrás otra vez para volver a darle acceso a él a su boca.
— ¿Aquí? 
Nick la besó profundamente, mientras acariciaba apenas con las puntas de sus dedos el borde de sus braguitas empapadas siguiendo con la misma táctica.
—Nick, por favor— suplicó apretándose más al cuerpo de él.
Sentía la tentación de tocarse ella misma. El vacío era insoportable. Tomó la mano de Nick y la restregó contra su coño lujurioso, haciendo que los dedos de él presionaran sobre las bragas los labios hinchados de deseo.
—¡Oh Nick no pares!—gritó sin importarle si alguien los oía e imponiendo que él aumentara la presión.
 Nick no necesitó mayor incentivo. Bajó de un solo tirón la diminuta prenda interior y complació a la mujer directamente sobre su carne enfebrecida. La penetró con dos dedos, imitando los movimientos que haría después con su verga,  mientras con el pulgar, trazaba círculos sobre el pequeño botón.
 Ella arqueó las caderas en respuesta, acompañando el acompasado vaivén de los dedos que la acariciaban por dentro y sintiendo cómo se acrecentaban las sensaciones en cada una de sus terminaciones nerviosas. Desde el mismo centro de su feminidad, hasta la punta de los dedos de sus pies, inclusive.
 —¡Oh cielos! ¡Por favor dime que traes protección, ya no aguantaré mucho más!— dijo entre jadeos.
—Nunca salgo sin un condón— le murmuró con la voz entrecortada junto a la oreja.
 Él tampoco se contendría por mucho tiempo.
Se oyó el sonido del sobrecito del preservativo. Nick dejó de tocarla y Miley sintió otra vez la necesidad de ser llenada.  Se sentía anhelante, ardorosa como nunca antes se había sentido en toda su existencia y le gustó.
—Déjame a mí— le dijo girándose hasta ponerse frente a él y quitándole el paquetito de la mano.
Nick  arqueó una ceja en gesto interrogante. Esa misteriosa mujer era una caja de sorpresas. Era única, y a él eso le encantaba.
 Miley cortó un extremo del envoltorio con los dientes. La mirada vidriosa de Nick seguía cada movimiento. Luego ella retiró el condón y lo deslizó por la cabeza del bien dotado “equipo masculino” hasta la base. 
—¡Vas a matarme!—jadeó él al sentir los dedos de ella enfundando con delicadeza a su pene.
 En cuanto Miley hubo terminado, él volvió a voltearla.  Buscó la abertura de su coño de manera frenética y la penetró con una sola estocada. Las paredes femeninas lo apresaron al instante envolviéndolo en su secreta calidez. Apretándolo, exprimiéndolo. Volviéndolo completamente loco de placer. Una de sus manos se regodeaba con los pechos llenos, los dedos de la otra estimulaban el clítoris hinchado. Nick se hundió más profundamente en ella, marcándola, exigiéndola como suya. Un sentimiento primitivo, nuevo en él le urgía hacerlo. Se sentía un animal salvaje reclamando a su compañera. 
Miley amortiguaba sus gritos entre la suave piel del tapado de visón. Con cada embestida de él, se acrecentaba el torbellino que se estaba acumulando en su interior. Él, con sus expertos toques, la llevaba hasta el límite de la conciencia, dónde todo alrededor había dejado de tener importancia, donde cada cosa se había esfumado. 
 Nick había acelerado el ritmo, penetrando a la mujer más hondamente en cada estocada. El canal que albergaba a su polla se sentía resbaladizo, estrecho y cálido. Se sentía como el paraíso. O más bien, puede que fuese el infierno, se le ocurrió pensar, porque semejante lujuria se parecía más a un pecado. ¡Pues que lo condenaran, porque se sentía excelente!
Miley sintió que se estremecía y ya no pudo contenerse. Un huracán violento se desató a través de todo su ser cuando el miembro de Nick se transformó en un volcán en erupción.  El orgasmo estalló a la par en sus cuerpos, dejándolos extenuados y temblorosos. Con el corazón acelerado a mil latidos, la respiración entrecortada y un millón de preguntas.
 Ninguna de esas preguntas sería formulada en voz alta, ni tampoco hallaría sus respuestas, no al menos durante esa noche.



domingo, 19 de febrero de 2012

"Die Frau hinter der Maske" Cap 13




Lo que la detuvo no fueron el temor o la timidez. Fue un guapo hombre que la interceptó a mitad de camino y que la invitó a otra copa. La de ella ya estaba casi vacía.  El hombre rubio, que ella reconoció como Liam, un empleado del departamento de contaduría de Jonas Publisher. Quien jamás la había mirado más que para hacer algún gesto de desdén o compartir los cuchicheos con algunas de las mujeres que la había llamado a ella “lavarropas”, le sonreía seductor y tenía que hacer un esfuerzo impresionante para obligar a sus ojos a no permanecer todo el tiempo sobre los atributos de Miley.
 Intercambiaron un par de palabras, y en ese momento  se les unieron dos hombres más, muy entusiasmados con la idea de hacerle compañía.  A uno también lo conocía, era Justin, el encargado del departamento de gráfica, el otro era un desconocido y se presentó cómo amigo del primero. Los tres querían saber quién era ella. Miley sólo les sonreía seductoramente mientras interiormente se regodeaba pensando:
¡Si supieran!...
Las palabras fluían tal como si estuviese acostumbrada a mantener charlas frívolas con hombres, nada más lejano a lo que siempre había sido su vida.  A Miley le gustó sentirse el centro de atención e instintivamente y aunque no le interesaba tener nada con ninguno de ello, se encontró coqueteando. 
 Cuando pensó en lo que hacía, se dio cuenta que estaba enrollando en su dedo índice un mechón de su cabello ¡y hasta había batido un par de veces las pestañas! Al parecer los trucos surtían efecto, porque los tres estaban embobados con ella.
Disimuladamente giró el rostro hacia la barra y se encontró con una de las escenas de sus mejores sueños. 
  Nick Jonas ya no les prestaba atención a las bellas mujeres que lo rodeaban. Sus ojos estaban fijamente posados en ella. Miley no desvió la mirada, se la mantuvo, y la sensación fue electrizante.
Nick se puso de pie y caminó hacia ella, dejando atrás a las modelitos desconcertadas. Ella tampoco escuchaba ya lo que los tres hombres le decían.  En ningún momento cortaron el contacto visual. 
Cuando Nick llegó junto a ellos, los otros tres, simplemente se excusaron y se alejaron. Habían comprendido que estaban de más.  El señor Jonas, con su acostumbrado carisma, la invitó a salir de en medio del salón y caminar hacia una barra de bebidas que había en el otro extremo y en dónde no había tanta gente. 
La guiaba con una mano firme sobre su espalda, a la altura de la cintura. La piel en ese lugar le quemaba. Tomaron asiento en los altos taburetes. Allí la luz era más tenue y creaba un ambiente más íntimo. De fondo sonaba “Love of my life”, una de esas canciones que parecen estar hechas para enamorarse, que cada compás de su melodía logra erizar la piel tanto como una caricia. Ella estaba sentada de espaldas a la barra regalándole a él una visión en primer plano de su perfil. Cómo Nick estaba muy próximo a ella, y había apoyado su brazo derecho sobre la barra, justo detrás de la espalda de Miley y era bastante más alto que ella, el espectáculo para él se tornaba increíble.  
Miley aprovechó la ocasión para cruzar sus piernas y juguetear de manera seductora con las delgadas tiras de sus zapatos de tacón. La mirada de Nick voló hacia esa zona, dónde sus sandalias revelaban unos pies suaves y con uñas a tono con las de las manos.  Miley bebió unos sorbos de su copa, deleitándose cada vez más con el efecto que estaba consiguiendo tener sobre su jefe. Se sentía sexy y eso le brindaba seguridad, la hacía sentir poderosa. Nunca había imaginado ser capaz de despertar en ese hombre ni el más mínimo interés, y sin embargo allí estaba él, junto a ella intentando seducirla.  Miley era consciente de que con cada movimiento que hacía, más lo hipnotizaba. No sabía si su jefe se comportaba de esa manera con cada una de sus conquistas, de lo que no tenía la menor duda era que esa noche tenía a Nick Jonas bajo su absoluto dominio.