martes, 19 de junio de 2012

"Die Frau hinter der Mask" Cap 28






Una copia, aunque no tan buena de Miley, lo miraba con el ceño fruncido y parecía deseosa de molerlo a palos o lo que hubiese sido más doloroso, arrojarlo de regreso a la planta bajo por el hueco del ascensor… Tenia que ser su hermana. Eran muy parecidas. Aunque Miley se llevaba los laureles a la más bonita, pensó Nick. Y por el gesto de enojo que ella portaba, dedujo que esa mujer no lo tenía en muy buena estima… Tampoco iba él a reprochárselo. 
—¿Si?— le había preguntado ella secamente. Dándole a entender que hubiese estado más feliz si en su puerta hubiese habido una horda de langostas.
—Mi nombre es Nick Jonas y me gustaría muchísimo hablar con la señorita Miley Cyrus, por favor—dijo ocultando el ramito a su espalda.
Demi arqueó una ceja en gesto interrogante. ¿Acaso Miley no había dicho que él nunca recordaba su apellido? La susodicha, que no había hecho caso a su hermana y la había seguido para curiosear quien había llegado, permanecía oculta a un lado del vestíbulo y no había podido evitar sorprenderse al escucharlo pronunciar su nombre completo. ¡Si hasta había sentido deseos de asomar la cabeza, sólo para comprobar que él no lo había leído de una nota!
—No creo que Miley quiera verlo señor Jonas— le respondió cortante—. Tengo entendido que mañana mismo le enviará el telegrama de renuncia.
—Escúcheme señorita, es imperioso que hable con ella— intentó explicarle—. Puede que Miley no tenga formulada la mejor imagen de mí, y la entiendo, pero le juro que he cambiado y eso es lo que quiero explicarle a ella.
—Ya le he dicho que mi hermana no desea saber nada de usted señor Jonas, así que haría bien en regresar por dónde ha venido.
—Por favor— le rogó. Y si arrodillándose hubiese logrado ablandar el corazón de esa mujer para que llamase a su hermana, Nick sin dudarlo lo hubiese hecho.
Pero no hubo necesidad. Miley salió de su escondite.
—Está bien Demi, hablaré con el señor Jonas— dijo acercándose a ellos. El corazón estaba a punto de estallarle dentro del pecho.
—Gracias Demi— se apresuró él a decirle, sintiendo un profundo alivio dentro de su pecho y tomándole las manos para besárselas con religiosidad.
—Estaré en la cocina por si me necesitas Miley— advirtió
Demi echándole a Nick una mirada desconfiada antes de retirarse haciendo gestos de negación con la cabeza.
—Miley, hay tanto que quiero decirte— le dijo acariciándole el rostro con ternura. Todavía tenía la otra mano oculta detrás de la espalda—. Sólo te pido que me escuches, que me dejes terminar todo lo que tengo para decir antes de tomar una decisión. ¿Por favor, me puedes hacer esa promesa? Es todo lo que te pido por ahora.
—Está bien Nick, te lo prometo.
Él sonrió al escucharla llamarlo por su nombre. ¡Le gustaba tanto como sonaba en sus labios!…
—Yo entiendo que tú me creas una mala persona, un mujeriego despreocupado al que nadie le importa…
Se oyó un bufido desde la cocina.
—Lo siento— susurró Miley—. ¡Demi deja de espiar, te hemos oído los dos!— gritó ahora más fuerte hacia el interior de la casa.
—Sólo me ahogué con el té— mintió con voz amortiguada.
—¡No lo hubieses hecho si no hubieses estado escuchando a hurtadillas! ¡Cierra esa puerta y no vale pegar la oreja a la madera!
Nick le sonrió.
—Debe adorarte— señaló con la cabeza en la dirección en la que había desaparecido Demi—, y teme que yo te lastime… No la culpo— dijo Nick acunando su mejilla—. He sido el peor hombre de todos— y aquí aguardó un momento por si se oían nuevos bufidos, pero al parecer ahora Demi los reprimía muy bien. Entonces Nick continuó hablando—. Pero no lo entendí hasta hace poco. Yo… Yo nunca había sentido lo que siento por ti Miley.
—Ya hablamos de eso hoy— interrumpió.
—Prometiste dejarme hablar— él la silenció con un dedo sobre los labios y aprovechó a recorrerlos de una comisura hasta la otra. 
Adoraba esos labios.
—Bueno, habla entonces— dijo entrecerrando los ojos, embriagada por esa sutil caricia.
—Hace un tiempo que vengo sintiendo cosas extrañas por ti, aún antes de la fiesta y después de eso, antes de averiguar que la mujer misteriosa eras tú.
—No se si puedo creerte eso Nick.
—Y no te culparía si no lo hicieras, pero te juro que es la verdad— se sinceró—. Yo creía que sólo era lujuria, o tal vez no estaba preparado para afrontar el verdadero significado de lo que había empezado a sentir por ti.
—¿Y qué es eso que sientes por mí Nick?—preguntó esperanzada y rogando no estar dormida y que todo eso no fuese más que un sueño.
—Todo empezó de pronto… ¿Sabes que día?— le preguntó. A lo que ella respondió negando con la cabeza—. El día de la presentación de los maquillajes.
—¡Pero si ese día saliste corriendo a acostarse con la señorita Evans!— bufó—. Lo recuerdo bien Nick… Era el día de mi cumpleaños, tú estabas conmigo y de pronto me ordenaste volver a llamarla para planificar la cita que habías cancelado horas antes.
—¡Lo hice en un arrebato, porque no entendía que era lo que me sucedía! A tú lado me sentía inquieto, nervioso cómo un adolescente— se justificó—. Miley todo eso era nuevo para mí y no podía comprender que era algo bueno.
Ella revoleó los ojos al techo. Un gesto claro de incredulidad y Nick supo que sería una tarea difícil y hasta ahora no había logrado hacerlo muy bien que digamos.
—Después de los tres días más extraños de mi existencia llegó el baile, y allí no me sentí normal en lo más mínimo. En cuanto te descubrí ya no me importó nada de lo que había a mí alrededor. Sentí algo intenso…
—¡Si, dentro de tus pantalones!
—¡En mis pantalones bulló un infierno!, para que negártelo. Pero también fue aquí Miley— imitó el gesto que ella había hecho antes en la oficina, apoyando la mano de ella sobre su corazón— Aquí, en lo más profundo de mi pecho.
—Te pido que no me mientas Nick. Yo escucharé lo que tengas para decirme, pero sólo habla con la verdad, por favor.
—Nunca hablé con tanta verdad Miley, nunca— El acarició la mano de ella sobre su pecho—. Te habías instalado aquí, sólo que no fue hasta hoy que lo percibí… Cuando saliste de mi oficina me encontré hueco, vacío… Y comprendí que ya no quería la vida miserable que había llevado hasta ahora. Esa vida me resulta ahora sin sentido… ¿Lo entiendes Miley?
—No lo se…
—Me enamoré de ti Miley Cyrus. Me enamoré de la mujer que se escondía detrás de un antifaz y me enamoré de la mujer que se escondía bajo esos horrorosos trajes holgados— le dijo sonriendo—. Y ya no concibo mi vida si no es a tu lado.
—¿Lo dices sinceramente Nick?— los ojos de ella estaban vidriosos por la emoción—. No quiero sufrir Nick… — era casi una súplica—. ¿Qué es realmente lo que tú intentas decirme?
—Quiero decirte que te prefiero a ti, solo a ti y a ninguna otra— le tomó el rostro con una de sus manos y la miró a los ojos—. Te estoy diciendo que no quiero que te alejes de mí y te estoy pidiendo que seas mi esposa Miley Cyrus… Porque yo te amo.
   Miley lo miró a los ojos. Ella siempre había creído que en los ojos de una persona se podía leer la verdad, y si su poder de observación, su intuición y su enloquecido corazón no se equivocaban, ella podía jurar que en la mirada de él no había ni un ápice de mentira… Era eso, o era el desenfrenado anhelo que sentía por que así lo fuera.  Tenía miedo de jugarse, miedo de creer en él y que después él la defraudara. ¿Valía la pena que se arriesgara a sufrir, a terminar con el corazón roto?… 
Entonces recordó: que si no hubiese decidido jugarse con un gran cambio una vez no estaría ahora en ese lugar. En la puerta de su departamento, frente a Nick Jonas y que él no estaría ahora ofreciéndole una cajita de joyería, que ella intuía contenía un anillo, ni un ramito de nardos… (Al menos no eran rosas), apuntó con una sonrisa cargada de lágrimas… Además, aunque Miley lo hubiese intentado, no hubiese sido capaz de decirle que no a Nick Jonas…
—¿Miley? ¿Aceptas ser mi esposa o me torturarás mucho tiempo más intentando deducir si me dirás que sí o si me harás comer los nardos uno a uno?— le preguntó acercándose más a ella. Casi rozándole los labios con los suyos.
—Si Nick— se lanzó a sus brazos, rodeándole el cuello con los suyos—. ¡Claro que acepto ser tu esposa!
¡Gracias Señor!, suspiró Nick aliviado.
—Te amo Miley— la abrazó con fuerzas. Necesitaba aferrarse a ella y ya nunca más soltarla—. ¡Cielos, no sabes cuánto te amo!
—Yo también te amo Nick.
La besó en la boca. Recorriendo con su lengua sus labios por dentro y por fuera. Le mordisqueó el labio inferior y después la saboreó intensamente.  A Nick, ese beso le sabía dulce, a fruta madura. Le sabía hermoso e increíblemente sagrado.  Era la primera vez que besaba con amor y también era la primera vez que se sentía amado. Le gustó la sensación y secretamente le rogó al cielo para que ese amor profundo que se había encendido en ellos no se extinguiera jamás…

"Die Frau hinter der Maske" Cap 27





Miley llegó a su departamento cargada de angustia. Porque por más que lo intentara, no podía evitar sentir ese dolor estrujándole el pecho y los ojos borrosos de tan cargados de lágrimas como estaban. 
Se dirigió directamente a su cuarto. Quería evitar a su hermana que en ese momento se oía canturreando en la cocina. Miley dejó la cajita con sus artículos sobre la cómoda y buscó ropa en el clóset para darse una ducha. Quería arrancarse el olor de Nick que permanecía pegado a su piel. Aunque cuando estaba finalmente bajo la regadera y ya había enjabonado varias veces su cuerpo, empezó a sospechar que ese olor permanecería grabado en ella por el resto de sus días. Que nunca lograría desterrarlo de su piel por completo. Entonces Miley se dejó caer en la bañera. Se sentó con las piernas flexionadas y abrazándose a sus rodillas y se permitió llorar. Lloró por todos sus sueños y por aquellos bellos momentos que habían sido reales. Y lloró más aún, porque cada instante ya había quedado atrás y no se repetiría… Pero más que nada lloró porque a pesar de todo, ella amaba profundamente a Nick Jonas y le desgarraba el corazón saber que no volvería a verlo.
—¿Miley?— se oyó la voz de Demi a través de la puerta y unos golpecitos en la madera—. ¿Miley te sientes bien?
—Si Demi— inspiró hondo antes de proseguir—. Saldré en un momento. En cuanto termine de tomar una ducha.
—¿Pero te sientes bien? ¿Por qué has vuelto temprano de la oficina y ni siquiera me avisaste que habías llegado? ¿Puedes creer que por un momento creí  que teníamos ladrones? Pero después escuché la ducha y asumí que serías vos. No creo que de entrar un ladrón se pusiera a darse una ducha, ¿no?
—Tranquilízate Demi, sólo soy yo y estoy bien. O al menos lo estaba hasta que tú te has puesto a hablar sin detenerte y ahora mi cabeza si que parece a punto de estallar— masculló.
—Te prepararé un té de hierbas y te sentirás mejor.
—Lo que tú digas Demi— dijo desganada.
—Todavía no me has dicho porque has vuelto temprano— preguntó de cara a la puerta del cuarto de baño.
—Renuncié.
—¡Si sigues tirándome las noticias fuertes de ésta manera tan abrupta lograrás matarme de un ataque!— la reprendió Demi, a quien le había faltado poco para caerse de culo al suelo. 
Sólo se oyó una risita sin humor del otro lado.
—¿Algo que quieras contarme? Porque asumo que todo esto tiene que ver con tu jefe, ¿no es así? ¿Acaso ha vuelto a las andadas y se acostó con otra mujer frente a tus propias narices?
—Si, con Miley Cyrus.
—¡Maldito cretino muje…!— se detuvo abruptamente—. ¿Qué has dicho? ¿Miley Cyrus? ¿Me estás tomando el pelo?— inquirió a la puerta y ya con muchas ganas de derribarla.
—No, no te estoy tomando el pelo— Miley abrió la puerta y su hermana casi cae de bruces dentro del baño—. Nick Jonas sedujo a su secretaria y la muy idiota no supo como resistirse— se alzó de hombros con una sonrisa un poco triste.
—¡Sigue siendo un descarado!— exclamó enfurecida—. ¿Acaso él no estaba obsesionado con la mujer del antifaz? ¡Es un maldito mujeriego puesto que así y todo te sedujo a ti! 
—Técnicamente somos la misma persona— dijo alzándose de hombros.
—¡Pero él no lo sabe Miley!
—Debo corregirte en eso. Nick se acostó conmigo sabiendo que yo era ella, la mujer de la fiesta.
—¿Él te lo ha dicho? ¿Pero cómo lo ha averiguado?
—¡No lo se Demi! Supongo que me debe haber mirado un poco más detenidamente y así dedujo el misterio. Con mi nueva apariencia no era difícil que alguien descubriera la verdad.
—No, supongo que no. Cada día te pones más hermosa.
Miley se había vestido con unos jeans y una blusa de hilo de color rosa pálido que le sentaba maravillosamente. Con el cabello suelto y las nuevas gafas de montura liviana estaba divina, notó su hermana que la miraba satisfecha con el cambio logrado.
—¿Ese maldito caradura te ha votado del trabajo?
—No, yo he renunciado… Bueno, todavía no he enviado el telegrama de renuncia, pero le he dicho que se lo haría llegar mañana.
—¿Él quería que te fuera? ¿Es por eso que decidiste renunciar?
—No Demi. Es extraño, pero me daba la impresión de que Nick no quería que yo me fuese… Pero yo no podía permanecer allí…— tomó asiento en la cocina y aceptó la taza caliente de té.  Puede que Nick esté interesado en la novedad, pero tarde o temprano volverá a sus modelitos y yo no quiero estar allí para verlo.
—Si, creo que tienes razón… Y después de todo, yo he vivido insistiendo que renuncies a ese trabajo… Pero ahora, no se Miley, no quiero verte tan triste…
—Ya se me pasará— descartó el tema haciendo un gesto con la mano—. Ahora preferiría no hablar más de esto.
—Como tú quieras hermanita… pero sabes que estoy aquí por si me necesitas, ¿eh?— la besó en la mejilla—. No dejes que se enfríe tu té—señaló la taza con la cabeza—. Es más efectivo si lo bebes caliente y le he puesto un poquito de miel.
Dos horas más tarde, cuando las hermanas todavía permanecían en la cocina conversando de cualquier tema y siendo excesivamente cuidadosas de no nombrar ni al baile de máscaras, ni a Jonas Publisher o a su dueño, sonó el timbre de la puerta.
—Quédate, yo atenderé— Demi le hizo una seña a su hermana menor para que no se levantara de la silla y fue a atender la puerta. Cuando abrió, casi se cae de espaldas.  Frente a ella estaba, y sin exagerar, el hombre más guapo que podría existir, o al menos el más apuesto de Nueva York seguro que sí. Alto, atlético y sumamente masculino. Debajo de su traje elegante se adivinaban los músculos trabajados después de arduas jornadas en un gimnasio. Llevaba el cabello negro muy corto y los ojos, del mismo color, eran profundos y expresivos. Y la boca… ¡Cielos! Esa boca de labios llenos estaba hecha para besar, pensó Demi. Conocía a ese hombre. Ya lo había visto en varias oportunidades al acompañar a Miley al trabajo y claro que también lo había visto fotografiado en las revistas. En revistas de negocios, porque era uno de los ejecutivos más exitosos del momento y en otras revistas, esas de cotilleos. ¡Y allí si que no era ningún honor que hubiese salido!… En fiestas y siempre rodeado de rubias larguiruchas. Nadie negaría que él fuera súper buen mozo y tampoco sería Demi Cyrus la primera en decir lo contrario. Aunque tampoco era el espécimen masculino que a ella podría gustarle, preferías rasgos más dulces, no tan recios y si eran portados por un intelectual, mucho mejor. Además, él siempre le había caído bastante mal… Era imposible confundir a Nick Jonas, y ese era el hombre que del otro lado de la puerta, con un ramo de flores en la mano, le sonreía a Demi.
Demi frunció el ceño.
—¿Si?— le preguntó secamente.
Después que Miley hubo salido de la oficina, Nick se había dejado caer en su sillón totalmente abatido y sin saber que hacer. Ella lo había dejado y él sabía, por lo que le había dicho antes de partir, que era porque ella lo amaba. No había pronunciado esas palabras, pero sí se lo había dado a entender… Y Nick Jonas, nunca antes se había enfrentado al amor… Nunca le había preocupado que una mujer lo amara, ni tampoco él había amado… Pero ahora, con Miley… Esto era algo nuevo para él y aunque le asustaba un poco, descubrió que no se sentía tan mal… Si bien cuando ella había desaparecido detrás de la puerta él había sentido que le faltaba el aire y ¿qué habían sido esas tontas ganas de llorar que de repente lo habían asaltado? ¿Nick Jonas derramando alguna lágrima? ¡Ni siquiera en el funeral de su padre había llorado! Pero ahora había tenido que hacer un gran esfuerzo para retenerlas en sus ojos.
  Intentó imaginarse su vida sin Miley, tal como había sido su vida hasta hacía poco más de dos semanas, y no le fue posible. Veía una vida vacía. De fiesta en fiesta y rodeado de bellas mujeres… Y ya no le pareció una buena vida, ni una vida divertida. Intentó algo más. Visualizó a sus anteriores amantes, o a unas pocas, porque habían sido tantas que no podía recordarlas a todas. Y no pudo sentir absolutamente nada por ninguna de ellas. Se recordó su habitual forma de comportarse. Mujeriego, despreocupado… Y sintió asco de si mismo. Entonces buscó en su cabeza el rostro de Miley y un puñetazo le dio de lleno en el corazón. La imaginó sonreír y supo que una sola de sus sonrisas serviría para hacer completa su vida. Fue entonces cuando Nick Jonas comprendió que él había cambiado y que no quería a varias mujeres a su lado, que no quería a otras mujeres. Él sólo la quería a ella… La quería ahora, la quería en su vida y la quería para siempre… Sólo a Miley Cyrus…
  Nick había saltado de su sillón con una sonrisa dibujada en su rostro. Había buscado ropa decente porque a la que tenía puesta le faltaban algunos botones. Siempre tenía alguna muda en la oficina, así que se dio una ducha rápida y se vistió lo más elegante posible. Tenía que estar presentable, se había dicho. ¡Un hombre no todos los días hacía lo que él iba a hacer ese día!... Sólo una vez un hombre cómo él era capaz de entregarle a una mujer su corazón. Nick había buscado en el legajo la dirección de su secretaria y después había salido de Jonas Publisher ante la curiosa mirada de sus empleados sin decirles una sola palabra. Por los cuchicheos que oyó a sus espaldas dedujo que ellos sabían algo de lo sucedido y ahora especulaban. Les restó importancia. Había llegado hasta el estacionamiento sin perder tiempo, montado en su auto y solo se había detenido dos minutos en una florería y en otro comercio más de camino al departamento de Miley.
—Me gustaría llevar un ramito de nardos— había dicho él a la florista que en ese momento recortaba los tallos de unos lirios.
—¿No preferiría el señor un hermoso ramo de rosas?— le había preguntado la mujer, señalando las flores rojas.
—¡No por Dios! ¡Ella me torturaría clavándome cada una de las espinas!... Ella odia las rosas— aclaró con una sonrisa a la florista que lo miraba cómo si le hubiesen crecido monos en la cara—. Y yo también— agregó convencido de que no volvería a enviar un ramo de rosas, ni a pronunciar la palabra increíble, nunca en su vida. Con su ramito de perfumados nardos había seguido camino y las ruedas lo habían llevado hasta el edificio de su secretaria. Durante  el trayecto en ascensor y mientras aguardaba que atendieran su llamado, el corazón parecía habérsele trasladado a la garganta.
Hasta que se abrió la puerta…


miércoles, 30 de mayo de 2012

"Die Frau hinter der Maske" Cap 26





Ella se había entregado a sus toques. Era la imagen misma de la lujuria. Su cabeza descansando sobre el respaldar del sillón, la camisa abierta y sus pechos sacados fuera de la prenda de encaje, cubiertos por una de las manos de Nick. La falda ya había quedado a la altura de la cintura y sus caderas se movían acompasadas al ritmo que los dedos de Nick marcaban dentro de su coño enfebrecido. Desde muy lejos, le llegó a Miley el recuerdo de cual era la decisión que ella había tomado, absolutamente contraria a lo que estaba haciendo. Inspiró hondo y tomando fuerzas, vaya a saber uno de dónde, apartó las manos de su jefe y algo tambaleante se puso de pie.
—Yo, yo… Esto, eh, esto…— ninguna frase coherente le salía—. Lo siento señor Jonas, no, no…— ella intentaba acomodar su atuendo.
Él se lo impidió tomándole las manos.
—Miley, creo que ya va siendo tiempo de que me llames Nick— le dijo él con una sonrisa seductora mientras la giraba para ponerla frente a él y la atrapaba entre su cuerpo y el escritorio. 
—Lo siento señor Jonas… Eh, Nick— corrigió ante el gesto de reprimenda que él le había hecho—. Debo irme, debo irme ahora.
—No Miley, no te vayas— le rogó él besándola en el cuello y en la oreja. Cuando el beso llegó a la boca, Nick sintió como el cuerpo de ella cedía entre sus brazos.
Profundizó el beso, recorriendo con su lengua los recovecos de la boca de ella. Degustando su sabor suave y algo dulce, delineando el contorno, resiguiendo la línea de los dientes y volviendo después a jugar con la lengua de ella, dibujando remolinos a su alrededor. Rodeándola por la cintura la sentó en el borde de la mesa de vidrio y le separó las piernas para acomodarse entre ellas.  La boca de Nick fue descendiendo por la barbilla y el cuello. Se detuvo en la gloria de los senos de Miley, y si hasta ese momento pudiese haberle quedado alguna duda acerca de si ella era o no la mujer del antifaz, cosa que no sucedía, entonces esa duda inexistente se hubiese desvanecido. Porque Nick podía jurar que solo una vez más había probado un par de pechos como esos y había sido en el baile de máscaras. Se llenó la boca con ellos, porque le encantaba hacerlo. Lo volvía loco sentir esa carne turgente entre sus labios, la dureza de esas puntas color té con leche entre sus dientes. Su sabor y su olor lo volvían salvaje. Lo convertían en un animal en celo.
Su boca siguió trazando un camino húmedo por el abdomen de Miley, pero alguna de las manos de Nick nunca abandonaba del todo las cumbres de esas curvas infartantes. La lengua de él se hundió en su ombligo y poco después se encontró saboreando la calidez vibrante entre las piernas de Miley. Ella le sostenía la cabeza, enredaba sus dedos en el cabello corto de su jefe. No sabía si para apartarlo o para empujarlo más cerca de su cuerpo. Ya no tenía la fuerza de voluntad de alejarse, estaba perdida. Gemía de deseo. Abrió más sus piernas y arqueó sus caderas hacia él, ofreciéndole su carne hinchada y pulsante, bañada del elixir lujurioso que manaba desde su centro. Él estaba hambriento, ávido por probarla y no se contentaba con poco. Lo quería todo. La lamió y la mordisqueó antes de penetrarla con la lengua para saborearla más profundamente y después la reemplazó por dos dedos que le arrancaron a ella jadeos desesperados. El pulgar de Nick masajeaba el pequeño brote, logrando con cada toque magistral, que respondiera hinchándose y excitándose  salvajemente.  Rebuscó el cierre de sus pantalones. El deseo bestial que se había apoderado de él le  había vuelto esa mano un poco torpe. Era eso o que la cremallera se había atascado. Su endurecido pene rugía por ser sacado de su prisión de telas. Dio un tirón violento y el cierre por fin cedió liberando la enorme vara rígida, ardiente. Nick volvió a ponerse de pie entre las piernas de Miley y restregó la cabeza de su viciosa polla en la entrada del resbaladizo coño. La deseaba. La deseaba como nunca antes había deseado a otra mujer en toda su vida. La deseaba con cada fibra de su cuerpo, con cada gota de su sangre y también con cada latido de su corazón. Miley Cyrus, ese era su condenado nombre, pensó Nick, ¡Y vaya momento para por fin recordarlo!, era la mujer de la cual no deseaba separarse jamás.
Ya no podría vivir sin ella, comprendió. 
Nick besó a Miley con devoción en su boca y con su miembro exaltado la penetró profundamente. No hubo tiempo para un ritmo pausado, los dos se sentían desenfrenados, fogosos. Miley deshizo el nudo de la corbata de Nick, quería desabotonarle la camisa. Logró soltar algunos, pero otros de los pequeños botoncitos resbalaban de sus dedos. Dio un tirón a la tela, provocando que éstos saltaran por los aires. Quería sentir la piel de él sobre la piel de sus pechos, quería rozarse contra ese cuerpo caliente, sentir su temperatura, olerlo, probarlo. A tientas pudo lograr desnudarle completamente el torso. Nick era puro músculos brillantes de sudor. Miley enredó sus piernas alrededor de las caderas de él, alzándose para darle mayor acceso a su cuerpo libidinoso y desenfrenado. Y se entregó por completo al único hombre que había amado de verdad en su vida. Le entregó todo lo que él quisiera tomar y también le ofreció en una bandeja a su corazón enamorado. Miley alcanzó primero el orgasmo, aferrándose hasta con las uñas a los hombros de su jefe y amortiguando sus gemidos dentro de la boca de él cuando las paredes de su vagina se contrajeron en espasmos violentos de puro goce, dejándola laxa sobre el frío vidrio ahumado de la mesa del escritorio. 
   Nick la siguió en segundos, sacudiéndose en convulsiones cuando derramó dentro de ella hasta la última gota de su simiente.
—¡Buen Dios! ¡Miley, ha sido increíble!— le dijo él aflojándose sobre ella y buscándole el cuello para mordisquearlo.
¿Increíble?... Palabra equivocada esa que pronunció el señor Jonas. ¡Increíble!... El calificativo que Nick siempre había usado para describir cada una de las noches que había pasado con sus amantes. Miley le dio un empujón y saltó del escritorio. Sin decir palabra ni ponerse histérica, se abotonó la blusa y acomodó su falda.
—¿Miley que te sucede? Recién lo estábamos pasando increíble y ahora te has puesto así— dijo él también acomodándose la ropa, o todo lo que una camisa sin tres botones puede llegar a adecentarse.
Y allí iba otra vez con lo de increíble…
—Nada señor Jonas…
—¿No vas a seguir llamándome señor Jonas, verdad?— quiso abrazarla, pero ella se escabulló hacia el otro lado de la oficina—. ¿Hasta cuando vas a seguir con este jueguito mujer?— volvió a aproximarse a su secretaria cortándole el paso.
—¡Quiero irme!— exigió ella.
—¡De ninguna manera! No vas a volver a huir de mí.
—¿Volver? ¿A qué se refiere cuando dice volver a huir?
—A que ya se que eres tú la mujer que se ocultaba detrás del antifaz Miley— Nick había hablado con firmeza, sin siquiera dudar.
Ella se puso rígida y comenzó a temblar de nerviosidad.
—¿Lo sabe?— preguntó con voz ahogada— ¿Antes de…?— señaló el escritorio— ¿Ya lo sabía? 
—Si, ya lo sabía… Te escapaste de mí en el baile de máscaras y ayer también me evadiste al cortar la comunicación, pero no voy a permitir que te vayas ahora Miley… ¡Tú me enciendes mujer! Mira lo que provocas en mí— le tomó la mano y se la apoyó sobre la entrepierna, dónde su amiguito ya volvía a despertarse.
 —Por eso es que no voy a quedarme señor Jonas. Porque yo sólo le provoco esto— aumentó la presión de su mano, restregándola adrede sobre los pantalones, donde el potente tronco cambiaba de tamaño y se tornaba duro bajo sus toques—. Lo caliento, sí. Pero no es diferente de lo que puede enardecerlo cualquiera de sus otras amantes… ¿Increíble dijo? ¿Acaso con cada una de ellas no había pasado noches increíbles también?
 —¿Me negarás que tu estabas disfrutando también?
—No claro que no, pero es distinto… Usted me excita y de ninguna manera voy a negárselo porque le estaría mintiendo descaradamente. Pero lo que usted provoca en mí solo puede despertarlo usted y no empieza entre mis piernas, empieza aquí— colocó la mano de él sobre su corazón—. ¿Puede ver la diferencia?
No le dijo que lo amaba, ¿Hacía falta?
Él había quedado sin palabras ante semejante revelación.
Ella ya estaba junto a la puerta, cuando habló sin girarse.
—Ya sabe dónde enviarme el ramo de flores, señor Jonas. Mañana recibirá usted mi telegrama de renuncia.
Miley recogió con rapidez sus pertenencias y salió de Jonas Publisher convencida de que estaba haciendo lo correcto. Si se quedaba allí era inevitable que terminaría con el corazón destrozado. ¿Acaso le quedaba algún trocito sano?, se le ocurrió pensar.  En tal caso, ni corazón le quedaba, porque como una estúpida se lo había entregado al único hombre que jamás aceptaría un regalo así de buena gana.
Miley suponía que en uno o dos días Nick volvería a sus correrías con modelitos, pasando su aventurita atípica con “la mujer misteriosa —su secretaria” al olvido, igual que habían quedado atrás todas sus otras “noches increíbles”. Porque… ¿Qué podía tener ella de especial para que esta vez para él fuese diferente?
Nada, era la respuesta que Miley se repetía una y otra vez. Puede que ahora ella fuese una bonita mujer, sexy y seductora, pero Nick Jonas había estado con mujeres hermosísimas y mucho más sexy y que hacían de la seducción un culto, y sin embargo, a todas las había descartado. Y ella no sería la excepción…


"Die Frau hinter der Maske" Cap 25





—Ese es el encabezado de la carta— respondió haciendo caso omiso a la cara de terror de ella—. Es para la mujer del baile de máscaras— completó él.
—Pero señor Jonas— protestó ella—. ¿Y a dónde piensa enviarla? Tengo entendido que usted no tiene ni su dirección ni su número telefónico… Me lo ha dicho ella hoy— agregó para justificar sus amplios conocimientos con respecto a ese tema.
—Bueno Miley, si vuelve a llamar, usted simplemente le lee la carta y ya. De todas formas, estoy seguro que tarde o temprano a ella le llegará lo que quiero decirle.
Para qué seguir insistiendo. Si a él lo hace feliz escribirle, pues bien, que lo haga, decidió la muchacha.
—Entonces…— dijo con un suspiro cansado—. Hermosa mujer misteriosa…— repitió en voz alta mientras tecleaba.
—Hermosa mujer misteriosa…
—Ya escribí eso— le dijo en tono de fastidio.
—Ya lo se Miley, sólo estoy retomando desde dónde había quedado antes que usted me hubiese interrumpido— y sólo para fastidiarla volvió a repetirlo, pero esta vez arrastrando las sílabas, acariciando cada letra cómo si en realidad la estuviese acariciando a ella—. Hermosa mujer misteriosa: No puedo dejar de pensar en ti— continuó—. Me visitas en cada uno de mis sueños y durante el día me tienes obsesionado buscándote en cada mujer.
Miley tragó saliva. ¿Realmente ella había logrado eso en él?
Entonces se corrigió, no había sido ella, Miley Cyrus… Había sido la mujer del antifaz, la del vestido azul hielo.
—Ardo de deseos por volver a acariciarte, sentirte junto a mi cuerpo… Mi polla clama por hundirse profundamente en la humedad de tu sexo otra vez… Por sentirte estrecha, resbaladiza, caliente para mí.
—Señor Jonas, yo… Yo no puedo escribir esto— pronunció las palabras de manera entrecortada, casi jadeante.
—¡Vamos Miley! ¿Acaso no quieres saber lo que ella es capaz de despertar en mí, cómo consigue endurecerme?
—No. ¿Por qué mejor no lo escribe usted?— ella no quería ni mirarlo. No quería delatarse.
Nick se puso de pie y rodeó el escritorio. Estaba detrás de ella fingiendo leer la pantalla.
—Vas muy bien Miley. Además quiero que seas tú la que lo escriba, para que puedas decírselo a ella…  Para que puedas contarle cuanto ansío besar la suave piel de su cuello— ronroneaba.
El aliento caliente de él junto a su nuca enviaba escalofríos a toda su columna. Nick estaba muy cerca, peligrosamente cerca. Miley sentía su calor, su perfume. Podía jurar que hasta oía el bullir de su sangre, ¿o era la de ella agolpándose en sus oídos?
—Dile que muero por lamer aquí— la rozó con las puntas de los dedos—. Justo aquí, dónde late su pulso y percibir bajo mi boca el momento exacto en el que el ritmo se acelera, se hace más fuerte. El pulso de Miley ya era frenético. El corazón bombeaba enloquecido, como a punto de estallar.
—Dile que quiero enredar mis dedos en su sedoso cabello— y diciendo esto le quitó a ella los palillos de madera con los que sujetaba el rodete. Una cascada de matices castaños se derramó sobre sus hombros.
Nick tomó un mechón y lo frotó entre sus dedos, después hundió su nariz en la espesa cabellera aspirando el olor a vainilla.
—Miley— susurró a su oído—. Dile que voy a enloquecer si no desabrocho uno a uno los botones de su blusa.
Nick iba haciendo en ella todo lo que decía.
Miley no podía reaccionar. Sabía perfectamente bien que tenía que para eso, que tenía que detener a su jefe. Levantarse de ese sillón y salir por esa puerta y no detenerse hasta llegar a su departamento.  Sabía que eso era lo que tenía que hacer, y no, excitarse cómo estaba haciendo. No, dejar que él le sacara los pechos fuera del sujetador como estaba haciendo ahora y definitivamente no, dejar que él los acariciara de esa manera. Envolviéndolos en sus fuertes manos, tironeando suavemente de sus pezones hasta dejarlos duritos y erguidos. Miley sabía que tenía que descruzar las piernas y echar a correr. Pero las mantuvo fuertemente apretadas hasta que él se inclinó sobre su espalda y tomándola de las rodillas, se las separó.
—Miley— siguió él dictando una carta que ya nadie escribía—. Dile que nada me haría más feliz que acariciar sus piernas y enterrarme entre sus muslos— Sus manos ascendieron subiendo la falda en el camino hasta alcanzar la zona pulsante bajo las bragas—. Eso es Miley, así— la alentó él junto al oído con voz ronca.




domingo, 6 de mayo de 2012

"Die Frau hinter der Maske" Cap 24




Mientras ella le hablaba él solo se concentraba en la forma caprichosa de esa boca. En el labio inferior que era más lleno y que él deseaba atrapar entre sus dientes, en la curva que formaba una especie de piquito en el labio superior y que él ansiaba delinear con la punta de su lengua…
—Su hermano Joe necesita que le preste otra vez la camioneta— había dicho ella sacándolo de su ensoñación.
—¡Terminaré regalándosela sólo para que deje de pedírmela cada dos días!— refunfuñó Nick.
—Y… Eh…— dudó ella.
Miley había estado pensando que hacer con Nick Jonas y había decidido que lo mejor para su salud mental y para su corazón era mantenerse alejada de él, en lo que a relación personal se refería. Todavía creía tener un punto a favor y era que él ignoraba su identidad, se encargaría de mantener eso así y hacer que él se olvidara de la mujer del baile de máscaras.
—¿Si?—inquirió él—. ¿Algún otro llamado que sea realmente muy importante como para mantenerme alejado de mí mullido sillón durante mucho tiempo más?
—Telefoneó una mujer…— había vuelto a sonrojarse.
—No me interesa— respondió él girando sobre sus talones para dirigirse a su despacho.
—Dijo que era la mujer del baile de máscaras— soltó ella y la voz le salió un poco chillona.
Nick se detuvo abruptamente y volvió sobre sus pasos.
—¿Ella telefoneó?— clavó sus ojos en el rostro de Miley para observar cada una de sus reacciones—. ¿Y que ha dicho?
—Eh…— desvió la mirada—. Ha dicho que no volverá a llamarlo nunca más y que quiere que usted se olvide de ella— mintió.
Ella mentía y Nick lo sabía.
—En dos minutos en mi oficina Miley, tiene que redactar una carta urgente— ordenó él apuntándola con el dedo—. ¡Dos minutos!
Nick no podía entender porque ella se empeñaba en evitarlo y en querer sacarlo de su vida. Pero de algo estaba seguro y eso era que él se lo impediría. 
Miley C…, cómo fuera su apellido. Porque… ¡Qué lo condenaran!, pero nunca podía recordar el endemoniado nombre. ¡No se libraría de él! 
La mujer lo había embrujado con sus encantos y ahora quería descartarlo. ¡Pero no señor Nick Jonas estaba resuelto a darle a ella un poco de su propia medicina… La seduciría, la enloquecería, hasta que ella le rogara a él que no se apartara de su lado jamás. Entre pensamiento y pensamiento habían pasado los dos minutos que él había exigido y allí estaba ella frente a su puerta, cargando una bandejita con dos tazas de café y su laptop.
  El día estaba caluroso, por lo tanto, Miley había descartado la chaqueta en el perchero de su cubículo. Se había quedado sólo con la camisita ajustada, que llevaba con los dos botones superiores desprendidos. La fina tela traslucía sus redondos senos apenas cubiertos por un sexy sujetador blanco de encajes. Nick estaba en su confortable sillón detrás del escritorio. ¡Y mucho mejor que la mesa lo cubriera un poco!, sino Miley saldría como un rayo por esa puerta al descubrir lo que en él había provocado, se le ocurrió pensar…
O tal vez no…
—Siéntese— le ordenó señalando el sillón frente a él.
Ella obedeció, le entregó a Nick una de las tazas y se quedó ella con la otra. Acomodó el ordenador portátil y después abrió un documento de Word. Él había dicho que debía redactar correspondencia y siempre utilizaban ese formato para hacerlo.
—Ya estoy lista señor Jonas.
—Bien— dijo él y una sonrisa algo diabólica se le había dibujado en los labios— Empiece a escribir lo que le voy dictando— se reclinó en el respaldar cómodamente. 
Desde allí tenía una vista deliciosa del rostro de su secretaria y de una muy, pero muy buena parte de su torso y con solo bajar la mirada, sin hacer ningún otro movimiento, tenía un plano magnífico de las piernas enfundadas en medias de seda y calzando zapatos de tacón.
—Hermosa mujer misteriosa— empezó él.

—¿Qué?— preguntó ella alarmada.


"Die Frau hinter der Maske" Cap 23





Entonces Nick  cerró los ojos y dejó que su mente vagara por la mujer enmascarada, intentando compararla con los rostros y cuerpos de las mujeres que conocía.  Intentó asociar la voz, las cosas que ella había dicho, el perfume vainillado, el sonido de su risa. Los ojos, la boca…, la inteligencia… Las sensaciones que ella era capaz de despertar en él… Todo eso sólo coincidía con una mujer…
Casi llora de alegría… 
¡Tiene que ser ella! ¡La tuve siempre delante de mí! ¿Cómo diablos pude ser tan ciego?, se reprendió.
—Miley
Nick quería correr a buscarla y había estado a punto de hacerlo. Había tomado las llaves de su auto y ya estaba junto a la puerta de salida de su residencia, pero entonces pensó en frío. Si Miley es la mujer del baile de máscaras, ¿porque me negó que la conociera?  ¿Será que a  ella yo no le intereso?... Aunque también dijo que temía decepcionarme… Su secretaria lo conocía mejor que nadie y sabía de cada uno de sus amoríos y la manera de actuar de él después. Era lógico que  ella se negara a revelarle su identidad y exponerse a ser tratada de la misma manera… Recapacitó mientras volvía al sofá.  Por otro lado, suponía que ella no lo tendría en muy alta estima sabiéndolo un mujeriego descarado… Además, y suponiendo que sí había encontrado a la mujer de la fiesta, ¿qué haría? ¿Proponerle matrimonio? Eso no era algo que Nick Jonas pudiese decidir así cómo así. ¿Ser capaz de serle fiel a una mujer? ¿Permanecer el resto de su vida sólo con una? ¿No volver a tocar a ninguna modelito infartante? Aunque también se encontró dándose cuenta que las modelitos ya no le resultaban apetecibles, pero Miley si… Tendría que manejarse con cuidado, paso a paso, decidió. No iría a buscarla ahora, esperaría a mañana y observaría a su secretaria. La compararía con la mujer del antifaz hasta asegurarse de que era ella y después, porque por hoy ya era demasiado, decidiría que hacer con ella.
 Esa mañana, Nick Jonas desde que ingresó a Jonas Publisher, no hizo más que mirar a su secretaria. Clavó sus ojos en ella mientras recorría el pasillo hasta su oficina y fue testigo del momento exacto en el que ella se percataba de su presencia y se dedicaba a mirarlo disimuladamente y Miley, acostumbrada a su indiferencia, no había notado que era observada por ese par de ojos Marrones que tanto la atormentaban en sus sueños más secretos.
—Buenos días Miley— le dijo él con un tono sensual que jamás había usado con ella y que inmediatamente envió a la mujer una ola de excitación a lo largo de su cuerpo hasta la punta de los dedos de sus pies.
—Buenos días señor Jonas— respondió ella intentando ocultar las mejillas que sintió, se le habían encendido al recordar la llamada telefónica del día anterior.
Miley todavía no había podido creer que ella se hubiese comportado de manera tan osada, ni que hubiese compartido un momento tan increíblemente extraño con Nick, tan íntimo.
—¿Cómo se encuentra esta mañana Miley? ¿Ha tenido una buena noche? 
Nick no había podido reprimir las ganas de soltar ese pequeño dardo. La respuesta fue un incendio en el rostro de su secretaria, que él agradeció al cielo con una secreta sonrisa. Cada una de esas pequeñas señales le confirmaba cada vez más que no se había equivocado, que era ella…
—Si —tragó saliva, las palabras de repente se le habían atascado en la garganta—. Una buena noche— no fue capaz de decir más.
Él decidió no seguir torturándola. Le daría un respiro, pero sólo por unos muy escasos minutos…
—Voy a necesitar que realice una tarea Miley—señaló despreocupadamente mesando su cabello corto—. La espero en mi oficina en cinco minutos y si quiere, puede traer café para los dos.
—Eh… ¿En su oficina?— preguntó nerviosa. Prefería mantenerse alejada, no fuese que su cuerpo traicionero se lanzara sobre él cuando menos lo esperaba… ¡Si ahora mismo empezaban a despertarse cada uno de sus sentidos ante su impresionante presencia!
—Si Miley, en mi oficina…, justo aquí—señaló la puerta junto a la suya— reclinó su torso sobre el escritorio acercándose bastante a ella—. Después de todo, me parece que su sueño debe haberse visto perturbado— le sonrió de manera pícara—, porque la noto bastante…, eh, no se…— simuló pensar—, ¿distraída?
—No, claro que no señor Jonas— se irguió en su silla aparentando tranquilidad y ocultó las manos sobre la falda. Le temblaban terriblemente y no quería que su jefe lo notara.
—Debo estar equivocado entonces— se alzó de hombros—. La espero en cinco minutos y por favor no se demore.
—¿Desea que le pase el parte de los llamados de la mañana?— dijo en un intento desesperado de recuperar la compostura.
—¿Algo importante?— él no podría haberse mostrado menos interesado aunque lo hubiese intentado con todas sus fuerzas, claro que tampoco lo había hecho, así que era más que obvio que Miley podía guardarse la lista para más tarde.
—Los de la ropa deportiva han dicho que están muy satisfechos con las ideas que usted les propuso para la campaña publicitaria y que le dan luz verde para desarrollarlas a todas.

—Es una buena noticia, ¿algo más? 


"Die Frau hinter der Maske" Cap 22





—¡Sólo para volver a ascender!— dijo él con una sonrisa—. Te abriría más las piernas, estarías totalmente expuesta, ofreciéndote a mí. Entonces mis dedos te tocarían, ahora sí completamente.
—¡Oh Dios mío!
—¿Cómo te sentiría preciosa? Acaríciate y dime cómo sentiría tu coño si fuesen mis dedos los que ahora estuviesen en ti.
—Resbaladizo, se siente suave y húmedo… Está muy mojado, hinchado y caliente…, deseoso—dijo ella mientras deslizaba extasiada sus dedos por su feminidad.
—Penétrate con un dedo y dime cómo se siente allí dentro. Nick había acrecentado el  ritmo de su mano y toda su sangre parecía haberse acumulado sólo en su miembro que no ansiaba más que enterrarse en ella.
—Estrecho, muy estrecho. Las paredes envuelven mi dedo, lo atrapan apretándolo en su suavidad, lo estrujan. Nick apretó más la mano alrededor de su vara. Se imaginó dentro de ella, embistiendo salvajemente hasta lo más hondo y siendo chupado por ese coño libidinoso.
—Agrega otro dedo, muévelos dentro de ti. Imita el movimiento de mi verga follándote. Con el pulgar rodearía tu clítoris, trazaría círculos sobre él y volarías… Yo te tocaría con una de mis manos los pechos, los estrujaría, los metería uno a uno dentro de mi boca y mamaría hasta que estallaras de placer.
—¡Nick, Nick estoy muy cerca!
—Aumentaría el ritmo de las embestidas, te tomaría hasta el fondo, haciéndote percibir lo duro que logras ponerme. Ya estoy rígido cómo una vara de hierro y me sentirías llenándote por completo dentro de ti, me hundiría hasta la base…—llevó su cabeza hacia atrás recostándola en el respaldar del sillón y cerró con fuerza los ojos. Ya no aguantaba más, sentía pulsaciones furiosas en su polla y los temblores previos al orgasmo recorrerlo—. Te follaría hasta hacerte olvidar hasta de tu nombre— dijo en un gemido ronco.
—Nick, creo que ya no lo recuerdo— jadeó ya al límite y sintiendo cómo su cuerpo se estremecía palpitante alrededor de sus dedos.
—¡Córrete mujer, córrete ahora!—gruñó apretando los dientes.
Miley se desparramó en su cama, sintiendo sacudidas en cada terminación nerviosa de su cuerpo convulsionado.
—¡Cielos! ¡Cielos Nick!, no puedo creer que hayamos hecho esto— susurró Emma cuando algo de cordura había regresado a ella—. ¿Tú…? ¿Tú también…?
—¡Ajá!... Me he derramado en mis pantalones— confesó.
—¿Nick?— preguntó ella segundos después.
—Te escucho… Sigo aquí.
—¿Sabes por qué no tengo el valor de decirte quién soy?
—No tengo la menor idea.
—Porque tengo miedo de que al averiguarlo te decepciones.
—Eso no sucedería… ¿Todavía no te has dado cuenta de que estoy loco por ti? ¿Qué contigo me sucede algo que nunca antes me había ocurrido?
—Dices estar loco por mí porque todavía no sabes quién soy, pero cambiarás de opinión en cuanto lo sepas— dijo con tristeza—. Me conoces Nick…—le confesó—. Y nunca antes habías demostrado interés por mí.
Ni un segundo después se oyó el tono de la línea. Ella había cortado la comunicación sin decirle nada, sólo que el la conocía… En el identificador de llamada no había ningún número, sólo salía la odiosa palabra, “restringido”. 

¡Es astuta!, pensó Nick con una sonrisa forzada.