lunes, 3 de octubre de 2011

"The Wild Walk" Cap 19




Muchas opciones.
Cogió una muda de ropa por si acaso podía hacer la llamada, encontrar el vial y salir de allí mientras Nick estaba en la ducha. Era eso o pavonearse denuda y ella no estaba dispuesta a hacerlo. Sin embargo eso podría distraer a Nick, ¿no? Sonrió por el pensamiento mientras entraba al baño y abría la ducha, casi salivando cuando el vapor llenó el cuarto diminuto. Se quitó la ropa sucia y entró, dejando que el agua caliente fluyera sobre su cuerpo.
Se sentía tan bien que dejó escapar un gemido de pura alegría. Podría permanecer allí durante horas, pero tenía trabajo que hacer. Agarró el champú y se lavó el cabello, luego lo acondicionó, realmente apreciando la sensación de limpieza. Cerró los ojos y dejó que el acondicionador permaneciera allí por un minuto poco más o menos, dejando los ojos cerrados mientras el agua bajaba corriendo por su espalda.
Gritó sorprendida ante la ráfaga de aire frío cuando la puerta de la ducha se abrió. Se le cayó la mandíbula cuando un Nick desnudo entró.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó.
—Ducharme.
Ella arqueó una ceja, negándose a parecer conmocionada.
—No podrías esperar hasta que yo terminara.
Él sonrió abiertamente.
—Podría. No quiero.
Su cuerpo se sonrojó con el calor. Ésta era la razón por la que ella se había abalanzado sobre Nick diez años atrás, porque no podía mantenerse alejada de él. El señuelo. La tentación. El chico malo que tomaba lo que quería, cagándose en las reglas y buenas costumbres. Los ojos de él se oscurecieron mientras escudriñaba su cuerpo, el mensaje en ellos era claro. Había entrado aquí por ella… por sexo. La deseaba.
Apostaba que había entrado aquí para distraerla también. Para mantenerla desequilibrada. O arrullarla en cierto falso sentido de seguridad o sensación de intimidad con él. Quería ligarla, asegurar su lealtad.
Bien, hasta el deseo, hasta el sexo, el sentimiento era mutuo. Ella lo deseaba. Podía hacer esto y mantener su corazón intacto. Ella era una chica grande y sabía cómo proteger sus emociones. Este era un medio para un fin… ganarse la confianza de Nick para poder acercarse al vial. Nada más. Ella estaba ofreciendo su cuerpo para hacer su trabajo, usando todos los medios necesarios para evitar que cometiese un error colosal que lo podría meter en la cárcel por un tiempo larguísimo.
Ella tenía un plan y su plan incluía este baile con Nick. Si obtenía placer de ello… entonces era un plus. Sólo iba a ir hasta aquí… tenía límites.
—No quiero interrumpir. Sigue haciendo lo que estabas haciendo —dijo él, con voz ronca por la tensión.
Su polla estaba endureciéndose. Ella quería sus manos, su boca sobre él. Anoche había sido rechazada. Esta noche, no lo sería. Por el contrario, era su turno para distraerlo y dejarlo sorprendido. Y esta vez, ella obtendría la satisfacción de saber que le había brindado placer. Agarró el jabón y lo sostuvo debajo de la corriente de agua, frotando las manos juntas para hacer una espuma espesa, luego se extendió el jabón sobre los pechos, dejando que las burbujas fueran a la deriva por sus pezones. Ellas rodaron por sus pechos y bajaron por su vientre. Nick observaba el rastro con interés fascinado.
Su mirada sobre ella era como una caricia caliente, alentándola. Nunca antes había hecho un show de tocarse a sí misma, pero esta sensación de audacia no la debería sorprender. Siempre había sido más atrevida con Nick que con cualquier otro. Se acunó los pechos, usando los pulgares para hacer girar sus pezones. Estaban tan sensibles que no pudo contener el quejido de placer cuando tocó su propia carne.
—Necesitas ser follada —susurró él.
—Sí. —Deseaba su polla dentro de ella con desesperación, pero la tensión de indecisión tironeaba de ella. Maldita sea, ¿por qué simplemente no podía decidirse por ello como quisiera? ¿Por qué el pasado siempre se entrometía?
Toma las cosas con calma, Miley, ve hacia dónde va. Juega un poco para empezar. Definitivamente, deseaba jugar con él.
Él trató de alcanzarla, pero ella se alejó retrocediendo. Todavía no. Tenía más para mostrarle, más delicias para ofrecer que estaban justamente al alcance de él. Y ahora que ella había puesto en marcha esta provocación, parecía no poder detenerse. Sus manos se convirtieron en las de él mientras le mostraba lo que quería, moviéndose de sus pechos a sus costillas, luego más abajo, rodeándose el abdomen y resbalando entre sus piernas. Nick abrió ampliamente los ojos cuando ella se encontró el clítoris y comenzó a frotarlo en círculos lentos y amplios.
Las chispas de excitación estallaron en un incendio de increíble sensación mientras se masajeaba el sexo, hundiendo los dedos entre los pliegues suaves y deslizándolos dentro de su coño.
La mandíbula de Nick se tensó mientras apretaba los labios, ensanchando la nariz cuando respiró. Ella percibió la tensión y subió la suya un nivel más.
—Oh, Dios, Nick. Te necesito.
Él dio un paso hacia adelante, pero ella levantó la mano para detenerlo.
¿Ahora quién estaba siendo torturado? Miley ya no estaba muy segura. Deseaba correrse, estaba tan cerca que las contracciones se aferraban a sus dedos como tenazas apretadas. Sin embargo, no le permitiría hacerlo por ella. No esta vez. Quería el control, quería mostrarle que no era la misma chica que había sido diez años atrás. Ella no era tan fácil de manipular.
Una diminuta chispa de miedo todavía permanecía al pensar en darle todo. La última vez que le había dado todo lo que tenía, él la había dejado. Ella no podía arriesgarse al sufrimiento otra vez.
Dios, ¿cómo podía ser tan fría y calculadora y al mismo tiempo sentir su cuerpo estallar en llamas, su coño temblar tan cerca del orgasmo? ¿Cómo podía desear que él estuviera dentro de ella y saber que lo iba a abandonar en poco tiempo?
Alejó la confusión y se concentró sólo en la excitación, en la forma en que la miraba, animándola con el ardor de su mirada.
Con el talón de la mano firmemente presionado contra el clítoris, se friccionó y explotó, dejando que el orgasmo la inflamara, separando las piernas así Nick podía ver sus propios dedos follarse mientras ella montaba un clímax salvaje.
Estremeciéndose por los efectos posteriores, liberó los dedos, a continuación se los llevó a la boca y los lamió hasta limpiarlos.
—Cristo, Miley.
Ella dio un paso adelante y se arrodilló, levantando los ojos hacia Nick alcanzó su polla.
Aún atontado por el espectáculo que ella había montado para él, Nick se sacudió en respuesta al primer toque de la palma suave de Miley en torno a su pene. Apoyó las manos contra la pared de la ducha y empujó la polla a través de las manos, bombeando despacio y suave. Ella sonrió, apartando sólo la mirada para clavar los ojos en su polla. Lo acarició, de la base a la punta, haciendo círculos con el pulgar en el ancho glande. El líquido perlado escapaba de él y ella lo secaba con el pulgar, a la vez que lo miraba, obligándolo a concentrarse en ella.


"The Wild Walk" Cap 18





—Al sur.
Ella puso los ojos en blanco. Eso ya lo había notado.
— ¿Al sur de dónde?
—No puedo decírtelo.
Bien ya sabía que esa sería su respuesta, pero debía intentarlo. Se recostó, descansó las manos en sus caderas y decidió disfrutar del paseo. Una vez que el sol estuvo en lo alto, el calor aumentó considerablemente. Se sentía cómoda en la chaqueta, guantes y zahones que impedían que el viento frío la cortara y el sol calentándole el rostro la calmó hasta relajarse. Se encontró disfrutando del paisaje, mientras su cuerpo se adaptaba a las vueltas en los caminos y a las vibraciones de la moto entre sus muslos.
Se imaginó que debían estar en algún lugar cerca a los límites estatales, pero no estaba exactamente segura qué distancia habían recorrido y no estaba familiarizada con el camino.
¿Adónde la llevaba?
¿Y dónde diablos estaba el virus?
Al caer la noche habían viajado más de ocho horas, el culo de Miley estaba dolorido y sus muslos acalambrados. Ya había tenido suficiente y oró en cada pueblo que pasaron por que éste fuera el que Nick escogiera para detenerse. Las únicas paradas que habían hecho en todo el día fueron por gasolina y para tomar un tentempié rápido. La comida del mini-súper era una mierda.
Se desviaron un momento en un restaurante chino y comieron algo para seguir. Luego, por fin, Nick se metió en un motel. No era un Hyatt o un Marriott, pero tampoco un camping y por eso ella estaría eternamente agradecida. Después de viajar en moto todo el día, tenía hambre y cansancio, y estaba más que lista para una ducha y un cambio de ropa. Se registraron y sólo la vista de una cama en la habitación fue suficiente para hacer querer gritar a Miley.
—¿Cansada? —preguntó él mientras arrojaba los bolsos encima del tocador.
—Un poco.
—¿Hambrienta? Yo sí.
—Muerta de hambre.
—Espero que la elección de comida china sea correcta.
Ahora mismo, a ella le apetecía cualquier cosa. Su estómago estaba gruñendo.
—Suena fabuloso.
Se sentaron en la diminuta mesa redonda cerca de la ventana y aspiraron el aroma de la comida. Miley trató de recordar su educación y modales mientras comía, pero francamente estaba demasiado hambrienta. Escarbaba en una de las pequeñas cajas de cartón con los palillos como si no hubiera comido en una semana.
—Tenías hambre —dijo Nick, arqueando una ceja.
—Evidentemente. —Ella agarró una servilleta y se limpió la salsa de la barbilla, luego bebió un largo trago de la botella de agua. Muy bien, se sentía en parte humana otra vez. Tan pronto como digiriese un poco, el siguiente orden del día sería una ducha. Se sentía asquerosa usando la ropa del día anterior, su cabello estaba azotado por el viento y fibroso y tembló por cómo debería verse.
—Deja de hacer eso. Te ves hermosa.
Miró a Nick.
—¿Dejar de hacer qué?
—Manosear tu cabello. Es sexy así.
Ella incluso no se había dado cuenta que lo peinaba con los dedos.
—Es un desastre. No es sexy.
—No estoy de acuerdo. Luce salvaje. Como si acabaras de salir de la cama después de pasar varias horas allí con tu amante. Es una apariencia muy caliente.
Pero ella lo sabía. Era un nido de pájaros enredado.
—Estás ciego.
Nick negó con la cabeza.
—No, no lo estoy. Sé con exactitud lo que estoy viendo.
Siempre había podido hacer eso con ella. Cuando él bajaba la voz, su significado demasiado obvio, la vibración se instalaba directamente entre sus piernas, haciendo que su clítoris palpitara. Al igual que ahora cuando la observaba, cuando la miraba con sus ojos entornados y le hablaba con esa voz profunda, las implicancias de ambas increíblemente peligrosas para su libido así como también para sus emociones.
La libido ella la podía manejar. Sus emociones eran con las que tendría que luchar constantemente. Y cuanto más pronto terminara el viaje, mejor. Echó un rápido vistazo al teléfono en la mesa de noche, preguntándose cómo podría conseguir llamar a su jefe sin que Nick la detuviese.
—Esperaré si quieres ducharte primero —sugirió ella, tratando de mostrarse indiferente al respecto. Clavó la mirada en la caja de cartón de la comida, negándose a mirarlo a los ojos.
—Nah, adelántate.
Okey, de cualquier modo eso podría funcionar a su favor. Cuando él estuviera en la ducha, por lo menos podría avisar a su jefe de lo que estaba pasando, incluso informarle acerca del virus. Y más importante aún, que ella no era la que lo había tomado. Le podría decir que había perdido su teléfono móvil y que se comunicaría cuando pudiera. Entonces él al menos tendría algo que decirle a su cliente. La idea de aparecer en la lista de los diez más buscados del FBI debido a la reliquia robada no era del todo atractiva para ella.
Y luego… bien, Nick no podría llevar el vial a la ducha con él, ¿verdad? Así que si podía encontrarlo, podría escapar de aquí a toda prisa, tomar un taxi y seguir su camino.

sábado, 1 de octubre de 2011

"Schmale Plätze" Cap 8




“De hecho…”. Ella hurgó en su cartera y la dejó caer al piso dos veces antes de encontrar lo que estaba buscando. “Tengo tres justo aquí. Eran una broma que me hizo una amiga. Bendito sea su corazón”.
A Nick le importaba un comino por qué los tenía, simplemente se alegraba de que así fuera. El ruido que hizo el envoltorio laminado al abrirse fue seguido por la sensación de las manos de Miley sobre la verga de Nick.
“Espero que sea suficientemente grande”.
“Se estira”. Él tuvo que apretar los dientes para reprimir gruñirle para que se apresurara. Miley le provocó toda su longitud implacablemente con las manos mientras le colocaba el preservativo.
“Menos mal que yo también me estiro”. Ella le ahuecó las bolas delicadamente.
Esta vez, nada pudo reprimir el gruñido. Resonó hacia arriba desde su pecho mientras Nick jalaba a Miley hacia arriba contra su cuerpo. Él se apoyó contra la pared y le deslizó las manos hacia abajo hasta llegar al dulce culo. Mientras la levantaba, le investigó la entrada con la verga mientras ella le atrapaba la cintura con las piernas. Se aferró a sus hombros con las manos y sus pezones le estimularon el pecho.
Con un gemido, Nick se hundió profundamente en la húmeda vaina de Miley y se hundió completamente en su calidez.
“¡A la mierda!”, gritó ella.
Él pudo sentir que sus paredes internas se sacudían alrededor de su verga. “¡Está tan condenadamente caliente!”.
La respuesta de Miley fue un lloriqueo de placer mientras le tensaba las piernas alrededor de la cintura y se mecía contra su cuerpo. La visión nocturna de Nick distinguió a la perfección la elevación de sus senos y la larga columna de su cuello. La expresión de éxtasis del rostro de Miley fue total.
Nick recién estaba empezando.
“Aférrese con fuerza”, ordenó él mientras le agarraba el culo con ambas manos y hacía descender a Miley por su verga. Nick le apretó los globos del culo con los dedos lo suficientemente fuerte como para dejarle moretones, pero no pudo detenerse. Era lo único que podía hacer para evitar que sus garras se clavaran en la carne de Miley y la reclamaran a su modo. Otra mujer pantera lo habría comprendido.
Pero Miley no lo era. Pensar en eso lo trajo ligeramente a la realidad y reprimió la aparición de la bestia.
“¡Ay, Dios! ¡Estoy acabando de nuevo!”.
Eso no iba a ayudarlo a mantener el control.
Desesperado, Nick le atrapó firmemente los labios con la boca en un beso salvaje y le embistió las caderas con más fuerza.
Los músculos de Miley lo apretaron y le ordeñaron el orgasmo que nacía en sus profundidades. La energía le quitó la respiración a Nick. Reprimió un grito mientras escupía su semen con la fuerza de una manguera para combatir incendios.
La bestia se rindió, aplacada por el momento.

Todos los músculos del cuerpo de Miley se relajaron. ¿Se relajaron? Demonios, tenían la consistencia de la pasta húmeda. De alguna manera, Nick y Miley habían terminado en el piso del elevador pero ella no tenía alguna de lo que había ocurrido. Estaba apoyada contra la pared y Nick, arrodillado a su lado.
La pesada respiración de Nick se mezclaba con la suya en la quietud del aire. El roce de su ardiente respiración sobre el pecho elevado de Miley le envió nuevos hormigueos por todo el sobre estimulado cuerpo. ¿Acaso alguna vez había acabado con tanta energía?
Nonis.
Demonios, hasta su vibrador no la llevaba más allá del límite con tanta energía o velocidad. Nick era una puta dínamo sexual vestida con un traje de tres piezas.
Y ella era la gerente de un restaurante.
Un restaurante exclusivo, sí, pero no pertenecía exactamente a la misma clase social que él. La gente que abonaba las sumas que Nick pagaba de impuestos rara vez se fijaba en los trabajadores. Probablemente, sus zapatos valían más que el salario mensual de Miley. Después de que salieran del elevador, ella tendría suerte si él al menos recordaba su nombre. Pero ella recordaría el de él, más que seguro.
Si ésta era la única oportunidad que tendría de estar con él, entonces aprovecharía cada minuto. Y, por Dios, cuando salieran de esta lata de sardinas, ella tendría suficientes recuerdos que la acompañarían por el resto de su condenada vida.
Los ojos de Miley se estaban adaptando a la oscuridad. Un poco, de todos modos. Al menos, ahora todo se veía gris y no negro. Ella pudo notar que Nick estaba de rodillas a su lado, y casi pudo distinguir su forma. Mientras se alejaba de la pared, Miley lo tomó por sorpresa y lo empujó para ponerlo de espaldas.
“¡Hey!”, bramó él cuando su cabeza golpeó duramente contra el piso.
“No me gustan las conversaciones incómodas de la mañana siguiente, ¿a usted?”. Ella se arrastró entre sus piernas y le acarició el pene hasta volverlo a la vida. Él se había deshecho del preservativo en algún momento. Mierda que los encargados de limpieza se harían todo tipo de preguntas después de esto.
“Todavía no es de mañana”. Nick inhaló rápidamente mientras ella le lamía la redondeada cabeza.
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Aquí termina el mini maratón para mi oshita (sara) beshitoss espero les guste!!!

"The Wild Walk" Cap 17




—Son pesadas.
—Los codos y los hombros están reforzados con Kevlar para protegerte por si caemos estrepitosamente.
Ella arqueó una ceja.
—¿Pero no haremos eso, verdad?
Él sonrió de oreja a oreja.
—Mierda, no. Pero me gusta pensar que estás protegida mientras viajamos. Es más, la chaqueta te mantendrá caliente. Aunque casi sea verano, ir en moto es más frío que viajar en coche. Y las noches aún pueden ser frías.
Eso ella ya lo había notado.
—También necesitas zahones. Y botas.
Miley se miró los pies.
—Tengo zapatos.
—Sí y el calor de los tubos derrite las suelas. Necesitas botas.
Miley puso los ojos en blanco y lo siguió por la tienda mientras él elegía lo que debía usar. Después de seleccionar los zahones, botas, casco, guantes y gafas, los añadió a la chaqueta bien acolchada. Tuvo que admitir, que había elegido un par de botas alucinantes para ella. Finalmente, Nick dijo que estaban bien y se fueron llevando además el nuevo asiento.
—¿Qué vas a hacer con tu asiento normal? —Preguntó Miley mientras él cambiaba el asiento de la moto justo en el aparcamiento.
—Dejarlo aquí. No puedo hacer nada más. Conseguiré un reemplazo después… en otra ocasión.
¿Después de qué? ¿Después de que la dejara tirada en algún lugar? Casi se había sentido culpable de que perdiera el asiento original de su moto, pero inmediatamente se deshizo de ese pensamiento. No había sido idea suya venir en esta expedición, así que no tenía porque compadecerse de él y de su asiento de moto perdido.
El nuevo asiento parecía ancho y mullido y Nick también había comprado un respaldo acolchado al que llamó una barra de marica.
¡Aleluya!
—Una buena silla de perras. Ahora podrás estar cómoda.
—¿Silla de perras y barra de marica, ¡eh!?
Él sonrió abiertamente.
—Así es como los llamo. Si vas a ser una nena de motero, tienes que aprender la jerga.
Nena de motero. Que monada. Y eso sí que era terminología.
Había conocido a Nick durante años y siempre había tenido una moto, pero nunca la había dejado pasear con él. De hecho, siempre había intentando apartarla, mandarla a casa, aunque ella hubiera insistido en dar unas vueltas con él. Como una molesta cachorrita enferma de amor.
Vive y aprende. Debería haberle escuchado cuando le dijo que estaba confundida. Cuan diferente podría haber sido su vida.
Si, cierto. Si no hubiera sido por Nick, hubiera seguido diligentemente los dictámenes de su padre y acudido a la universidad, luego al colegio de abogados, sin pensar nunca en lo que realmente deseaba hacer con su vida.
A pesar de su corazón roto, Nick le había enseñado mucho acerca de sí misma, sobre exigir la libertad de vivir su propia vida, no una que había sido decidida para ella. Miley había hecho esto y más, gracias a él. Si sólo hubiera aprendido a guardar su corazón de él, su relación podría haber terminado en buenos términos.
Pero no. Tenía que ir y enamorarse del chico malo.
El único por el que no debió volverse loca. El único que había intentado hacer las cosas lo mejor posible al apartarla.
Miley había rechazado aceptar un no por respuesta. Era la hija de su padre, después de todo. Mucho del ADN de Billy Cyrus  estaba profundamente arraigado en ella. Como la terquedad y el negarse a ceder. Si, definitivamente tenía una obsesión. Así que cada vez que Nick había intentado deshacerse de ella, Miley había vuelto más determinada a convencerlo.
Nick había sido un gran error. Representaba todo lo que su padre detestaba. Nick  había sido pobre, se metía en líos, un bueno para nada en la vida. Sus padres habían sido alcohólicos separados, su papá entraba y salía de la prisión. Nick definitivamente no estaba interesado en la universidad, no había pensado en ninguna carrera o en objetivos educativos. Todo lo que había querido era pasar el tiempo, montar su moto y trabajar en coches. Y realizar pequeños robos… oh, sí, esa era una de sus especialidades. Eso era el porqué era tan bueno trabajando con las manos.
Trabajando con las manos. Ella había sido hechizada por sus manos. Observándolo cada día después de la escuela, inclinándose sobre el capote de un coche arreglándolo en el garaje, haciendo que las terminaciones nerviosas de Miley hormiguearan.
Nick siempre le había advertido que se ensuciaría.
Ella había querido ensuciarse. Había ansiado la grasa que manchaba las manos de Nick por toda su ropa prístina, había deseado sus dedos callosos por el trabajo sobre su piel desnuda, el roce de su barba sin afeitar contra la mejilla, su boca sobre la suya… Los recuerdos eran como un fuego forestal que se propagaba por la montaña. A pesar de la frialdad de la mañana, los recuerdos de Nick encendieron su matriz.
Recuerdos que mejor deberían seguir escondidos en los rincones más recónditos de su mente y no ser desenterrados. Ella brincaría sobre los huesos de Nick más tarde sólo en el sentido físico, porque no había espacio en su vida para un enredo emocional con él. Ahora mismo tenía que armar una estrategia para quitarle ese vial.
Así que como él parecía tenerlo bien escondido y obviamente no deseaba que husmeara en las alforjas de su moto o en su cuerpo en este momento, ella tendría que estudiar todos los sitios en que él podría haberlo metido, de modo que cuando la oportunidad se le presentara, supiera por donde comenzar.
—Ya está —dijo él, tirando sus herramientas en las alforjas de la moto mientras se enderezaba—. El nuevo asiento está en su lugar. Ahora consigamos algunas de esas cosas de chicas que necesitas y un par de mudas de ropa.
Después que el asiento original se sintiera como un ladrillo, el nuevo era un pedazo de cielo para su culo abusado. Nick los llevó hacia una tienda a poca distancia, donde ella compró otro par de vaqueros, unas camisetas a juego y algo de ropa interior, luego fueron a una botica por algunos artículos personales como cepillo de dientes, peine y algo de maquillaje. Okey, era lo suficientemente vanidosa para querer retocarse un poco.
Se sentía mejor ahora, teniendo ropa y los utensilios esenciales. Sólo lamentaba no tener un móvil para así poder informar a su cliente y a su jefe, pero eso tendría que esperar. Nick la vigilaba como un halcón a dondequiera que fueran, por lo que no fue capaz de moverse sigilosamente hacia una cabina telefónica. Esperaba que su cliente no pensara que ella era quien había robado la reliquia. Joder, por todo lo que sabía podría tener una orden de búsqueda y captura como ladrona de arte.
Su estómago se tensó con el pensamiento. Necesitaba urgentemente hacer esa llamada. Tenía que conseguir el vial, escapar de Nick y regresar a Chicago.
No deseaba pensar en Nick en el lado malo de la ley, pero no sería la primera vez que eso pasaba. Miley había esperado que él hubiera cambiado de vida de una vez por todas.
Obviamente no había sido así.
Lo que le hacía recordar que no era su problema ya que no estaba emocionalmente atada a él.
Su ropa y artículos de tocador fueron guardados en las alforjas de la moto. Nick la ayudó a entrar en los zahones, luego sacó un par para él, los aseguró y abotonó.
Mierda santa. Una ráfaga de calor la envolvió cuando lo observó de pie junto a su Harley. Un tío motero con zahones de cuero y chaqueta, gafas oscuras y guantes. Ahora, si no era lo más sexy que hubiera visto jamás, no sabía que era. Su boca se hacía agua al mirar, sentir y oler el cuero en él.
Deseaba estar más cerca, recorrer las manos sobre su cuerpo… mierda, deseaba desnudarse allí mismo y frotar todo su cuerpo desnudo contra el de él.
Maldición. Concéntrate, Miley. ¿Pura respuesta física, cierto?
Cierto.
Se puso la chaqueta de cuero, los guantes y las gafas, luego se montaron en la moto otra vez y se adentraron en la carretera.
Miley esperaba que Nick siguiera por la carretera. No lo hizo.
En cambio, salió de la carretera y tomó un camino secundario, luego giró por dos senderos y permaneció en estos, evitando de toda forma la carretera principal.
Se inclinó hacia adelante cuando Nick se detuvo en una luz, apretándose contra él para hablarle al oído.
— ¿Hacia dónde vamos?


"Three weeks in Athena" Cap 28




Las caderas se le movieron siguiendo un ritmo silencioso y ancestral. Su vientre era puro fuego. Miró a Nick y él la miró. Tenía las mejillas encendidas. Sus enormes hombros bloquearon la luz cuando finalmente soltó los senos y se tumbó sobre ella de nuevo.
–¿Estás preparada?
Ella asintió sin dudarlo. Diría que sí a cualquier cosa que aquel hombre le propusiera.
–¿Estás segura? Creo que deberíamos comprobarlo, por si acaso... ¿tú no?
–Sí. Lo que quieras... hazlo –murmuró ella jadeante.
Él sonrió mientras ella advertía que la sábana ya no estaba y la poderosa erección de él se apretaba contra su vientre. Por puro instinto, deslizó su mano hasta ella y se le encendieron las mejillas al notar lo grande y dura que era.
Él hizo una mueca y apartó su mano suavemente.
–Por eso tengo que ver si estás lista, Miley, agapi mu, paciencia...
Ella no sabía lo que significaba agapi mu, pero entonces él desapareció y Miley dio un grito cuando sintió que le quitaba las bragas y le entreabría las piernas con sus manos grandes. Intentó resistirse, era un movimiento demasiado íntimo, pero él insistió mirándola a los ojos y diciéndole que confiara en él al tiempo que bajaba la cabeza. Ella cerró los ojos y se llevó un puño a la boca para acallar el gemido cuando sintió su aliento en el íntimo espacio entre sus piernas y, acto seguido, la sensación de su boca y su lengua sobre ella casi le hicieron volar hasta las estrellas.
Él exploró sus pliegues más secretos chupándola, introduciéndose en ella con la lengua, lamiéndole y succionándole el clítoris hasta hacerle elevar las caderas de la cama, revolviéndose voluptuosa, mordiéndose fuertemente el puño.
Cuando sintió dos dedos deslizándose en su húmedo interior, su cuerpo ascendió frente a un abismo desconocido hasta entonces. Todos los nervios se le tensaron. Notó que él se retiró un momento, oyó un cajón y un envoltorio rasgándose, y él regresó sobre ella con sus muslos fuertes entreabriendo aún más sus piernas.
Sintió cómo jugueteaba con su erección allí abajo, donde ella estaba ardiendo. Moviéndose adelante y atrás, recorriendo sus pliegues húmedos y carnosos y provocándole un hondo gemido. La necesidad de algo la cegaba... pero no sabía qué era...
Posó sus manos sobre los hombros de él, brillantes de sudor. Sentir algo tan primitivo la hizo reír de gozo.
–Nick, por favor... –susurró con voz ronca elevando las caderas–. Estoy preparada.
Él sintió que su control estallaba. Y entonces la penetró profundamente sabiendo instintivamente que aquella mujer estaba hecha para él y que encajarían perfectamente.
Detuvo sus movimientos. Nick había abierto mucho los ojos sorprendida por la sensación al verse llena por él. No era dolorosa, sino deliciosa.
Ella se movió de nuevo, para experimentar, y Nick se hundió en ella aún más, clavándola en la cama. Miley le abrazó la cintura con una pierna y echó la cabeza hacia atrás, agarrada todavía a sus hombros, mientras él se retiraba lentamente y luego volvía a adentrarse en ella. Nick continuó con su ritmo lento y voluptuoso, aumentando cada vez más el placer. Miley sintió que su cuerpo empezaba a temblar conforme él le doblaba la otra pierna hacia atrás, abriéndola aún más para él, cambiando el ángulo ligeramente, profundizando más y más y, cuando sus movimientos se volvieron más rápidos y urgentes, Lucy empezó a sentir la llegada de algo tan enorme, aterrador y fugaz que se tensó, aunque todo en ella estaba urgiéndole a lanzarse a ello.
Nick inclinó su cabeza, sujetando el cuerpo de ella con sus movimientos, y la besó profundamente.
–Relájate, Miley... Todo va bien... suéltate.
Sujetándose fuerte a él, Miley se armó de valor y se relajó... y su orgasmo alcanzó tal intensidad y duración que apenas reparó en la reacción del propio Nick, su explosiva pérdida de control mientras las interminables olas de placer lo mantenían suspendido en un mundo de ensueño que él nunca había conocido.
 Nick sabía que estaba huyendo. Y el hecho de ser consciente de ello le hacía hervir de rabia. Él no huía. Pero después de la noche anterior con Miley lo único que sabía era que necesitaba espacio, y rápido. Su cerebro estaba demasiado excitado aún y emocionalmente turbado para intentar fingir que podía manejar una banal escena de «la mañana después». Había recibido una llamada de su asistente en Nueva York mientras Miley dormía y, ante el menor pretexto, había decidido acercarse allí el fin de semana para ocuparse de ello.
Estaba vistiéndose cuando había visto a Miley despertarse a través del reflejo en el espejo. Y entonces había deseado quitarse todas las prendas constrictoras y poseerla de nuevo. Aunque lo cierto era que no sabía si podría soportar otra experiencia tan intensa de nuevo.
¿Desde cuándo acostarse con una mujer era algo demasiado intenso para él?, se preguntó apretando su copa. Eran ellas quienes se quedaban desubicadas, no él.
Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Y volvió a abrirlos bruscamente porque lo único que podía ver eran los ojos llenos de pasión de Miley mirándole en el momento en que él la había llenado, el momento en que ella le había acogido en su húmeda calidez. Había sido... nunca podría habérselo imaginado. Recordaba los senos de ella apretándose contra él con sus picos duros como balas, podía oír los latidos de su corazón incluso ahora, lentos al principio y cada vez más rápidos conforme él la penetraba una y otra vez, hasta que...
Maldijo en voz baja. Necesitaba olvidarse de aquella intensidad.
Torció la boca y se llamó de todo por salir corriendo. ¿Y qué si era el mejor sexo que había tenido nunca? Eso no significaba nada. Entonces, ¿por qué sentía como si hubiera tocado una parte de él nunca antes tocada?
Nick bloqueó esa línea de pensamiento. Él no podía sentir, era inmune a las emociones. Había comenzado a cerrarse a ellas cuando su madre había fallecido y Zoe Myers había entrado en su vida. Y, definitivamente, en su primera noche en aquel frío internado de Inglaterra con tan sólo cinco años. Había sido la última vez que había llorado. Después sólo lloraba en sueños. Se le encogió el estómago y se repitió que él no tenía emociones.
Tal vez había percibido que Miley sí y por eso salía corriendo. Le invadió la calma: eso debía de ser. Ella no era como las mujeres con las que él solía salir, no debía de tener tanta experiencia en cómo funcionaba aquello. Aquella mañana la había visto nerviosa e insegura... Y de pronto, él estaba de nuevo en la casilla de salida con una poderosa erección apretándose contra sus pantalones, a treinta mil pies de altura, y con la única posibilidad de alivio en suelo griego.
Tan sólo tenía que no andarse con rodeos con ella, asegurarse de que ella sabía lo que podía y no podía esperar. Y luego él la poseería de nuevo y aquellos demonios dejarían de rondarle. Sonrió cínicamente.
¿Quién habría dicho que empezaría a tener conciencia después de tantos años?

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Marato para mi OSHITAA!!! beshitos tkmmm!