jueves, 14 de febrero de 2013

Obsesión Implacable Cap 5




— ¿Qué estás...? —antes de terminar la frase se encontró bailando con ella.
—Sí, ya lo sé. Los convencionalismos de la alta sociedad dictan que tengo que esperar a que tú me lo pidas, pero esto no es la alta sociedad. Para mí es la alta suciedad —añadió en un tono irónico.
Nick se sorprendió. Ni siquiera él mismo hubiera podido expresarlo mejor.
—A lo mejor tus temores eran infundados. Como eres una chica tan aburrida y ejemplar, no creo que fuera a pedirte que bailaras con él.
—Es que Liam tiene unos gustos muy raros —dijo ella rápidamente.
Ella se deslizaba como el mercurio entre sus brazos, moviéndose y volviéndose contra su cuerpo, siguiendo la cadencia y llevándole con soltura, en perfecta sincronía. Nick se sentía tentado de agarrarla con fuerza, atraerla hacia sí y dejar que pasara cualquier cosa.
Pero no. No en ese momento. Aún no.
Ella sabía que lo estaba pensando, y un escalofrío le heló la sangre.
— ¿No te gusta bailar? —le preguntó un momento después.
—Esto no es bailar. Esto es revolcarse en la alta suciedad —dijo él.
—Cierto, pero hemos hecho enojar a Liam, y eso ya es algo.
Tenía razón. Liam los observaba con el gesto enfurruñado, como un niño al que le han arrebatado un juguete.
De repente Nick se olvidó de todo. Su rostro estaba muy cerca y la sonrisa que iluminaba los labios de ella lo atravesaba de lado a lado.
— ¿Qué haces después?
—Me quedaré aquí unos cuantos días, o semanas. Así aprovechó para hacer un poco de investigación. Greg tiene muy buenos contactos. Hay una cripta en un museo que nunca ha sido abierta para nadie, pero él va a hablar con unas personas.
Nick bajó la vista y contempló aquel cuerpo sensual que se movía en sus brazos, aquel rostro encantador que sonreía de forma natural, los ojos azules, profundos y misteriosos... ¿qué hacía una mujer tan despierta y viva investigando sobre los muertos? ella era un ser de luz, no de la oscuridad de las tumbas. Sus manos no estaban hechas para hojear viejos libros polvorientos, sino para acariciar el rostro de un hombre mientras él disfrutaba de su exquisita desnudez.
— ¿Para ti es una suerte eso de poder visitar museos?
—Voy a tener la oportunidad de ver cosas con las que muchos estudiosos sólo pueden soñar, así que es todo un privilegio.
— ¿Y no hay nada más que te guste hacer?
— ¿Te preguntas por qué una mujer se preocupa por esas cosas? las mujeres están hechas para el placer. Los asuntos importantes son para los hombres.
Nick titubeó un instante. Ella casi había dado en el clavo.
—No quería decirlo así. Pero si la vida te ofrece tantos caminos posibles...
— ¿Cómo Liam? sí. Podría arrojarme a sus brazos, o a cualquier otra parte de su anatomía —le dijo con mordacidad.
—Lo siento —se apresuró a decir él, soltándola un poco.
— ¿Dónde estaba? ah, sí, en lo de los caminos.
—Olvídate de Liam —dijo él en un tono impaciente—. Ese no es un camino, sino un callejón sin salida.
—Sí, de eso ya me he dado cuenta. Ya no tengo quince años. Según he leído en mi carné de identidad, tengo treinta dos años.
—Si estás buscando un cumplido, elegiste al hombre equivocado.
—Oh, por supuesto. Yo nunca me acercaría a ti buscando atenciones o alabanzas, pero sí que hay algo que... —titubeó un poco, como si estuviera tratando de encontrar las palabras adecuadas—. Sí hay algo que ningún hombre podría darme excepto tú —susurró al final.
— ¿Y qué es? — Nick no quería preguntar, pero la tentación fue más fuerte.
—Un buen consejo financiero —declaró ella—. ¡Ajá! ahí está. Lo conseguí.
— ¿Qué?
—Te he hecho reír.
—No me estoy riendo —dijo él, intentando disimular.
—Pues lo estarías si no te esforzaras tanto por disimularlo. Apuesto a que soy capaz de hacerte reír. Por favor, sé bueno por una vez y déjame disfrutar de mi pequeña victoria.
—Yo nunca soy bueno, pero esta vez te dejaré salirte con la tuya.
— ¿Sólo esta vez? —preguntó ella, levantando las cejas.
—Normalmente prefiero ser yo quien salga victorioso.
—Podría tomarme eso como un desafío.
—Los desafíos... ¿se te dan bien? —le preguntó él un momento después.
—Oh, sí. Siempre me salgo con la mía.
—Igual que yo... presiento que se avecina una gran batalla.
—Cierto —dijo ella—. Estoy temblando con sólo mirarte.
Él guardó silencio y una sonrisa se dibujó en sus labios lentamente. Miley tenía la extraña sensación de que todas las mujeres presentes en la sala la estaban mirando. Le habían dicho que la mayoría de ellas había pasado por la cama de Nick y, de repente, supo que era verdad. Todas aquellas féminas despechadas le clavaban los ojos como dardos envenenados; ojos inyectados en sangre, llenos de recuerdos, calientes, dulces, gloriosos, amargos... había una mujer en particular cuya mirada indiscreta y celosa llamó poderosamente la atención de Miley. Aquella criatura petulante enfundada en un extravagante vestido trataba de fulminarla con los ojos. ¿La última conquista de Nick  Jonas? quizá... aquellos ojos eran iguales que los de las demás. Sin embargo, en ellos palpitaba un profundo resentimiento, un instinto asesino...
De pronto Nick la hizo girar mientras bailaban, más y más rápido, haciéndola olvidar todo lo que la rodeaba. El mundo se había desvanecido a su alrededor. Ya nada importaba.
¿Acaso acabaría en los brazos de él, presa de una pasión febril? ¿Acaso iba a terminar como todas las otras, sufriendo en la distancia? no. Algo le decía que el camino que iban a recorrer juntos tendría muchas curvas y recovecos.
En ese momento fueron interrumpidos por unos gritos provenientes de muy cerca. Todos los invitados dejaron de bailar y se hicieron a un lado, revelando a la feliz pareja de recién casados, entregados a un abrazo de amor. Tal y como se esperaba de unos personajes tan glamurosos, el beso se prolongó hasta que la multitud rompió a aplaudir, y entonces, poco a poco, todas las parejas comenzaron a abrazarse y a besarse, imitando a los homenajeados.
Nick se quedó inmóvil, contemplando la escena. Todavía la sujetaba de la cintura y la agarraba de la mano, a un centímetro de distancia. Sólo tenía que dar un paso y cubrir aquellos labios con los suyos propios.
Ella levantó la vista. Sus pupilas vibraban con los latidos de su corazón.
— ¡Vaya espectáculo! —exclamó él, mirando a su alrededor y hablando en un tono de desaprobación—. No voy a ofenderte siguiéndoles la corriente —la soltó y retrocedió, sin darle opción alguna excepto hacer lo mismo.
—Gracias —dijo ella en un tono formal—. Es un placer conocer a un hombre con sentido del decoro —le dijo, tratando de reprimir las ganas de darle un puñetazo.
—Me temo que tengo que marcharme. He descuidado mis negocios durante demasiado tiempo. Ha sido un placer volver a verte de nuevo.
—Lo mismo digo —dijo ella en un tono seco. Él inclinó con cortesía y un segundo después ya se había marchado.
Estupefacta, Miley le vio marchar, incapaz de creerse lo que acababa de ocurrir. Nick Jonas era un hombre con una voluntad de hierro y un corazón de acero. La había dejado allí y se había marchado sin más, sin mirar atrás ni una sola vez.
—No te preocupes. Hay que tener paciencia.
Miley levantó la vista y se encontró con la mujer en la que se había fijado mientras bailaban. La había visto llegar a la fiesta acompañada de uno de los hombres más ricos y poderosos de la ciudad.
—No he podido evitar observarte mientras bailabas... con Nick —le espetó, mirándola con una mezcla de desprecio y pena—. Él es así, ¿sabes? se acerca mucho y entonces se retira, para pensárselo un poco. Cuando decida que encajas en su apretada agenda de compromisos, volverá para conseguir su satisfacción, según y cuándo le convenga.
—Si yo estoy de acuerdo —dijo Miley.
La mujer soltó una risotada fría y escalofriante.
—No seas ridícula. Claro que estarás de acuerdo. Lo llevas escrito en la frente. Si regresara en este preciso instante, estarías más que dispuesta.
—Veo que sabe muy bien de qué está hablando.
—Oh, claro que lo sé. Ya he estado ahí. Sé lo que te está pasando por la cabeza en este momento, porque también ha pasado por la mía. ¿Quién se cree que es? ¿Acaso piensa que, si vuelve a entrar por esa puerta, caeré rendida a sus pies? bla, bla, bla... pero entonces te mira, como si fueras la única mujer en el mundo, y al final caes rendida a sus pies, como no podía ser de otra manera. Y será maravilloso, durante un tiempo. Estar en sus brazos, en su cama... descubres un universo con el que jamás soñaste... pero un día te despiertas y te das cuenta de que tienes los pies sobre la tierra. Sientes mucho frío porque él se ha ido. Ha terminado contigo. Ya no existes para él. Entonces llorarás y sufrirás, negando la realidad, pero él no contestará a tus llamadas, así que al final acabarás creyéndotelo. No queda más remedio —Dio media vuelta y echó a andar, pero entonces se detuvo—. Crees que eres diferente, pero con él ninguna mujer es diferente. Adiós. 


lunes, 4 de febrero de 2013

Obsesión Implacable Cap 4





Muy convincente —dijo Miley —. Deberían darte un Oscar.
Le había hablado en griego y él le contestó en la misma lengua.
—No fui tan convincente si me ha descubierto.
—Oh, es que yo desconfío de la gente automáticamente —le dijo ella en un tono bromista—. Me ahorra mucho tiempo.
Él esbozó una sonrisa cortés.
—Muy lista. Entonces está acostumbrada a este tipo de evento, ¿no? ¿Trabaja para Greg? —Señaló la cámara que llevaba en las manos.
—No. Lo conozco desde hace poco.
— ¿Y qué opina de él?
—Nunca he visto a un hombre tan enamorado —ella sacudió la cabeza, como si la idea le resultara incomprensible.
—Sí. Es una pena.
— ¿Qué quiere decir?
—No pensará que la novia está enamorada de él, ¿no? para ella él no es más que un florero, un extra más que complementa a todos los diamantes que le habrá regalado. Ya ha pasado el mejor momento de su carrera, así que le necesita como adorno, para exhibirlo como si se tratara de una figurita sobre la repisa del hogar. Casi siento pena por él, y eso que nunca creí que llegaría a decir algo así.
—Pero entonces eso significa que por fin alguien ha conseguido bajarlo de ese pedestal sobre el que estaba. Debería estarle agradecido. Piense en lo fácil que será derrotarle en el futuro, y todo gracias a ella — Miley lo miraba con la cabeza ladeada y una mirada divertida, como si él fuera una pieza de museo de lo más interesante.
—Creo que no la necesitaré para derrotarle en el futuro. Ya me las arreglaré yo solito.
—Bueno, a lo mejor no debería estar tan seguro —dijo ella, fingiendo considerarlo muy en serio—. ¿No ha visto cómo las bodas sacan lo peor de la gente? estoy segura de que normalmente usted no es tan cínico y prepotente como lo está siendo en este momento?
Nick la miró fijamente. Sin duda aquello había sido una gran impertinencia. Sin embargo, en lugar de sentenciarla con uno de sus argumentos contundentes, sintió ganas de seguir con la batalla verbal.
—Desde luego que no. Normalmente soy mucho peor.
—Imposible.
—Todo el mundo que me conozca podrá decirle que hoy están disfrutando de mi lado más amable y simpático.
—No me lo creo. Algo me dice que es usted mucho más sensible en el fondo. La gente llora sobre su hombro, los niños acuden a usted en busca de consuelo, y los que tienen problemas buscan su ayuda.
—Nunca he hecho nada para merecerlo —le aseguró él con vehemencia.
La multitud se movía alrededor de ellos, obligándoles a echarse a un lado.
—Me sorprende que Greg se haya decantado por un Partenón de imitación —le dijo él cuando salieron del templo.
—Oh, quería el original, pero, aquí entre nosotros dos... —ella bajó la voz—. Pensó que no estaba a la altura de sus exigencias y quiso hacer uno mejor. Así que construyó éste para demostrarles cómo se podía haber hecho mejor.
Antes de que pudiera evitarlo, Nick soltó una carcajada. Varios de los invitados se volvieron hacia él, sorprendidos. Un periodista de sociedad se quedó mirándolo con ojos de sorpresa y tomó unas notas.
Miley también se rió. Él la condujo hasta donde servían las bebidas y le ofreció una copa de champán. Las mesas del festín de bodas estaban en el exterior. Los invitados estaban tomando sus asientos, preparándose para recibir a la pareja de recién casados.
—Volveré pronto —dijo ella.
—No tarde mucho. Todavía no me ha dicho su nombre.
Ella miró atrás y esbozó una sonrisa curiosa.
—No. No se lo he dicho, ¿verdad? a lo mejor pensé que no era necesario. Le veo después —Levantó la copa de champán rápidamente y se marchó.
—Eres un demonio astuto —dijo una voz a sus espaldas.
Nick se dio la vuelta y enseguida reconoció a uno de sus viejos aliados.
—Frankie —exclamó—. Debería haber sabido que tú nunca faltas cuando hay buena comida.
—Buena comida, buen vino, mujeres hermosas. Bueno, estoy seguro de que tú también te has dado cuenta —miró hacia la joven que se alejaba de ellos.
—Es encantadora —dijo Nick en un tono prudente.
—Oh, no te preocupes. Ni se me pasaría por la cabeza. Jamás aspiraría a la hija de Tish Cyrus.
Nick se puso tenso de inmediato.
— ¿Qué?
—No te culpo por quererla toda para ti. Es un bombón.
— ¿Has dicho «la hija de Tish Cyrus  »?
— ¿No te ha dicho quién es?
—No. No me lo dijo.
Se movió hacia Miley, sorprendido. ¿Cómo había caído en la trampa tan fácilmente? sus comentarios sobre la madre lo dejaban en desventaja, y eso era algo que no iba a tolerar. Ella podía haberle dicho quién era, pero no lo había hecho, lo cual significaba que se estaba riendo de él. Los rasgos de Nick se endurecieron de inmediato.
Era demasiado tarde para alcanzarla. Ya había llegado a la plataforma donde estaba situada la mesa de los novios. Un camarero lo acompañó a su sitio, que también estaba en la mesa principal, pero situado en una esquina, algo alejado de ella. Podía verla perfectamente, pero no estaba lo bastante cerca como para hablar. Ella estaba enfrascada en una animada conversación con su compañero de mesa, riendo y echando atrás la cabeza con entusiasmo, desprendiendo alegría a su alrededor. Aunque con cierta reticencia, Nick no tuvo más remedio que admitir que era una joven encantadora, pero él no estaba de humor para dejarse encantar.
En un momento dado ella levantó la vista y sus miradas se encontraron. Evidentemente, ella sabía que el pequeño truco había funcionado, y sus ojos lo decían todo.
Nick, sin embargo, no se dejó apabullar, y le lanzó una de sus miradas infalibles. Tomarse la revancha sólo era cuestión de tiempo para alguien como él.
De repente se oyeron unas ovaciones desde el extremo más alejado y la gente comenzó a aplaudir. Eran el señor y la señora Kinnear, haciendo su entrada triunfal. Él tenía unos sesenta años, el pelo canoso y una constitución fuerte y aparentemente autoritaria. Sin embargo, cuando tomaron asiento en la mesa elevada, se inclinó sobre su recién estrenada esposa y le dio un beso de adoración en la mano. Ella parecía a punto de desmayarse de alegría ante semejante muestra de devoción, o quizá se tratara del diamante de cinco millones de dólares que llevaba en el dedo. La joven que había osado engañar a Nick Jonas se unió a los aplausos y le dio un beso a su madre.
Los invitados se dispusieron a disfrutar de los manjares del convite. ¿Cómo había podido confundirla con una mera empleada? su actitud desenfadada y distendida debería haberle dicho algo. Los novios habían posado para ella nada más verla acercarse, y también se habían hecho fotos en su compañía.
—Tenemos que hacernos algunas fotos juntos —dijo Liam de repente, situándose al lado de ella—. Hermano y hermana —le oyó gritar Nick.
Reivindicando un derecho de hermano le puso el brazo alrededor de la cintura y la atrajo hacia sí. Ella le siguió la corriente, pero Nick tuvo tiempo de captar la mirada exasperada que cruzaba su rostro. En cuanto pudo se desembarazó de su hermanastro y se lo endosó a Jennifer Lawrence, como una enfermera que trata de librarse de un niño majadero.
Cuando la comitiva empezó a diseminarse, Nick aprovechó para acercarse a ella. La joven lo esperaba con un aire juguetón y expectante.
—Supongo que tendré que tener más cuidado la próxima vez —dijo él en un tono serio.
—No ha sido muy prudente que digamos, ¿verdad?
—Supongo que le parecería muy divertido dejarme decir todas esas cosas sobre su madre sin revelar su parentesco.
—Yo no le obligué a decir nada. ¿Qué le pasa? ¿Es que no sabe aceptar una broma?
—No —dijo él con contundencia—. Y no me parece nada divertido.
Ella frunció el ceño, como si acabara de encontrarse con una especie de extraterrestre.
— ¿Hay algo que le parezca divertido alguna vez?
—No. las cosas son más sencillas y seguras de esa forma —dijo él.
El buen humor de Miley se desvaneció.
—Pobre.
Nick se quedó desconcertado. Parecía que lo decía de todo corazón...
Nadie había vuelto a demostrarle compasión desde aquella vez, tanto tiempo antes... mucho tiempo antes.
De repente la llama de la sospecha se encendió en un rincón de su mente, aunque sus pensamientos miraran hacia otro lado.
—Si cree que he insultado a su madre, le pido disculpas —le dijo en un tono seco.
—En realidad, es a mí a quien ha insultado.
—No veo cómo.
Ella lo miró a los ojos con una expresión contradictoria, llena de incredulidad, indignación y, sobre todo, buen humor.
—Es cierto que no lo ve, ¿verdad? —le preguntó—. Todo este tiempo y todavía no se ha... de verdad que no se ha dado cuenta... bueno, debo decirle que cuando ve a una señorita por segunda vez, lo más cortés es acordarse de la primera vez.
— ¿Segunda vez? ¿Alguna vez...? ¿Nos hemos...?
De repente una llamarada de recuerdos iluminó su mente y entonces lo supo.
—Eras tú —dijo lentamente—. En el tejado, en las vegas...
—Vaya, ya veo que lo recuerdas perfectamente.
—Pero, estabas muy distinta. Eres otra persona.
—Espero que no, después de todo este tiempo. Soy la misma en algunas cosas, y en otras no. Tú también estás muy distinto, pero es más fácil identificarte. Quería que me reconocieras, pero no lo hiciste —suspiró en un estilo dramático y teatral—. ¡Oh! ¡Estoy desolada!
—Te daba lo mismo que te reconociera o que no —dijo él sin ganas de bromas.
—Bueno, a lo mejor.
La orquesta se estaba colocando en su sitio y la pista de baile estaba siendo despejada, así que tuvieron que desplazarse un poco a un lado. Nick se sentía como si acabara de entrar en un mundo extraño y desconocido donde nada era lo que parecía. Ella había salido del pasado, interponiéndose en su camino y desafiándolo con viejos recuerdos y temores.
—Todavía no puedo creerme que seas tú. Tienes el pelo distinto. Entonces lo tenías muy corto.
—Era más práctico. Estaba rodeada de rutilantes estrellas, así que tenía que desempeñar mi papel de adolescente rebelde.
— ¿Eso era todo lo que hacías?
—Verás... el típico adolescente siempre pasa por una época de locura, bebe todo lo que puede, llega tarde a casa, tiene muchos ligues... pero todo el mundo a mi alrededor hacía justamente eso, así que no tenía mucho atractivo para mí. Yo tenía que hacer todo lo contrario y por eso me corté el pelo, me compré ropa barata, fui una estudiante modelo y siempre me acosté pronto. ¡Vaya! sí que era una chica ejemplar. Aburrida, pero ejemplar.
— ¿Y qué pasó?
Ella se rió a carcajadas.
—Mi madre empezó a preocuparse por mi extraño comportamiento y le llevó un tiempo hacerse a la idea de que iba directa hacia la vida académica.
— ¿Y en qué te especializaste?
—Me especialicé en historia antigua, Grecia. Escribo libros, doy conferencias, y en realidad no sé tanto como aparento —dijo en un tono de broma.
—Como la mayoría —dijo Nick, sin poder resistirse.
—Como la mayoría.
— ¿Y tu madre terminó aceptándolo?
—Oh, sí. Ahora le impresiona mucho. Asistió a una de mis conferencias y me dijo: «cariño, eso ha sido increíble. ¡No he entendido ni una palabra!». Y al final fui yo quien le presentó a Greg —miró a su alrededor—. Así que puedes echarme la culpa por todo esto.
Era la hora del baile. Tish y Greg salieron a la pista y danzaron hasta complacer a todos los fotógrafos.
— ¿No vas a hacer fotos?
—No. Yo sólo hago las fotos de familia. Lo que están haciendo ahora es puro espectáculo.
Liam la saludó con la mano al pasar por su lado mientras bailaba con Jennifer.
Miley suspiró.
—Tiene treinta y tantos, pero en el fondo no es más que un chiquillo. No quiero ni imaginarme qué pasará cuando se haga cargo de la... —se detuvo de repente y se tapó la boca—. No he dicho nada.
—No te preocupes. No has dicho nada que no sepa todo el mundo. Ya veo que aprendes muy rápido —añadió en un tono sarcástico que no dejaba lugar a dudas.
Los dos grandes clanes que controlaban el negocio de los astilleros de Grecia solían recurrir a medios poco honrados para sacar ventaja, y eso a veces incluía un poco de espionaje; tanto así que cualquier comentario casual podía convertirse en un arma de doble filo.
El baile terminó y otro comenzó. Jennifer se fue detrás de un poderoso productor y Liam echó a andar en dirección a Miley.
— ¡Oh, por favor, baila conmigo! —exclamó Miley de repente, tirando del brazo de Nick y arrastrándolo a la pista. 


lunes, 28 de enero de 2013

Obsesión Implacable Cap 3




— ¡Estás fabulosa!
Miley Cyrus esbozó una sonrisa al oír el cumplido de Liam Kinnear.
—Gracias, hermano querido.
—No me llames así. Yo no soy tu hermano.
—Pero lo serás dentro de un par de horas, cuando tu padre se case con mi madre.
—Hermanastro a lo sumo. No somos parientes de sangre y puedo suspirar por ti si quiero.
—No. Tú serás el hermano que siempre he querido. Mi pequeño hermanito.
— ¡Hermanito! ¡Si soy mayor que tú!
Era cierto. Él tenía treinta y siete años, mientras que ella sólo tenía treinta y dos. Sin embargo, había algo aniñado en él que resultaba entrañable. Él la admiraba mucho, y ella entendía por qué. La delgaducha Miley de la adolescencia había florecido con los años y, aunque no era hermosa según la definición de Hollywood, sí podía considerarse atractiva. Tenía una personalidad chispeante que resplandecía en sus expresivos ojos y un agudo sentido del humor. Para desviar la atención de Liam, comenzó a hablar de Jennifer, la aspirante a actriz que le acompañaba esa noche.
—Estáis espectaculares esta noche. Todo el mundo verá lo afortunado que eres.
—Yo preferiría haber venido contigo —dijo él, suspirando.
— ¡Oh, para ya! después de todas las molestias que Tish se tomó para que ella te acompañara. Deberías estar agradecido.
—Jennifer es maravillosa —admitió—. Por lo menos Jonas no podrá estar a la altura.
— ¿Jonas? ¿Quieres decir Nicholas Jonas? —Preguntó Miley de repente—. ¿El auténtico Nicholas Jonas?
—No hay necesidad de decirlo así, como si fuera importante —dijo Liam.
—Parece que sí lo es. ¿No estaba...?
—Eso no importa. Probablemente no venga con una mujer colgada del brazo.
—He oído que tiene fama de mujeriego.
—Cierto. Pero nunca las exhibe en público. Demasiado lío, supongo. Para él son como pañuelos de usar y tirar.
—Te diré una cosa. Probablemente más de la mitad de las mujeres invitadas a esta boda han pasado por su cama.
—Lo odias, ¿verdad? —preguntó ella con curiosidad.
—Hace años tuvo algo con una chica de mi familia, pero la trató muy mal.
— ¿Cómo?
—No sé los detalles. Nadie lo sabe.
—Entonces a lo mejor fue ella quien lo trató mal —sugirió Miley—. Y él puede haber reaccionado mal porque estaba desilusionado.
Liam la fulminó con la mirada.
— ¿Y por qué piensas algo así?
—No lo sé —dijo ella, confusa.
Una voz misteriosa acababa de susurrar algo desde un rincón de su mente, pero no era capaz de distinguir las palabras. Era una voz que venía de mucho, mucho tiempo atrás; una voz que la perseguía a través de los años. Trató de escuchar, pero sólo encontró silencio.
—Ella huyó, y poco tiempo después oímos que estaba muerta. Fue hace muchos años, pero por aquel entonces él ya sabía cómo clavar cuchillos por la espalda. Ten cuidado. En cuanto se entere de que estás emparentada con la familia, tratará de seducirte, sólo para demostrar que puede hacerlo.
— ¿Seducirme? —Repitió Miley con una nota de humor—. ¿Pero qué crees que soy, una frágil damisela indefensa? después de tanto tiempo en el mundo del cine he aprendido a usar el cinismo como arma de defensa. Créeme. De hecho a veces soy yo la que seduce.
Los ojos de Liam brillaron.
—Ah, en ese caso... —dijo, alzando las manos.
—Vamos —dijo ella con firmeza—. Ya es hora de ir a buscar a Jennifer.
Para el alivio de Miley, él se alejó. Había algunas facetas de Liam que eran más que preocupantes, pero eso podía esperar. Se suponía que iba a ser un día feliz.
Comprobó la cámara. Ese día habría un auténtico ejército de fotógrafos profesionales pululando por la sala, pero Tish, a la que siempre llamaba por su nombre de pila aunque fuera su madre, le había pedido que hiciera algunas fotos privadas para la familia.
Se miró en el espejo por última vez y entonces frunció el ceño. Tal y como había dicho Liam, estaba espléndida, pero lo que estaba bien para otras mujeres, no estaba tan bien para la hija de Tish Cyrus. Era el gran día de la novia y sólo ella tenía el derecho a acaparar toda la atención.
—Algo un poquito más discreto —murmuró, mirándose, y entonces fue a buscar un vestido más oscuro y simple, casi puritano.
Se lo puso, se retorció su exuberante mata de pelo en un moño y entonces volvió a mirarse.
—Mejor. Ahora nadie se fijará en mí —se dijo.
Durante sus treinta y dos años de vida había aprendido a vivir a la sombra de su madre, siempre teniendo cuidado de no eclipsar a la rutilante estrella. Sin embargo, eso ya no le suponía ningún problema. Ella quería a su madre, pero su vida estaba en otra parte.
La novia ya se había mudado a la gran mansión y en ese momento ocupaba la suite que pertenecía a la señora de la casa. Miley fue en su busca antes de empezar.
Y entonces las cosas se torcieron.
Tish dio un grito cuando vio a su hija.
—Cariño, ¿en qué estabas pensando cuando te pusiste ese vestido? pareces una institutriz de la época victoriana.
Miley, que ya estaba acostumbrada a la poca sutileza de su madre, no se lo tomó mal.
—Pensé que sería mejor ser un poco discreta. Tú eres la que tiene que llamar la atención de todos. Y estás absolutamente maravillosa. Vas a ser la novia más hermosa del mundo.
—Pero la gente sabe que eres mi hija —dijo Tish—. Si sales ahí fuera aparentando diez años más, ¿qué van a decir de mí?
—A lo mejor podrías fingir que no soy tu hija —dijo Miley con un amargo sentido del humor.
—Demasiado tarde para eso. Ya lo saben. Tienes que verte joven e inocente, o de lo contrario empezarán a preguntarte cuántos años tengo. De verdad, cariño, tienes que ponerte algo más llamativo.
—Lo siento. ¿Voy a cambiarme entonces?
—Sí, por favor, y hazlo rápido. Y suéltate el cabello.
—Muy bien. Me cambiaré. Que tengas un día maravilloso.
Le dio un beso a su madre y ésta la abrazó como si no hubiera pasado nada. Tish Cyrus siempre se salía con la suya.
Al salir de la habitación, Miley sonreía, pensando que era una suerte conservar intacto el sentido del humor. Treinta y dos años de vida como hija de Tish Cyrus  tenían sus ventajas, pero también habían puesto a prueba su paciencia en más de una ocasión.
De vuelta en su dormitorio, volvió a cambiarse el vestido, se soltó el pelo y se dispuso a hacer acto de presencia en los festejos. Salió al enorme jardín donde estaba la multitud de invitados y comenzó con las presentaciones, sonriendo y diciendo las cosas adecuadas. Sin embargo, de vez en cuando, su mirada se desviaba a un lado y a otro, en busca de un hombre.
Nicholas Jonas...
¿Habría llegado ya?
Aquella extraña hora que habían pasado juntos tantos años atrás se había convertido en un sueño, pero él siempre había estado ahí. Había seguido su carrera a través de los medios, recopilando los escasos datos de su vida privada que alguna vez se filtraban a la prensa. Todavía seguía soltero y, desde la muerte de su padre, momento en el que se había convertido en el director de Jonas Shipbuilding, vivía solo. Eso era todo lo que el mundo sabía de Nicholas Jonas. En alguna ocasión se había encontrado con una foto en la que apenas podía reconocer a aquel joven que había conocido en las vegas. Su rostro había cambiado hasta el punto de inspirar miedo. Sin embargo, ella siempre recordaría a aquel muchacho inocente y despechado, cansado de la vida y desilusionado.
«Me hizo confiar en ella...», le había dicho quince años antes, como si eso hubiera sido el crimen más grande del mundo. Las fotos más recientes mostraban a un hombre de aspecto cruel y despiadado. Era difícil imaginar que ese hombre pudiera ser el mismo muchacho que se había aferrado a ella con lágrimas en los ojos, huyendo de los demonios que lo perseguían dentro de su mente. ¿Qué había sido de aquella desesperación, del dolor? ¿Acaso había sucumbido al deseo de destrucción y había terminado aniquilando su propio corazón? ¿Qué le hubiera dicho después de tantos años?
Ella no era ninguna santa. En esos quince años se había casado, divorciado y había disfrutado de la compañía masculina en toda su plenitud. Sin embargo, aquel encuentro fortuito y fugaz aún vivía intensamente en su cabeza, en su corazón y también en sus sentidos. Jamás había olvidado la sensación de aquella presencia poderosa, el leve roce de sus labios en la despedida...
En ese momento le vio.
Ella estaba de pie en lo alto de una pequeña colina, observando el desfile de invitados, y entonces le encontró entre la multitud. Era muy fácil localizarle, no sólo por su impresionante estatura, sino también por su presencia intensa, magnética, intacta después de tantos años.
Las fotos no le hacían justicia. Aquel muchacho triste se había convertido en un hombre apuesto cuyos rasgos serios, llenos de orgullo y soberbia, hubieran atraído todas las miradas en cualquier lugar. En las vegas lo había visto envuelto en la penumbra, pero la claridad de aquel día primaveral revelaba unos ojos oscuros y profundos, tan enigmáticos como el hombre que se escondía detrás de ellos. Liam había dicho que no acudiría acompañado, y era cierto. Nicholas Jonas caminaba solo y, a pesar de estar rodeado de gente, daba la impresión de ser inalcanzable. De vez en cuando alguien trataba de dirigirle la palabra. Él contestaba brevemente y seguía adelante.
La fotógrafa que había en Miley sonrió para sí. Ante sus ojos tenía a un hombre al que sí merecía la pena hacerle una foto. Y si eso le incomodaba, seguramente la perdonaría, por los viejos tiempos. Tomó una foto, y después otra. Sonrió y avanzó hasta estar delante de él.
Él levantó la vista, vio la cámara y frunció el ceño.
—Guarde eso.
—Pero...
—Y quítese de mi vista.
Antes de que pudiera decir nada él siguió adelante.
Miley se quedó sola y su sonrisa se desvaneció. La había mirado a la cara, pero no la había reconocido... no podía hacer otra cosa excepto seguir caminando con la multitud hasta llegar al templo y ocupar su lugar. No la había reconocido, pero no importaba. Habían pasado más de quince años y ella había cambiado mucho.
«Qué tonta he sido. ¿Cómo iba a acordarse de mí?», pensó, esbozando una sonrisa. Ya era hora de desterrar aquellas estúpidas fantasías románticas y pasárselo bien.
Pasárselo bien... a costa de él... le estaría bien empleado por haber pasado de largo sin siquiera saludarla. La música comenzó a sonar al tiempo que la novia hacía su entrada en el templo, vestida con un despampanante traje de satén y aparentando más de diez años menos. Miley se unió a los otros fotógrafos y se olvidó de todo lo ocurrido. Nicholas estaba sentado en la primera fila. Al verla frunció el ceño durante un instante, como si tratara de resolver un complicado puzle.
Tras pronunciar los votos matrimoniales, los novios avanzaron lentamente por el pasillo, sonrientes, adinerados, poderosos, contentos de haber hecho una buena adquisición. Los invitados comenzaron a abandonar el templo.
—Nick, amigo mío, me alegro de verte.
Al darse la vuelta se encontró con Liam Kinnear. Iba directo hacia él, con los brazos abiertos como quien le da la bienvenida a un viejo amigo.
Nick esbozó una de sus sonrisas de compromiso y saludó al hijo de Greg Kinnear. Liam le presentó a su acompañante, Jennifer Lawrence, y él fingió estar profundamente impresionado.
Juegos de poder e hipocresía... un momento después, tras cumplir con las exigencias de la cortesía, la pareja siguió adelante y Nick respiró aliviado.

De repente oyó un pequeño suspiro risueño a sus espaldas y entonces se dio la 
vuelta. Era la joven de pelo rubio otra vez, riéndose de él como si acabara de representar un papel cómico sólo para ella. Una tensión violenta se apoderó de él; una extraña combinación de dolor y placer que lo tenía en un puño. Era como si el mundo hubiera girado trescientos sesenta grados a su alrededor en un abrir y cerrar de ojos; como si ya nada pudiera volver a ser igual...