martes, 27 de diciembre de 2011

"Die Frau hinter der Maske" Cap 4




—¿La diosa?— preguntó Miley incrédula.
—¡Qué diosa, ni diosa! ¡Afrodita A, la novia de Mazinger z! ¿Recuerdas, ese animé que viéramos cuando éramos niñas?
—¿El dibujito ese en el que había algunos robots?— preguntó estallando en carcajadas.
—¡Ese mismo! Afrodita tenía unos pechos así puntiagudos— señaló la parte en cuestión— y cuando apretaba un botón salían expulsados como misiles— hizo el gesto apropiado, para graficar sus palabras.
—Si, si, ya lo recuerdo… ¿Tan mal me queda esto entonces?
—¡Será el primer cambio que haremos! ¡Y si así es el sujetador, ni quiero pensar en cómo son los calzones! Miley hizo una mueca, lo que comprobaba que era mejor ni mirar la ropa interior mencionada.
—¿Pensaste alguna vez en ir a la cama con un hombre vistiendo eso?— interrogó Demi poniéndose seria.
—Digamos que nunca tuve muchas esperanzas— replicó—. Bueno, ¿vas a decirme cual es tu propuesta o seguirás mirando mi ropa con repulsión?
—Si, si. Ven aquí y hagamos un trato— señaló el borde de la cama—. Tú irás al baile de disfraces con una apariencia totalmente distinta. 
—¿Me cubrirás con una sábana y haré de fantasma?
—¡No!— la miró intentando parecer enfadada—. No me interrumpas con bobadas Miley, esto es serio.
—Bueno, no te enfades— hizo un gesto de fastidio—. ¿Qué diablos harás para que tenga una apariencia distinta? Además es baile de máscaras no de disfraces.
—Ok, ok. Yo me encargaré de ti en su momento, pero tú debes prometerme una cosa.
—¿Si?
—¡Si! Me darás tu palabra de honor de que si un solo hombre se insinúa o te demuestra de cualquier manera que estás bella y sexy, entonces ni bien regresas, quemarás todos estos trajes de abuelita y me dejarás elegir a mí tu nuevo guardarropas.
—¿Oh si, yo sexy? ¿Acaso vendrá el hada madrina? Miley no decidía que podía ser más difícil, que ella pudiese verse sexy o que un hombre se viera atraído por ella. No había sido capaz de llamar la atención de alguien del sexo opuesto desde que estuviera en la escuela secundaria. Y tampoco había sido la chica más popular allí… Había salido un tiempo con Diego, un muchachito latino dos años mayor que ella, que la había seducido…, y la lista terminaba allí. ¡Al menos no continuaba virgen!, pensó Miley. ¡Eso era un alivio! 
—Digamos que Demi Cyrus será tu hada madrina. ¿Trato hecho? 
Las palabras de su hermana la devolvieron a la realidad, obligándola a dejar atrás los recuerdos de los breves instantes calientes de su vida…, y contando que los dos habían sido adolescentes sin experiencia, tampoco habían sido “calientes”, tibios, sería la palabra más adecuada para describirlos.  ¿Llegaban a tibios?, se encontró preguntándose.
—¿Y? ¿Qué dices, tenemos un trato?
—Trato hecho— respondió Miley alzándose de hombros y muy segura en su interior de que ni un pañuelito sería quemado.  ¿Miley Cyrus bella y sexy? Ni aunque ocurra un milagro, pensó con un poquito de dolor en el corazón.

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Hola chicas se que últimamente no subí, es que ando un poquito ocupada tengo visitas jodidas... (mentira) y mis lindos primos no me dejan un ratito sola... pero hoy que se fueron a nose donde... jajja estoy descansando de ellos... al principio de este capi me reí mucho cunado lo escribí por el anime... espero les guste mucho.... También voy a subir de la otra nove... 
 Feliz Navidad... tarde pero bueno.... y por si no llego a saludarlas Feliz Año Nuevo!!! que tengan un hermoso comienzo del 2012...!!!! besos se las quiere un montón a todas...!!! <3 <3<3

                                                              <3-_-_-Prii-_-_-<3


"Die Frau hinter der Maske" Cap 3




Miley retiró una percha con su ropa del clóset y la extendió sobre su cama. Mientras ella se sentaba frente a un espejo para peinarse, Demi se acercó a las prendas, examinándolas una a una.
—¿Cuándo dejarás de vestirte de ésta manera?— le preguntó señalando con la cabeza el traje azul marino y la blusa blanca de cuello redondo con puntillas—. ¿Por qué te empeñas en parecer una mujer de cincuenta años y para colmo, pasada de moda?
—Nada me queda bien, así que cualquier prenda da lo mismo— respondió despreocupadamente terminando de sujetarse el rodete a la nuca.
—¡Otra vez con esas ideas tontas!— suspiró Demi, elevando los ojos hacia el techo—. Tienes un buen cuerpo que más de una mujer envidiaría y sin embargo lo escondes debajo de esos conjuntos sin forma y tu cabello… ¡Mejor ni hablar de ese peinado absurdo que se te ha dado por llevar!
—¿Buen cuerpo yo?— gruñó Miley —. Demi, yo entiendo que como mi hermana te veas en la obligación de hacerme sentir bien, ¿pero de ahí a mentirme con algo tan obvio?…—negó con la cabeza—. ¡Soy una vaca!
—¡De ninguna manera! Puede que tengas uno o dos kilos de más, pero no más que eso— le dijo, y no le mentía en absoluto.
Miley bufó incrédula. Ella creía que tenía bastante más que eso de sobrepeso y que tal cosa se hacía mucho más notorio al estar cerca de las modelos escuálidas que frecuentaban la agencia de publicidad de Nick. Cosa que soportaba estoicamente cada día “Lavarropas”… Había escuchado esa palabra entre cuchicheos muchas veces a su espalda  y Miley no era tonta, ella sabía muy bien que las mujeres no habían estado hablando de electrodomésticos.
—Parezco un “Lavarropas”— dijo con bronca, recordando esas humillaciones, a las cuales nunca había respondido.
—¡No! ¡No lo eres!— su hermana se acercó a ella y la tomó por los hombros—. ¡Te empeñas en parecerlo con esa ropa absurda! 
—¿Acaso insinúas que yo deseo parecerlo? ¿Crees que no me gustaría lucir una buena figura si la tuviese?
—¿No es eso acaso lo que haces?... Echa un vistazo a tu closet— señaló el armario—. Cada prenda es varios talles más grande de lo que tú tendrías que usar y no encuentras allí algo entallado ni aunque busques por dos semanas sin descanso… ¡Y los colores Miley!…, son un tema complicado también.
—Son colores oscuros para pasar desapercibida—se excusó.
—¡Son colores horribles!— corrigió.
Demi meditó un momento. Después los ojos se le iluminaron. ¡Santo cielo! Algo se le ha ocurrido. 
—¡Ya tengo el regalo de cumpleaños perfecto para ti!— expresó apuntándola con el dedo y demasiado entusiasmada.
—¿Regalo de cumpleaños? ¿En qué estás pensando?— la voz le había sonado bastante temerosa, y con toda razón. Cuando a Demi se le metía una idea en la cabeza no había quien la pudiera hacer desistir… ¡Y aunque esa idea fuese la más descabellada de todas!
—¡Yo voy a demostrarte que eres una bella mujer! Y empezaremos tirando todos esos trapos y comprando nuevos. ¡Necesitas un cambio de imagen total!
—No pienso tirar mi ropa— dijo con una sonrisa y negando con la cabeza. La única defensa que tenía, aunque hubiese sido lo mismo no decir nada.
—Te propongo algo— respondió Demi sin hacer caso a lo que Miley había dicho—. En tres días tienes la fiesta de beneficencia, ¿No es así?
—Si, el sábado.
—Y según me habías dicho, éste año será un baile de máscaras…— continuó hablando de manera especuladora.
—¡Sip! Hasta ahí, estás en lo correcto— confirmó Miley empezando a vestirse.
—¡Cielos Miley! ¿De dónde has sacado ese sujetador?— interrogó Demi impresionada. Era una prenda de tela rígida, puede que fuera powernet, esa tela con la que suelen confeccionarse las fajas, o algo por el estilo. Un típico modelo reductor de busto. 
—De alguna tienda supongo —dijo alzándose de hombros de manera despreocupada.
—¡Pareces Afrodita! —dijo acercándose a Miley para verla mejor y comprobar que la visión era real. 


lunes, 19 de diciembre de 2011

"Die Frau hinter der Maske" Cap 2




—¿Lo has olvidado?— interrogó exaltada—. ¡No puedo creer que te hayas olvidado hasta de tu propio cumpleaños Miley!
—¿Hoy?— pensó en la fecha rápidamente—. ¡Cielos es cierto! Es que con tanto trabajo…— quiso excusarse. 
—¡Eres una esclava de ese señor Jonas!— la reprendió su hermana—. Las dos sabemos que traes el trabajo a casa y que casi no tienes vida propia más que para organizársela a tu jefe… ¡Si hasta sus citas personales le planificas al muy descarado!— se indignó Demi.
Demi lo sabía todo. De su trabajo desmedido, de su enamoramiento por Nick, de cuanto sufría ella cada vez que lo veía con otra y también de cuanto la ignoraba… Sencillamente, ella lo sabía todo de su aburrida y miserable vida, y por eso también, era que se indignaba tanto.
—Demi, yo…, yo no me quejo. Es mi trabajo y me gusta hacerlo— dijo no muy convencida, porque a decir verdad había cosas de su empleo que no le gustaban en lo más mínimo, cómo ser testigo de las conquistas de él. 
— Miley, ese hombre te llama a cualquier hora para que le reserves vuelos de último momento, restaurantes y ¡hasta las habitaciones del hotel para acudir con sus amantes! ¡Cielos, si sólo le falta que te llame para que le compres los condones! Miley tenía los ojos llenos de lágrimas. Su hermana no le decía ni más ni menos que la verdad, y ella lo sabía. 
Nick Jonas le pedía a ella que planificara cada hora de su vida, pero Miley nunca formaba parte importante, ni siquiera de un minuto, de la vida de él… Y eso le resultaba doloroso. Siempre estaba excluida. Se sentía como un director en las filmaciones de una película. Pendiente de cada detalle, pero que jamás aparece en escena. Allí, en el plató,  sólo están los actores. Y su nombre, aunque el director haya sido el artífice de toda la producción, sólo aparece en los créditos…  Sólo que aquí no había créditos en dónde pudiese aparecer el nombre de Miley y para rematarla, muchas veces el señor Jonas, tenía que hacer un gran esfuerzo por recordarlo.
—Lo siento Miley. No quería hacerte poner así— se disculpó su hermana acercándose a ella para abrazarla—. Por favor, dime que me perdonas, no quería ser cruel contigo.
—Olvídalo Demi— dijo intentando sonreír—. Tu no eres cruel conmigo y si mi vida es patética, no es tu culpa— alzó los hombros.
—¡Tu vida no es patética!— intentó protestar.
—¿No?— preguntó alzando una ceja—. Hoy cumplo veintiocho  años y mientras que la mayoría de mis ex compañeras de la escuela ya tiene un esposo, hijos o alguna carrera importante, yo sigo siendo una ridícula secretaria enamorada de su jefe… Un hombre que jamás, ni en mis mejores sueños…— lo pensó mejor—. Bueno, tal vez sólo en mis sueños, él se fija en mí. ¡Pierdo mí tiempo!... ¡Cada día estoy perdiendo el tiempo!… Pero no puedo evitarlo, o tal vez no quiero…
—Deberías buscar otro trabajo y olvidarte de él— dijo resuelta.
—No soportaría dejar de verlo…— negó con la cabeza—. Yo lo amo. Me enamoré de Nick desde el primer día que empecé a trabajar en Jonas Publisher hace tres años y aunque sé condenadamente bien que nunca habrá nada entre él y yo, no puedo sacarlo de mi corazón.
— ¡Sólo estás obnubilada porque es el hombre más guapo que pisa esta tierra! Y tal vez deberías ver que sin lo de afuera, no queda nada. ¡Nick Jonas es un frívolo, irresponsable y mujeriego y no vale más que para pasar un rato!— sentenció Demi con firmeza.
—Aquí es dónde te equivocas Demi. Si, es un hombre guapísimo, pero yo estoy enamorada de él y no sólo por su aspecto— Miley jugueteaba con la cuchara, revolviendo el poco café que quedaba dentro de la taza—. Puede que yo sea la única que haya logrado atisbar detrás de esa fachada de despreocupado que intenta mostrar, al ser dulce y cariñoso que verdaderamente es. Al hombre que realmente le importa su familia… Creo que sería un buen padre y esposo si encontrara a la mujer correcta.
Los sueños de Miley se vieron interrumpidos por el bufido de incredulidad que Demi emitió sin restricciones.
—¿Nick Jonas, con esposa e hijos?… ¡Pobre la idiota!
¡Además de hijos, criaría cuernos que le llegarían hasta el techo!… ¡Déjate de bobadas Miley!— la miró seriamente a los ojos—. Tu jefe está más que feliz con su libertad y al menos en ésta vida no creo que sea capaz de atarse a una sola mujer. Y tú harías bien en recordar mis palabras, así te evitarás  muchos sufrimientos hermanita.
—¿Parece fácil, no?— dijo con desánimo y con la mirada perdida en la mermelada de fresas—. Iré a vestirme, ya se me hace tarde—se puso de pie y se dirigió a su cuarto, seguida de cerca por su hermana cuatro años mayor.

martes, 13 de diciembre de 2011

"Die Frau hinter der Maske" Cap 1





Miley abrió los ojos y se encontró con el techo de su cuarto. Toda la habitación estaba pintada de color azul hielo, un tono especial, fuera de lo común y que le había costado muchísimo conseguir.  Con la ayuda del empleado de la pinturería y después de horas de hacer un millar de pruebas en una computadora mezclando colores, habían logrado dar  con el tono que ella había imaginado en su cabeza.  Eso había ocurrido tres meses atrás. Un viernes después de la oficina, con el tarro de pintura creado especialmente para ella, y con rodillos y pinceles, Miley había llegado a casa rebosante de felicidad. Después de quitarse su vestuario de secretaria, se había puesto un viejo overol, cubierto su cabello con un pañuelo y se había dedicado ella misma a pintar todo su dormitorio.  Le había llevado todo el fin de semana para que el resultado fuese impecable… Por eso ahora tenía deseos de chillar de indignación. ¡Su obra maestra estaba un poco descascarada en la esquina! Miley bufó disgustada ante la visión tan horrorosa que se presentaba delante de sus ojos y que parecía burlarse de ella.  Ese sector de la casa lindaba con el departamento del señor Johnson, a quien el mes anterior se le había roto una de las cañerías del baño. El hombre había tardado más de la cuenta en repararlo y finalmente, la humedad se había filtrado despiadadamente en su impecable pared.  Primero había sido una mancha pequeñita, diminuta como un fríjol, que con el correr de los días se había agrandado hasta llegar a tener el impresionante diámetro de cincuenta centímetros. Y para completarla, ahora, la pintura había empezado a descascarillarse en todo ese sector revelando debajo el cemento gris del revoque fino. Miley se incorporó en la cama y buscó sobre la mesita de noche. Tenía que remediar el asunto de manera urgente o enloquecería de bronca.  Tomó el teléfono inalámbrico y rebuscó entre los distintos cuadernos, que incluían la agenda del señor Jonas. Ella no podía separarse de esa agenda ya que muchas veces su trabajo no terminaba a las cinco de la tarde, sino que en más de una ocasión se encontraba organizando citas o reuniones, no solo laborales, desde su propio hogar. 
Tomó su propia libreta, dejando a un lado la de su jefe. Buscó la letra “G” en el índice, marcó el número y telefoneó al albañil. Después de una corta conversación, en la que se había visto obligada a jurarle al obrero que le pagaría más de lo correspondiente si la auxiliaba cuanto antes, consiguió la promesa de que el señor González iría sin falta al día siguiente.  La tarea de reparar el desastre que había ocasionado el caño roto del vecino le restaría varios dólares de sus ahorros, ¡pero todo fuese por volver a tener su cuarto impecable! Y por suerte ella aún conservaba un poquito de la misma pintura en el final de la lata. Con algo de gracia divina, el cuarto quedaría como nuevo, se dijo Miley para darse ánimos a si misma. Salió de la cama sintiéndose complacida y entró al baño para darse una ducha rápida antes de ir a trabajar. Desde la cocina le llegaba el dulce canturreo de Demi, su hermana mayor, mezclado con el gorgoteo de la cafetera eléctrica y los saltos de la tostadora. Cuando Miley, cargando sus agendas y cuadernos de trabajo, enfundada en un albornoz rosa, pantuflas y una toalla alrededor de la cabeza, se unió a Demi en la cocina, la mesa con el delicioso desayuno, ya estaba lista. Besó a su hermana en la mejilla y se acomodó en su silla.
—¡Demi, esto huele delicioso!— exclamó al ser asaltada por el aroma del café expreso recién hecho y por las tostadas untadas con mermelada de fresas.
—¡Verdad que sí hermanita!— le respondió acercándole el plato para que se sirviera antes de tomar una tostada ella también.
—¡Mi desayuno preferido!— le sonrió al dar un mordisco y sentir la jalea fundirse en su boca—. Gracias por preparar este manjar. ¡Me encanta!
—Quería agasajarte Miley .
Miley alzó una ceja hacia su hermana.
—¿Agasajarme? ¿Y eso por qué?


lunes, 12 de diciembre de 2011

"Die Frau hinter der Maske" Prologo




Miley Cyrus es una de esas mujeres que gracias a su atractivo, si es que lo tiene oculto debajo de su anticuado estilo, pasa desapercibida totalmente.
Miley  es secretaria desde hace tres años de Nick Jonas, su jefe y uno de esos hombres que definitivamente cualquier mujer con ojos en la cara, se voltearía para ver.
Nick es guapo por dónde se lo mire, divertido, galante, seductor hasta el hartazgo, y también un mujeriego sin remedio, y Miley, inexorablemente, se enamoró de él casi desde el mismo día en que fue contratada por Jonas Publisher.
Pero tal parece que Nick tiene ojos para cualquier modelito que lleve faldas..., o pantalones bien ajustados, a decir verdad: cualquier fémina alta, delgada, rubia y hermosa, use la ropa que use, pero nunca alguien como Miley Cyrus.
Es en el baile de máscaras que organiza la empresa, a beneficio de un hospital materno-infantil, que Miley decide por una sola noche, dejar su ropa pasada de moda y lucir prendas seductoras.
Nick se ve atraído por aquella diosa de curvas dignas de provocar un infarto y se dedica toda la noche a seducirla, aunque en ningún momento puede averiguar la identidad de la mujer detrás del antifaz.

Miley supone que las cosas para Nick seguirán como siempre: conquista, noche de pasión, un ramo de flores al otro día y después, ¡si te he visto, no me acuerdo! Pero la secretaria se sorprende, al pasar los días y averiguar que su jefe está obsesionado con la mujer misteriosa y ella, simplemente, no se atreve a revelarle la verdad... ¿Será capaz de hacerlo?




domingo, 11 de diciembre de 2011

"The Wild Walk" Cap 41




Ella no dijo nada.
—Lo que… te dije. Es verdad. Confía en tus instintos.
Ella no supo qué responder.
—Quédate. Por favor. —Su mano cayó sobre la cama y sus ojos se cerraron. Estaba fuera.
Salió de la habitación, demasiado emocionada como para ni siquiera pensar en dormir. Se pasó las siguientes horas intentando arreglar el desorden que había creado en casa de Tom, poniendo los cajones en su sitio y la ropa de vuelta en ellos, barriendo y ordenando. Para cuando quedó cubierta de sudor, el lugar tenía un aspecto normal nuevamente.
Después de darse una ducha y ponerse una camiseta de Nick, se sentó en el borde de la cama y lo observó.
¿Y ahora qué? Tenía tantas preguntas.
¿Cuándo no había tenido preguntas? Pero ésta vez, él le había dado un hueso y maldita fuera, quería respuestas.
Cuando él cayó sobre el vientre, Miley había visto su teléfono saliéndose del bolsillo trasero. Lo había sacado y ahora lo sostenía en las manos. Sería tan fácil llamar a su jefe o a su cliente, agarrar el vial, el teléfono de Nick y salir de allí.
Podía incluso llamar a la policía o al FBI si quería, podía devolverle el virus al gobierno, donde al menos estaría seguro.
¿Podía estar segura de que él estaba diciendo la verdad? ¿Trabajaba realmente para el gobierno o era sólo otra mentira más en la lista de las que le había contado?
Pero Nick le había pedido que confiara en sus instintos. ¿No era eso lo que había estado haciendo todo este tiempo, por lo que había estado de acuerdo en quedarse con él? ¿Por su fe inquebrantable en que no había posibilidad de que él pudiera hacer algo que dañara a millones de inocentes?
El instinto le gritaba que confiara en él, que esperara a que se despertara para poder escuchar finalmente la verdad.
Necesitaba oír toda la verdad sobre ese asunto del gobierno.
Se agachó y le quitó las botas, entonces empujó a Nick para darle la vuelta. Él gimió, pero cooperó, poniéndose de espaldas.
—Vamos a desnudarte —le dijo, sin estar segura de que la oyera. Se puso a trabajar en sus vaqueros, desabrochándolos y peleando para sacárselos de las piernas. El resto fue más fácil. Cuando lo tuvo desnudo, él se arrastró hasta la almohada sin rechistar o despertarse.
Con un suspiro, Miley se quitó la camiseta y subió a la cama, apagó la lámpara del lado de la cama y se deslizó junto a Nick. Él la rodeó con el brazo y la atrajo hacia su cuerpo.
Las respuestas que buscaba podían esperar hasta mañana. Se acurrucó más cerca de Nick y cerró los ojos.
Nick no quería despertarse. El cálido cuerpo de Miley estaba acurrucado junto a él, el sol aún no brillaba a través de las ventanas, lo cual quería decir que era temprano. Demasiado jodidamente temprano para estar despierto.
Y aún así lo estaba. Parecía como si tuviera algodón en la boca. Y le dolía la cabeza. Maldita sea, ¿qué camión le había atropellado anoche? Yacía allí intentando encontrar sus neuronas, porque no podía recordar nada. Tal vez simplemente se volviera a dormir durante un buen rato. Se acercó más a Miley, enterrando la nariz en su pelo e inspirando su dulce perfume. Podría volver a dormirse fácilmente.
Dios mío, se sentía drogado.
Parpadeó abriendo los ojos. Drogado. Los recuerdos salieron poco a poco y con dificultad de la niebla. Oh, sí. Anoche, Miley le puso un narcótico a su soda, se escabulló con el virus y él la persiguió en su moto. Estaba todo allí, por los pelos y un poco confuso, pero ahora lo recordaba.
Debía de estar loco para perseguirla en la moto estando tan drogado como estaba. No obstante, realmente no había tenido otra elección ¿verdad? Había necesitado recuperar el virus.
Había necesitado recuperar a Miley.
Lo importante era que ella todavía estaba allí con él.
Miley se había quedado. Recordaba haberle pedido que confiara en él, que le diera una oportunidad de explicárselo todo. ¿Cuántas veces se lo había pedido? Era tan injusto. Él había sido injusto con ella todo el tiempo. Debería habérselo confesado todo de inmediato, en lugar de esperar tanto para decírselo.
Tendría que contarle toda la historia, hoy. Ahora el secreto estaba al descubierto.
Pero aún no. No cuando todavía se estaba caliente en la cama y más caliente aún apretado contra su cuerpo dormido. Estaban acurrucados juntos, con su culo anidado en su entrepierna. Su mano descansaba entre los senos de ella. Sonrió al pensar en despertarse así, con la nariz sepultada en su cuello, sabiendo que lo primero que iba a oler por la mañana era la piel dulce de Miley.
Lo encendía sólo con respirar. Despertarse con su culo contra la polla era mejor que cualquier despertador, haciéndole volver a la vida en un instante. Su sangre bajaba rápidamente hacia el sur y su pene finalmente empezó a prestar atención a donde estaba, entre las piernas de una mujer muy caliente.
Él se apoyó en un codo para poder ver por encima del hombro de Miley, luego deslizó la sábana hasta su cintura, destapando sus pechos. Como el resto de ella, eran perfectos… redondeados, con pezones rosas que se alzaron cuando pasó la palma sobre ellos. Acunó uno, incordiando la rosada punta con el pulgar mediante círculos lentos y perezosos rodeándolo hasta que se contrajo.
Miley gimió y se arqueó, pero sus ojos seguían cerrados. Él continuó jugueteando con su pezón, cautivado por la forma en que se endurecía cuando lo hacía rodar entre sus dedos. Pero mucho mejor fue su respuesta, la forma en que movió el trasero contra su polla.
Oh, estaba despierta, de eso no había duda, porque ahora estaba moviéndose contra él, pero no con frenesí.
Era más bien un lento despertar y estaba disfrutando de esos sonidos pequeños que hacía. Los gemidos y suspiros indicaban que todavía estaba despertándose y que disfrutaba de su toque.
Deslizó la polla entre sus piernas. Estaba mojada, sus pliegues resbaladizos y cálidos, dándole la bienvenida mientras avanzaba entre ellos.
Sin embargo a pesar de las ansias por entrar en ella, le gustaba esa forma perezosa de hacer el amor por la mañana y no quería ponerse demasiado salvaje y loco. Todavía no, de cualquier forma.
Sólo tener este contacto íntimo con Miley era suficiente.
Situó la polla en la entrada de su coño y la introdujo con cuidado, sin penetrar con un empuje duro. En lugar de eso, fue introduciéndose poquito a poco, sintiéndola derretirse a su alrededor al recibirlo mientras lo empujaba a su interior.
El sexo con Miley normalmente era salvaje. Hacer el amor así con ella, siendo capaz de escuchar cada sonido que hacía, cada inspiración que daba mientras él empujaba con lenta precisión, era un cambio agradable. Lo sentía todo, desde la forma en que pulsaba a su alrededor, hasta la forma en que sus cuerpos parecían encajar juntos perfectamente… desde su pecho contra la espalda de ella, hasta los muslos acurrucados contra los suyos.
Debería haber sabido que no duraría. No cuando la pasión que compartían se incrementaba. Intentó contenerse, tomarse las cosas con calma y de forma gentil. Pero Miley empujó el culo contra él, abriendo las piernas para darle un mejor acceso y agarrándose a las sábanas para afirmarse y poder moverse, hacia delante, después hacia atrás contra su polla. Su respiración ligera y sus gemidos delicados se habían convertido en gemidos más profundos, más necesitados. Ella quería más.
Demasiado para hacerlo suave y lento. Si ella quería acelerar el ritmo, entonces estaba más que feliz de complacerla.
—Sobre tu estómago —le dijo, saliendo de ella y colocando una almohada en medio de la cama.
Ella se dio la vuelta, situando la parte baja del vientre en la almohada, lo que levantó su culo al aire.
—Mmmm —fue su única respuesta.
Nick colocó las palmas de las manos a cada lado de sus hombros, se reclinó sobre ella, deslizando su cuerpo contra el de Miley para sentir el contacto de piel contra piel. Ella gimió, levantando el culo contra él. Colocó la polla en la entrada de su coño y entró. Sus tensos músculos lo aferraban y lo absorbían, apretando y contrayéndose.
Oh, . Pero quería una penetración más profunda.
—Vamos, cariño. Levántate sobre manos y rodillas —deslizó el brazo bajo ella y la ayudó a levantarse. Ella apoyó las palmas sobre el colchón y separó las piernas, inclinándose y levantando el trasero. Le lanzó una mirada sexy por encima del hombro mientras él se deslizaba en su coño.
Empezó despacio, pero Miley quería más, moviéndose hacia atrás, contra él, follando su polla con penetraciones profundas y enérgicas.
Su mujer estaba despierta y tenía hambre. Agarró sus caderas y empujó duro. Ella echó la cabeza hacia atrás y dejó escapar un gemido de puro deleite, sus dedos aferrando las sábanas con un agarre fuerte. Arqueó la espalda y se agarró mientras él le daba exactamente lo que había pedido.
La humedad cubría su polla mientras ella se mojaba más con cada envite. Se inclinó para poder alcanzar su clítoris… estaba tan mojada, tan caliente y él apenas podía esperar mientras sus paredes se apretaban a su alrededor.
Nick avanzó, frotando su clítoris mientras lo hacía.
—Vamos, nena —murmuró contra su oreja—. Déjate ir.
Ella gimió, echándose hacia atrás contra él con salvaje abandono, sacudiendo la cabeza de lado a lado.
—Nick.
—Sí, estoy justo aquí contigo. Ahora déjate ir para mí.
Lo sintió antes de que ella gritara el dulce espasmo que le hizo saber que se corría. Él lo hizo al mismo tiempo, desbordándose en su interior, plantando las caderas contra su culo mientras se estremecía contra él en éxtasis. Ella estaba temblando mientras se corría, todo su cuerpo era una vibración enorme desde dentro hacia fuera, lanzándolo también a las nubes.
Jadeando, la cogió por la cintura, levantándola de forma que su espalda quedó apoyada en su pecho. Ambos estaban empapados en sudor por el esfuerzo, el corazón de Miley latía de manera rápida y salvaje contra la palma de su mano.
Presionó un suave beso contra su cuello.
—Buenos días.
—Buenos días —respondió ella—. Necesito una ducha.
—Yo también.
Se ducharon juntos y Miley salió primero. Se secó y se vistió, luego dijo que bajaría a preparar el desayuno. Mientras él se secaba, antes de salir le dijo:
—Después de desayunar, quiero algunas respuestas.