martes, 12 de marzo de 2013

Obsesión Implacable Cap 6





La fiesta se extendió hasta la noche. Las luces del falso Partenón se encendieron y la música ascendió hasta el cielo. Los magnates hacían negocios y cerraban suculentos tratos. Miley acompañó a Tish al interior de la casa para ayudarla a cambiarse de ropa.
Iban a pasar la luna de miel a bordo del Silver lady, el yate de Greg, que en ese momento los esperaba en el puerto de Piraeus, a unos ocho kilómetros de distancia. Para allí habían salido ya dos coches cargados de equipaje y personal de servicio, y sólo quedaba la limusina para transportar a los recién casados.
— ¿Te encuentras bien? —le preguntó Tish, mirando a la cara a su hija.
—Claro —dijo Miley, fingiendo alegría.
—Parecías preocupada por algo.
En realidad sí que estaba preocupada. Las palabras de aquella extraña retumbaban en su cabeza.
«Cuando decida que encajas en su apretada agenda de compromisos, volverá para conseguir su satisfacción, según y cuando le convenga», le había dicho.
Pero eso no iba a pasar. Si llegaba a regresar esa noche, ella ya se habría marchado.
— ¿Te importa si os acompaño al puerto? —le preguntó a su madre de repente.
—Cariño, me encantaría. Pero yo pensaba que ibas a salir por ahí toda la noche.
—No creo. No tengo ganas.
En el coche, de camino al puerto, bebieron champán y cuando subieron al yate, Greg les dio un paseo por aquel magnífico barco, lleno de orgullo.
—Ahora tenemos que casarte a ti —le dijo con entusiasmo.
—No. Gracias —dijo Miley apresuradamente—. Mi única experiencia en ese sentido no me dejó muy buen sabor de boca.
Antes de que Greg pudiera contestar, el teléfono de ella comenzó a sonar.
—Me temo que mi comportamiento de esta noche dejó mucho que desear —dijo una voz masculina—. A lo mejor puedo recompensarte invitándote a cenar.
Por un momento Miley se quedó en blanco. Habían ensayado muy bien el discurso, pero las palabras no salían de su boca.
—No sé si...
—Mi coche está esperando delante de la casa.
—Pero yo no estoy allí. Estoy en Piraeus.
—No te llevará mucho tiempo volver. Te estaré esperando.
Colgó.
— ¡Vaya! —exclamó ella, sin poder contenerse—. Simplemente da por sentado que haré lo que él quiera —al ver que todos la miraban con el ceño fruncido, les explicó algo más—. Nick  Jonas. Quiere invitarme a cenar, y no me ha dejado decirle que no.
—Típico de él —dijo Greg—. Cuando quiere algo, va directo al grano.
—Pero ésa no es forma de tratar a una señorita —dijo Tish, indignada.
Él sonrió y la besó.
—Parece que a ti no te importó demasiado —le dijo Greg a su esposa.
Al bajar del yate, Miley reparó en un detalle.
— ¿Y cómo ha conseguido mi número de teléfono? yo no se lo di.
—Probablemente le haya pagado a alguien del servicio —dijo Greg, como si fuera lo más normal del mundo—. Adiós, querida.
Miley se apresuró a cruzar el muelle flotante y entonces subió al vehículo. Durante el camino de vuelta a Atenas, trató de ordenar sus caóticos pensamientos. Estaba enfadada, pero sobre todo consigo misma. Toda su determinación se había ido al traste con sólo oír aquella voz.
De repente sacó el móvil y marcó el número de Zac, un buen amigo que tenía en la capital. Zac solía trabajar como periodista y era una persona en quien se podía confiar.
Cuando oyó de quién se trataba, respiró profundamente.
—Todo el mundo le tiene un miedo tremendo —dijo, hablando atropelladamente—. De hecho, le tiene tanto miedo que ni siquiera se atreven a admitir que le tienen miedo, por si acaso llega a sus oídos.
—Eso es una paranoia —dijo Miley.
—Desde luego, pero ése es el efecto que tiene en la gente. Nadie se atreve a mirar más allá de esa fría coraza de hierro que tiene en lugar de piel. Pero, bueno, no creo que encontraran nada si buscaran. Ese hombre no debe de tener corazón, aunque algunos puedan creer que sí. Las opiniones están un poco divididas en ese sentido.
— ¿Pero no hubo alguien, hace mucho tiempo? ¿Alguien de la otra familia?
—Sí. Su nombre era Cloe, pero yo no te he dicho nada. Murió en unas circunstancias extrañas. Nadie ha podido descubrir la verdad en todos estos años. La prensa dejó el tema después de recibir innumerables amenazas, y es por eso que nadie habla de ello ahora.
— ¿Te refieres a amenazar con acciones legales?
—Todo tipo de amenazas —dijo Zac en un tono—, de la noche a la mañana le llovieron las deudas. Estuvo a punto de arruinarse, pero en el último momento le dijeron que si se comportaba debidamente, todo podría arreglarse. Por supuesto, el hombre aceptó, y todo volvió a la normalidad de forma milagrosa.
— ¿Le ocurrió algo malo después de eso?
—No. Dejó el periodismo y se metió en los negocios. Ahora tiene mucho éxito, pero si mencionas el nombre de Jonas, sale huyendo como si acabaran de mencionar al mismísimo demonio. Si sabes cualquier cosa, tienes que hacer la vista gorda y fingir que no sabes nada, como lo del apartamento que tiene en Atenas, o la casa de Príamo, en Corfú.
— ¿La casa de Príamo? —repitió Miley, sorprendida—. He oído algo de eso. Sé que la gente lleva mucho tiempo intentando entrar en ese sótano. Hay algo ahí, pero nadie puede entrar. ¿Me quieres decir qué es de él?
—Eso dicen. Pero no le digas a nadie que estás enterada. De hecho, no le digas a él que has hablado conmigo, por favor.
—Descuida —Miley colgó el teléfono y se quedó allí sentada, con la mirada perdida en el vacío, pensativa.
Sabía que se estaba adentrando en aguas profundas, pero eso nunca la había asustado. Además, tenía un asunto pendiente con Nick Jonas desde hacía más de quince años.

Él le había dicho que la estaría esperando, y así lo hizo. Estaba junto al portón que daba acceso a la propiedad de Greg. En cuanto la limusina se detuvo, le abrió la puerta, la tomó de la mano y la ayudó a salir.
—No tardaré mucho —dijo ella—. Tengo que entrar y...
—No. estás bien así. Vamos.
—Iba a cambiarme el vestido.
—No tienes por qué. Estás preciosa y lo sabes, así que ¿por qué estamos discutiendo?
Había algo en aquel discurso directo que la afectó sobremanera. Cualquier cumplido pusilánime no hubiera podido tener el mismo efecto. Él no se andaba con rodeos. Decía exactamente lo que pensaba y en ese momento pensaba que ella era preciosa.
Miley sintió crecer una sonrisa en su interior.
— ¿Sabes qué? tienes razón. ¿Por qué estamos discutiendo? —le hizo señas al chófer para que siguiera sin ella y subió en el coche de Nick.
Se preguntaba adónde la llevaría y se llevó una gran sorpresa al ver que el vehículo se detenía frente a un pequeño restaurante. Él la condujo a una mesa de la terraza, desde la que se divisaba la costa en la distancia, bañada por la luz de la luna.
—Esto es espectacular —dijo ella—. Es tan agradable y tranquilo después de todo el alboroto de hoy.
—Yo tengo la misma sensación —dijo él—. Normalmente vengo solo.
La comida fue de lo más sencilla; cocina tradicional griega, la favorita de Miley. Mientras él hacía el pedido, tuvo oportunidad de examinarle atentamente, tratando de encontrar algún vestigio de aquel joven atormentado en el tirano que tenía ante sus ojos. ¿Qué le había pasado en aquellos quince años?
— ¿Te encuentras bien? —le preguntó él de repente.
—Sí. ¿Por qué lo preguntas?
—Has suspirado de forma violenta, como si te doliera algo.
—No. No me duele nada —se apresuró a decir ella.
Fingió buscar algo en el bolso y cuando volvió a levantar la vista se lo encontró mirándola con ojos de asombro.
—Quince años —dijo él—. Han pasado muchas cosas y los dos hemos cambiado. Sin embargo, a pesar de todo, seguimos siendo los mismos. Te habría reconocido en cualquier lugar.
Ella sonrió.
—Pero no me reconociste.
—Sólo en la superficie. Una parte de mí te conocía. Nunca pensé que volveríamos a vernos y, sin embargo, de alguna forma estaba seguro de que ocurriría.
Ella asintió con la cabeza.
—Yo también. Aunque hubieran pasado otros quince años, o cincuenta, yo siempre supe que volveríamos a encontrarnos antes de morir.
Aquellas palabras parecieron llegarle muy adentro.
«Volver a encontrarse antes de morir...». Era cierto, completamente cierto. Ella había sido una presencia invisible en su vida desde aquella extraña noche. Pero ¿cómo iba a decírselo? ella lo había inspirado; le había dado fuerzas para ser sincero, pero eso no era suficiente.
En ese momento llegó la comida. Rodajas de tomate con queso feta. Simple y delicioso.
—Mmm —dijo ella.
Él comió muy poco. No dejaba de mirarla insistentemente.
— ¿Por qué subiste aquel día? —le preguntó finalmente—. ¿Por qué no te quedaste abajo con el resto de invitados, disfrutando de la fiesta?
—Supongo que soy cínica por naturaleza —ella sonrió—. Mi abuelo solía decirme que mi actitud hacia la vida era de una indiferencia absoluta. Y es cierto. Creo que aquella noche en las vegas ya había algo de eso, y ha ido a peor desde entonces. Teniendo en cuenta la casa de locos en la que he vivido siempre, no podía haber sido de otro modo.
— ¿Y qué pasa con la casa de locos?
—Me gusta, siempre y cuando no me pidan que me involucre demasiado o que me lo tome demasiado en serio.
— ¿Nunca has querido ser actriz?
— ¡Por dios! claro que no. Ya tenemos que sobra con una lunática excéntrica en la familia.
— ¿Sabe tu madre lo que piensas de ella?
—Claro que lo sabe. De hecho, ella fue la primera que lo dijo, y yo no tardé en darle la razón. Es un cielo y yo la adoro, pero vive en el planeta Cyrus.
— ¿Cuántos años tiene en realidad?
—Gana o pierde años según le conviene. Tenía diecisiete años cuando me tuvo. Mi padre no quería saber nada, así que la abandonó y ella tuvo que arreglárselas sola durante un tiempo. Los que sólo la conocen como la rutilante estrella que es hoy en día deberían haber visto dónde vivíamos por aquel entonces, aquel callejón en el centro de Londres. Y después mis abuelos paternos se pusieron en contacto con nosotros para decirnos que mi padre acababa de morir en un accidente de tráfico. No tenían ni idea de que existíamos hasta que él se lo confesó todo en su lecho de muerte. Eran griegos. La familia era muy importante para ellos y yo era lo único que les quedaba. Por suerte, eran una gente muy agradable y nos llevamos muy bien. Ellos cuidaron de mí mientras Tish sacaba adelante su carrera. Mi abuelo era un erudito de la lengua. Había ido a Inglaterra para impartir un curso de griego en la universidad. Al principio ni siquiera tuve que ir al colegio porque él pensaba que podía enseñarme mejor. Y tenía razón.
— ¿Entonces fuiste tú la que creció con un poco de sentido común?
—Bueno, una de las dos tenía que tenerlo —dijo ella, riendo.
— ¿Y cómo sobrellevabas el tema de todos esos padrastros?
—Todos fueron buenos. En su mayoría estaban enfermos de amor y eran un poco tontos, así que a mí me costaba mucho no reírme de ellos.
— ¿Y el de las Vegas?
 —Veamos... era el... no. Ese era el otro... ¿O era ése? oh, no importa. Todos eran iguales. Creo que era un aspirante a actor que pensaba que Tish podría darle un empujón. Cuando ella se dio cuenta de cuáles eran sus verdaderas intenciones, le echó a la calle. Para entonces ya estaba enamorada de otra persona.
—Parece que nada de eso te afectó en absoluto. ¿Te da igual todo eso del amor eterno?
— ¿Amor eterno? —Ella fingió considerarlo un momento—. ¿Como cuando alguien trata de llevarse todo tu dinero, o cuando el tipo organiza un lío porque ella tiene que grabar una escena de amor, o cuando...?
—Muy bien —dijo él, interrumpiéndola—. He captado el mensaje. Ya veo que el sexo masculino no te impresiona mucho.
— ¿Cómo lo has adivinado?
— ¿Y qué me dices de ti? ¿No ha habido ninguno lo bastante valiente como para esquivar los cohetes que les lanzas?
Ella hizo una mueca.
—Claro que sí. Si no hacen eso, no me fijo en ellos.
—Entonces ése es el primer requisito, ¿no? ser valiente.
—Entre otras cosas. Pero eso también está un poco sobrevalorado. El hombre con el que me casé era un deportista profesional; un esquiador que podía dar los saltos más impresionantes. El problema fue que eso era todo lo que sabía hacer, así que al final resultó igual de aburrido.
— ¿Estás casada?
—Ya no —dijo ella, en un tono de alivio que lo hizo reír.
— ¿Qué pasó? ¿Fue poco después de nuestro breve encuentro?
—No. Fui a la universidad y estudié muy duro. Era la misma facultad donde mi abuelo había ejercido como profesor, y a la gente no le importaba que yo fuera hija de una gran estrella del celuloide. Sin embargo, sí se asombraban cuando mencionaba el nombre de mi abuelo. Estudié griego, aprendí historia, aprobé los exámenes... íbamos a viajar a Grecia los dos juntos para hacer nuestras investigaciones, pero entonces los dos murieron. Ya no es lo mismo sin él. Quería que estuviera orgulloso de mí, pero no pudo ser.
Vaciló un momento y una sombra cruzó sus pupilas.
— ¿Qué pasa? —le preguntó él, inclinándose adelante.
—Oh, nada.
—Dímelo —dijo él, en un tono sutil.
—Es que estoy recordando lo mucho que los quería, y lo mucho que ellos me querían a mí. Me necesitaban, porque yo era lo único que les quedaba tras la muerte de su hijo. Tish también les caía bien, pero ella no era parte de ellos, como yo.
— ¿Y tu madre no sentía celos?
Miley sacudió la cabeza.
—Ella es muy buena madre, a su manera, pero nunca he sido tan importante para ella como lo era para mis abuelos.
—Qué triste —dijo él.
—No. Siempre y cuando tengas a alguien que te necesite, puedes lidiar con los que no.
—Pero tus abuelos murieron —dijo Nick—. ¿A quién tienes ahora?
Miley ahuyentó la tristeza.
— ¿Estás de broma? mi vida está llena de gente. Es como vivir en una colmena.
— ¿Incluyendo a los maridos de tu madre?
—Bueno, no se molestó en casarse con todos. Decía que no tenía tiempo suficiente.
— ¿Algún novio?
—Alguno. Pero la mayoría trataba de acercarse a mi madre, así que fueron un duro golpe para mi autoestima. Muy pronto aprendí a guardarme mis sentimientos para mí hasta saber muy bien lo que sentía —se rió suavemente—. Y empecé a tener fama de ser una mojigata.
Aquello no podía haber sido más absurdo para Nick. Una mojigata no hablaba con tanta pasión, ni tampoco miraba con aquel resplandor en las pupilas.
—Y fue entonces cuando conocí a Justin —dijo ella—. Tish estaba rodando una película que tenía que ver con los deportes de invierno. Él era uno de los asesores expertos. Era tan guapo que me volví loca por él. Pensé que por fin lo había encontrado. Fuimos felices durante un par de años, pero entonces... —se encogió de hombros—. Creo que se aburrió de mí.
— ¿Se aburrió de ti? —le preguntó él con énfasis.
Ella soltó una carcajada como si la traición de su esposo hubiera sido lo más gracioso que le había ocurrido en toda su vida; una estrategia defensiva que a Nick le resultaba muy, muy familiar.
—Creo que nunca estuvo interesado en mí —dijo ella, prosiguiendo—. Necesitaba dinero y pensó que la hija de Tish Cyrus tendría un montón. En cualquier caso, empezó a tener aventuras por ahí, yo perdí los nervios y creo que eso lo asustó un poco.
— ¿Tú? ¿Perder los nervios?
—La mayoría de la gente cree que eso es imposible porque sólo ocurre una vez cada mucho tiempo. Sin embargo, de vez en cuando también dejo escapar a la fierecilla que llevo dentro. De todos modos, normalmente intento no hacerlo porque, ¿qué sentido tiene? sin embargo, a veces no hay más remedio, y a veces acabo diciendo cosas que no siento. Bueno, eso fue hace cinco años. Es agua pasada. ¿Por qué sonríes?
—No sé por qué sonreía —le confesó él con sinceridad.
—Parecía que te reías de una broma o algo así. Vamos. Dímelo.
«Una broma...», pensó Nick. Si el comité de dirección de su empresa, los empleados y el director del banco la hubieran oído hablar, hubieran creído que estaba loca.
Sin embargo, la sonrisa seguía ahí, cada vez más grande y espontánea.
—Dímelo —dijo ella, insistiendo—. ¿Qué he dicho que fuera tan gracioso?
—No es... es la forma en que has dicho «es agua pasada», como si no quisieras volver a saber nada de los hombres durante mucho tiempo.
—O durante toda la vida. Es lo mejor para ellos.
— ¿Mejor para ellos o mejor para ti?
—Definitivamente para mí. Los hombres ya no existen para mí en ese sentido. Todo mi mundo es este país, mi trabajo, mis investigaciones...
—Pero en la antigua Grecia también había miembros del sexo masculino, siento tener que decirte.
—Sí, pero puedo permitirme ser un poco más tolerante con ésos. Gracias a ellos pude empezar con mi carrera. Escribí un libro sobre dos héroes griegos justo antes de terminar la universidad y conseguí que me lo publicaran. Más tarde me pidieron que lo adaptara para hacer una versión infantil, para los colegios. Los derechos me han rendido unos buenos beneficios, así que no me puedo quejar de esos maravillosos y legendarios hombres griegos.
—Sobre todo porque están bien muertos y enterrados.
—Ya veo que empiezas a captar la idea.
—Comamos —dijo él rápidamente.
El camarero les sirvió un plato de pollo y pastel de cebolla, acompañado de un vino espumoso. Mientras la observaba comer, Nick se preguntó si hablaba en serio. De haberse tratado de cualquier otra, hubiera dicho que se trataba de una farsa, una estratagema para engañar al mundo sin negarse el placer de una vida sexual plena. Sin embargo, aquella mujer era distinta. Vivía en un universo propio; uno totalmente desconocido para alguien como él.
— ¿Entonces cómo es que sabías tanto aquella noche en las vegas? —le preguntó al final—. Me sorprendiste mucho, dándome toda aquella charla sobre Aquiles.
Ella se rió tristemente.
—Charla... la gente se cansa muy pronto. Debo de ser muy pesada y no puedo culparles por ello. Recuerdo que te enfadaste un poco.
—La idea de ser sorprendido en un momento de debilidad no me fascinaba, pero entonces sólo tenía veintitrés años. Y además...
—Y además eras muy infeliz, ¿verdad? —Preguntó Miley —. ¿Por culpa de ella?
Él se encogió de hombros.
—No lo recuerdo.
La joven lo miró con ojos escépticos.
—Ella te hizo confiar y después te traicionó. Una cosa así no se olvida.
Él guardó silencio y petra dejó pasar el asunto.
—Entonces tu abuelo enseñaba griego —dijo él por fin, claramente decidido a cambiar de tema.
—Yo me siento igual de griega que inglesa. Y se lo debo a él.
— ¿Así es como llegaste a conocer la historia de Aquiles? pensaba que lo habías estudiado en el colegio.
—Fue mucho más que eso. Mi primer contacto con la historia de la antigua Grecia fue a través de los clásicos, la Ilíada. El héroe de la guerra de Troya... Helena, la mujer más hermosa del mundo, y todos esos hombres luchando por ella. En la realidad no sería tan bonito, claro, pero a mí me pareció tan romántico. Está casada con Menelao, pero se enamora de París, y éste se la lleva a Troya. Pero Menelao no se rinde, así que reúne a todas sus tropas para sitiar la ciudad de Troya durante diez años, para traerla de vuelta. Y allí estaban todos esos héroes griegos tan apuestos, en especial Aquiles... —le dijo, esbozando una sonrisa de falsa inocencia—. ¿Cómo es que el favorito de tu madre era Aquiles?
—Ella es de Corfú, donde, como ya debes de saber, este personaje ha dejado un legado cultural muy importante. Mi abuela solía llevarla al palacio de achillo, aunque más bien lo hacía porque estaba fascinada con sisi.
Miley asintió: Sisi era Isabel de babaría, una heroína romántica del siglo XIX, famosa por ser la mujer más hermosa de su época. Su belleza había hecho enloquecer de amor a Franz  Joseph, el joven emperador de Austria, hasta el punto de casarse con ella cuando sólo tenía dieciséis años de edad.
Sin embargo, el matrimonio fracasó. Sisi terminó vagando por el mundo, sola y desencantada, y finalmente compró un palacio en la isla de Corfú. La gran tragedia de su vida fue la muerte de su hijo rudolph, que se suicidó junto a su amada. Un año más tarde, Sisi comenzó a transformar el palacio y lo convirtió en un templo homenaje al más famoso de los guerreros, Aquiles. Sin embargo, no llegó a terminar su obra porque murió a manos de un asesino. El palacio fue vendido y convertido en un museo dedicado a la figura de Aquiles.
—El más valiente y apuesto de todos. Sin embargo, guardaba un pequeño secreto, una debilidad... —dijo Miley, pensativa.
Contaba la leyenda que Tetis, la madre de Aquiles, había intentado proteger a su hijo sumergiéndolo en el río éstige, que corría entre el mundo y el inframundo. Allí donde las aguas de aquel torrente infernal tocaran a un hombre, lo harían inmortal. Sin embargo, su madre lo había sujetado por el talón, impidiendo que las aguas lo inmortalizaran por completo. El talón de Aquiles... de entre todas las estatuas que adornaban el palacio, la más llamativa era aquélla que lo mostraba en el suelo, intentando sacarse del talón la flecha que le robaba la vida.
—Al final fue eso lo que le mató —dijo Nick —. Después de todo parece que su debilidad no estaba tan bien escondida. Su asesino sabía dónde tenía que apuntar, y también sabía que tenía que mojar la punta en veneno para que fuera letal.
—Así es. A veces no estamos tan seguros como nos creemos.
—Por eso mi padre decía que no hay que dejar que adivinen nuestros pensamientos. Esa es la verdadera debilidad.
—Pero eso no es cierto —dijo ella—. A veces eres más fuerte porque otras personas te entienden.
—No estoy de acuerdo —dijo él en un tono más seco—. Un hombre sabio no le confía a nadie sus pensamientos.
— ¿Ni siquiera a mí?
Miley se dio cuenta de que su pregunta lo había dejado desconcertado, pero aquellos muros tras los que se escondía eran demasiado robustos como para venirse abajo tan fácilmente.
—Si hubiera alguien en quien me sintiera inclinado a confiar, creo que serías tú, por lo que ocurrió en el pasado. Pero yo soy lo que soy —esbozó una sonrisa irónica—. Ni siquiera tú puedes cambiarme.
Ella lo miró con suavidad y entonces se atrevió a tocarle la mano.
—Cuanto más confías en alguien, peor es cuando te traicionan, ¿no?
— ¿Yo dije eso? —preguntó él, sorprendido.
—Algo así. En las Vegas. Y estuviste a punto de decir mucho más.
—Esa noche estaba de muy mal humor. No sé lo que dije.
Un gran silencio se apoderó de él. Con la mirada perdida, examinaba el cristal de la copa...


jueves, 14 de febrero de 2013

Obsesión Implacable Cap 5




— ¿Qué estás...? —antes de terminar la frase se encontró bailando con ella.
—Sí, ya lo sé. Los convencionalismos de la alta sociedad dictan que tengo que esperar a que tú me lo pidas, pero esto no es la alta sociedad. Para mí es la alta suciedad —añadió en un tono irónico.
Nick se sorprendió. Ni siquiera él mismo hubiera podido expresarlo mejor.
—A lo mejor tus temores eran infundados. Como eres una chica tan aburrida y ejemplar, no creo que fuera a pedirte que bailaras con él.
—Es que Liam tiene unos gustos muy raros —dijo ella rápidamente.
Ella se deslizaba como el mercurio entre sus brazos, moviéndose y volviéndose contra su cuerpo, siguiendo la cadencia y llevándole con soltura, en perfecta sincronía. Nick se sentía tentado de agarrarla con fuerza, atraerla hacia sí y dejar que pasara cualquier cosa.
Pero no. No en ese momento. Aún no.
Ella sabía que lo estaba pensando, y un escalofrío le heló la sangre.
— ¿No te gusta bailar? —le preguntó un momento después.
—Esto no es bailar. Esto es revolcarse en la alta suciedad —dijo él.
—Cierto, pero hemos hecho enojar a Liam, y eso ya es algo.
Tenía razón. Liam los observaba con el gesto enfurruñado, como un niño al que le han arrebatado un juguete.
De repente Nick se olvidó de todo. Su rostro estaba muy cerca y la sonrisa que iluminaba los labios de ella lo atravesaba de lado a lado.
— ¿Qué haces después?
—Me quedaré aquí unos cuantos días, o semanas. Así aprovechó para hacer un poco de investigación. Greg tiene muy buenos contactos. Hay una cripta en un museo que nunca ha sido abierta para nadie, pero él va a hablar con unas personas.
Nick bajó la vista y contempló aquel cuerpo sensual que se movía en sus brazos, aquel rostro encantador que sonreía de forma natural, los ojos azules, profundos y misteriosos... ¿qué hacía una mujer tan despierta y viva investigando sobre los muertos? ella era un ser de luz, no de la oscuridad de las tumbas. Sus manos no estaban hechas para hojear viejos libros polvorientos, sino para acariciar el rostro de un hombre mientras él disfrutaba de su exquisita desnudez.
— ¿Para ti es una suerte eso de poder visitar museos?
—Voy a tener la oportunidad de ver cosas con las que muchos estudiosos sólo pueden soñar, así que es todo un privilegio.
— ¿Y no hay nada más que te guste hacer?
— ¿Te preguntas por qué una mujer se preocupa por esas cosas? las mujeres están hechas para el placer. Los asuntos importantes son para los hombres.
Nick titubeó un instante. Ella casi había dado en el clavo.
—No quería decirlo así. Pero si la vida te ofrece tantos caminos posibles...
— ¿Cómo Liam? sí. Podría arrojarme a sus brazos, o a cualquier otra parte de su anatomía —le dijo con mordacidad.
—Lo siento —se apresuró a decir él, soltándola un poco.
— ¿Dónde estaba? ah, sí, en lo de los caminos.
—Olvídate de Liam —dijo él en un tono impaciente—. Ese no es un camino, sino un callejón sin salida.
—Sí, de eso ya me he dado cuenta. Ya no tengo quince años. Según he leído en mi carné de identidad, tengo treinta dos años.
—Si estás buscando un cumplido, elegiste al hombre equivocado.
—Oh, por supuesto. Yo nunca me acercaría a ti buscando atenciones o alabanzas, pero sí que hay algo que... —titubeó un poco, como si estuviera tratando de encontrar las palabras adecuadas—. Sí hay algo que ningún hombre podría darme excepto tú —susurró al final.
— ¿Y qué es? — Nick no quería preguntar, pero la tentación fue más fuerte.
—Un buen consejo financiero —declaró ella—. ¡Ajá! ahí está. Lo conseguí.
— ¿Qué?
—Te he hecho reír.
—No me estoy riendo —dijo él, intentando disimular.
—Pues lo estarías si no te esforzaras tanto por disimularlo. Apuesto a que soy capaz de hacerte reír. Por favor, sé bueno por una vez y déjame disfrutar de mi pequeña victoria.
—Yo nunca soy bueno, pero esta vez te dejaré salirte con la tuya.
— ¿Sólo esta vez? —preguntó ella, levantando las cejas.
—Normalmente prefiero ser yo quien salga victorioso.
—Podría tomarme eso como un desafío.
—Los desafíos... ¿se te dan bien? —le preguntó él un momento después.
—Oh, sí. Siempre me salgo con la mía.
—Igual que yo... presiento que se avecina una gran batalla.
—Cierto —dijo ella—. Estoy temblando con sólo mirarte.
Él guardó silencio y una sonrisa se dibujó en sus labios lentamente. Miley tenía la extraña sensación de que todas las mujeres presentes en la sala la estaban mirando. Le habían dicho que la mayoría de ellas había pasado por la cama de Nick y, de repente, supo que era verdad. Todas aquellas féminas despechadas le clavaban los ojos como dardos envenenados; ojos inyectados en sangre, llenos de recuerdos, calientes, dulces, gloriosos, amargos... había una mujer en particular cuya mirada indiscreta y celosa llamó poderosamente la atención de Miley. Aquella criatura petulante enfundada en un extravagante vestido trataba de fulminarla con los ojos. ¿La última conquista de Nick  Jonas? quizá... aquellos ojos eran iguales que los de las demás. Sin embargo, en ellos palpitaba un profundo resentimiento, un instinto asesino...
De pronto Nick la hizo girar mientras bailaban, más y más rápido, haciéndola olvidar todo lo que la rodeaba. El mundo se había desvanecido a su alrededor. Ya nada importaba.
¿Acaso acabaría en los brazos de él, presa de una pasión febril? ¿Acaso iba a terminar como todas las otras, sufriendo en la distancia? no. Algo le decía que el camino que iban a recorrer juntos tendría muchas curvas y recovecos.
En ese momento fueron interrumpidos por unos gritos provenientes de muy cerca. Todos los invitados dejaron de bailar y se hicieron a un lado, revelando a la feliz pareja de recién casados, entregados a un abrazo de amor. Tal y como se esperaba de unos personajes tan glamurosos, el beso se prolongó hasta que la multitud rompió a aplaudir, y entonces, poco a poco, todas las parejas comenzaron a abrazarse y a besarse, imitando a los homenajeados.
Nick se quedó inmóvil, contemplando la escena. Todavía la sujetaba de la cintura y la agarraba de la mano, a un centímetro de distancia. Sólo tenía que dar un paso y cubrir aquellos labios con los suyos propios.
Ella levantó la vista. Sus pupilas vibraban con los latidos de su corazón.
— ¡Vaya espectáculo! —exclamó él, mirando a su alrededor y hablando en un tono de desaprobación—. No voy a ofenderte siguiéndoles la corriente —la soltó y retrocedió, sin darle opción alguna excepto hacer lo mismo.
—Gracias —dijo ella en un tono formal—. Es un placer conocer a un hombre con sentido del decoro —le dijo, tratando de reprimir las ganas de darle un puñetazo.
—Me temo que tengo que marcharme. He descuidado mis negocios durante demasiado tiempo. Ha sido un placer volver a verte de nuevo.
—Lo mismo digo —dijo ella en un tono seco. Él inclinó con cortesía y un segundo después ya se había marchado.
Estupefacta, Miley le vio marchar, incapaz de creerse lo que acababa de ocurrir. Nick Jonas era un hombre con una voluntad de hierro y un corazón de acero. La había dejado allí y se había marchado sin más, sin mirar atrás ni una sola vez.
—No te preocupes. Hay que tener paciencia.
Miley levantó la vista y se encontró con la mujer en la que se había fijado mientras bailaban. La había visto llegar a la fiesta acompañada de uno de los hombres más ricos y poderosos de la ciudad.
—No he podido evitar observarte mientras bailabas... con Nick —le espetó, mirándola con una mezcla de desprecio y pena—. Él es así, ¿sabes? se acerca mucho y entonces se retira, para pensárselo un poco. Cuando decida que encajas en su apretada agenda de compromisos, volverá para conseguir su satisfacción, según y cuándo le convenga.
—Si yo estoy de acuerdo —dijo Miley.
La mujer soltó una risotada fría y escalofriante.
—No seas ridícula. Claro que estarás de acuerdo. Lo llevas escrito en la frente. Si regresara en este preciso instante, estarías más que dispuesta.
—Veo que sabe muy bien de qué está hablando.
—Oh, claro que lo sé. Ya he estado ahí. Sé lo que te está pasando por la cabeza en este momento, porque también ha pasado por la mía. ¿Quién se cree que es? ¿Acaso piensa que, si vuelve a entrar por esa puerta, caeré rendida a sus pies? bla, bla, bla... pero entonces te mira, como si fueras la única mujer en el mundo, y al final caes rendida a sus pies, como no podía ser de otra manera. Y será maravilloso, durante un tiempo. Estar en sus brazos, en su cama... descubres un universo con el que jamás soñaste... pero un día te despiertas y te das cuenta de que tienes los pies sobre la tierra. Sientes mucho frío porque él se ha ido. Ha terminado contigo. Ya no existes para él. Entonces llorarás y sufrirás, negando la realidad, pero él no contestará a tus llamadas, así que al final acabarás creyéndotelo. No queda más remedio —Dio media vuelta y echó a andar, pero entonces se detuvo—. Crees que eres diferente, pero con él ninguna mujer es diferente. Adiós. 


lunes, 4 de febrero de 2013

Obsesión Implacable Cap 4





Muy convincente —dijo Miley —. Deberían darte un Oscar.
Le había hablado en griego y él le contestó en la misma lengua.
—No fui tan convincente si me ha descubierto.
—Oh, es que yo desconfío de la gente automáticamente —le dijo ella en un tono bromista—. Me ahorra mucho tiempo.
Él esbozó una sonrisa cortés.
—Muy lista. Entonces está acostumbrada a este tipo de evento, ¿no? ¿Trabaja para Greg? —Señaló la cámara que llevaba en las manos.
—No. Lo conozco desde hace poco.
— ¿Y qué opina de él?
—Nunca he visto a un hombre tan enamorado —ella sacudió la cabeza, como si la idea le resultara incomprensible.
—Sí. Es una pena.
— ¿Qué quiere decir?
—No pensará que la novia está enamorada de él, ¿no? para ella él no es más que un florero, un extra más que complementa a todos los diamantes que le habrá regalado. Ya ha pasado el mejor momento de su carrera, así que le necesita como adorno, para exhibirlo como si se tratara de una figurita sobre la repisa del hogar. Casi siento pena por él, y eso que nunca creí que llegaría a decir algo así.
—Pero entonces eso significa que por fin alguien ha conseguido bajarlo de ese pedestal sobre el que estaba. Debería estarle agradecido. Piense en lo fácil que será derrotarle en el futuro, y todo gracias a ella — Miley lo miraba con la cabeza ladeada y una mirada divertida, como si él fuera una pieza de museo de lo más interesante.
—Creo que no la necesitaré para derrotarle en el futuro. Ya me las arreglaré yo solito.
—Bueno, a lo mejor no debería estar tan seguro —dijo ella, fingiendo considerarlo muy en serio—. ¿No ha visto cómo las bodas sacan lo peor de la gente? estoy segura de que normalmente usted no es tan cínico y prepotente como lo está siendo en este momento?
Nick la miró fijamente. Sin duda aquello había sido una gran impertinencia. Sin embargo, en lugar de sentenciarla con uno de sus argumentos contundentes, sintió ganas de seguir con la batalla verbal.
—Desde luego que no. Normalmente soy mucho peor.
—Imposible.
—Todo el mundo que me conozca podrá decirle que hoy están disfrutando de mi lado más amable y simpático.
—No me lo creo. Algo me dice que es usted mucho más sensible en el fondo. La gente llora sobre su hombro, los niños acuden a usted en busca de consuelo, y los que tienen problemas buscan su ayuda.
—Nunca he hecho nada para merecerlo —le aseguró él con vehemencia.
La multitud se movía alrededor de ellos, obligándoles a echarse a un lado.
—Me sorprende que Greg se haya decantado por un Partenón de imitación —le dijo él cuando salieron del templo.
—Oh, quería el original, pero, aquí entre nosotros dos... —ella bajó la voz—. Pensó que no estaba a la altura de sus exigencias y quiso hacer uno mejor. Así que construyó éste para demostrarles cómo se podía haber hecho mejor.
Antes de que pudiera evitarlo, Nick soltó una carcajada. Varios de los invitados se volvieron hacia él, sorprendidos. Un periodista de sociedad se quedó mirándolo con ojos de sorpresa y tomó unas notas.
Miley también se rió. Él la condujo hasta donde servían las bebidas y le ofreció una copa de champán. Las mesas del festín de bodas estaban en el exterior. Los invitados estaban tomando sus asientos, preparándose para recibir a la pareja de recién casados.
—Volveré pronto —dijo ella.
—No tarde mucho. Todavía no me ha dicho su nombre.
Ella miró atrás y esbozó una sonrisa curiosa.
—No. No se lo he dicho, ¿verdad? a lo mejor pensé que no era necesario. Le veo después —Levantó la copa de champán rápidamente y se marchó.
—Eres un demonio astuto —dijo una voz a sus espaldas.
Nick se dio la vuelta y enseguida reconoció a uno de sus viejos aliados.
—Frankie —exclamó—. Debería haber sabido que tú nunca faltas cuando hay buena comida.
—Buena comida, buen vino, mujeres hermosas. Bueno, estoy seguro de que tú también te has dado cuenta —miró hacia la joven que se alejaba de ellos.
—Es encantadora —dijo Nick en un tono prudente.
—Oh, no te preocupes. Ni se me pasaría por la cabeza. Jamás aspiraría a la hija de Tish Cyrus.
Nick se puso tenso de inmediato.
— ¿Qué?
—No te culpo por quererla toda para ti. Es un bombón.
— ¿Has dicho «la hija de Tish Cyrus  »?
— ¿No te ha dicho quién es?
—No. No me lo dijo.
Se movió hacia Miley, sorprendido. ¿Cómo había caído en la trampa tan fácilmente? sus comentarios sobre la madre lo dejaban en desventaja, y eso era algo que no iba a tolerar. Ella podía haberle dicho quién era, pero no lo había hecho, lo cual significaba que se estaba riendo de él. Los rasgos de Nick se endurecieron de inmediato.
Era demasiado tarde para alcanzarla. Ya había llegado a la plataforma donde estaba situada la mesa de los novios. Un camarero lo acompañó a su sitio, que también estaba en la mesa principal, pero situado en una esquina, algo alejado de ella. Podía verla perfectamente, pero no estaba lo bastante cerca como para hablar. Ella estaba enfrascada en una animada conversación con su compañero de mesa, riendo y echando atrás la cabeza con entusiasmo, desprendiendo alegría a su alrededor. Aunque con cierta reticencia, Nick no tuvo más remedio que admitir que era una joven encantadora, pero él no estaba de humor para dejarse encantar.
En un momento dado ella levantó la vista y sus miradas se encontraron. Evidentemente, ella sabía que el pequeño truco había funcionado, y sus ojos lo decían todo.
Nick, sin embargo, no se dejó apabullar, y le lanzó una de sus miradas infalibles. Tomarse la revancha sólo era cuestión de tiempo para alguien como él.
De repente se oyeron unas ovaciones desde el extremo más alejado y la gente comenzó a aplaudir. Eran el señor y la señora Kinnear, haciendo su entrada triunfal. Él tenía unos sesenta años, el pelo canoso y una constitución fuerte y aparentemente autoritaria. Sin embargo, cuando tomaron asiento en la mesa elevada, se inclinó sobre su recién estrenada esposa y le dio un beso de adoración en la mano. Ella parecía a punto de desmayarse de alegría ante semejante muestra de devoción, o quizá se tratara del diamante de cinco millones de dólares que llevaba en el dedo. La joven que había osado engañar a Nick Jonas se unió a los aplausos y le dio un beso a su madre.
Los invitados se dispusieron a disfrutar de los manjares del convite. ¿Cómo había podido confundirla con una mera empleada? su actitud desenfadada y distendida debería haberle dicho algo. Los novios habían posado para ella nada más verla acercarse, y también se habían hecho fotos en su compañía.
—Tenemos que hacernos algunas fotos juntos —dijo Liam de repente, situándose al lado de ella—. Hermano y hermana —le oyó gritar Nick.
Reivindicando un derecho de hermano le puso el brazo alrededor de la cintura y la atrajo hacia sí. Ella le siguió la corriente, pero Nick tuvo tiempo de captar la mirada exasperada que cruzaba su rostro. En cuanto pudo se desembarazó de su hermanastro y se lo endosó a Jennifer Lawrence, como una enfermera que trata de librarse de un niño majadero.
Cuando la comitiva empezó a diseminarse, Nick aprovechó para acercarse a ella. La joven lo esperaba con un aire juguetón y expectante.
—Supongo que tendré que tener más cuidado la próxima vez —dijo él en un tono serio.
—No ha sido muy prudente que digamos, ¿verdad?
—Supongo que le parecería muy divertido dejarme decir todas esas cosas sobre su madre sin revelar su parentesco.
—Yo no le obligué a decir nada. ¿Qué le pasa? ¿Es que no sabe aceptar una broma?
—No —dijo él con contundencia—. Y no me parece nada divertido.
Ella frunció el ceño, como si acabara de encontrarse con una especie de extraterrestre.
— ¿Hay algo que le parezca divertido alguna vez?
—No. las cosas son más sencillas y seguras de esa forma —dijo él.
El buen humor de Miley se desvaneció.
—Pobre.
Nick se quedó desconcertado. Parecía que lo decía de todo corazón...
Nadie había vuelto a demostrarle compasión desde aquella vez, tanto tiempo antes... mucho tiempo antes.
De repente la llama de la sospecha se encendió en un rincón de su mente, aunque sus pensamientos miraran hacia otro lado.
—Si cree que he insultado a su madre, le pido disculpas —le dijo en un tono seco.
—En realidad, es a mí a quien ha insultado.
—No veo cómo.
Ella lo miró a los ojos con una expresión contradictoria, llena de incredulidad, indignación y, sobre todo, buen humor.
—Es cierto que no lo ve, ¿verdad? —le preguntó—. Todo este tiempo y todavía no se ha... de verdad que no se ha dado cuenta... bueno, debo decirle que cuando ve a una señorita por segunda vez, lo más cortés es acordarse de la primera vez.
— ¿Segunda vez? ¿Alguna vez...? ¿Nos hemos...?
De repente una llamarada de recuerdos iluminó su mente y entonces lo supo.
—Eras tú —dijo lentamente—. En el tejado, en las vegas...
—Vaya, ya veo que lo recuerdas perfectamente.
—Pero, estabas muy distinta. Eres otra persona.
—Espero que no, después de todo este tiempo. Soy la misma en algunas cosas, y en otras no. Tú también estás muy distinto, pero es más fácil identificarte. Quería que me reconocieras, pero no lo hiciste —suspiró en un estilo dramático y teatral—. ¡Oh! ¡Estoy desolada!
—Te daba lo mismo que te reconociera o que no —dijo él sin ganas de bromas.
—Bueno, a lo mejor.
La orquesta se estaba colocando en su sitio y la pista de baile estaba siendo despejada, así que tuvieron que desplazarse un poco a un lado. Nick se sentía como si acabara de entrar en un mundo extraño y desconocido donde nada era lo que parecía. Ella había salido del pasado, interponiéndose en su camino y desafiándolo con viejos recuerdos y temores.
—Todavía no puedo creerme que seas tú. Tienes el pelo distinto. Entonces lo tenías muy corto.
—Era más práctico. Estaba rodeada de rutilantes estrellas, así que tenía que desempeñar mi papel de adolescente rebelde.
— ¿Eso era todo lo que hacías?
—Verás... el típico adolescente siempre pasa por una época de locura, bebe todo lo que puede, llega tarde a casa, tiene muchos ligues... pero todo el mundo a mi alrededor hacía justamente eso, así que no tenía mucho atractivo para mí. Yo tenía que hacer todo lo contrario y por eso me corté el pelo, me compré ropa barata, fui una estudiante modelo y siempre me acosté pronto. ¡Vaya! sí que era una chica ejemplar. Aburrida, pero ejemplar.
— ¿Y qué pasó?
Ella se rió a carcajadas.
—Mi madre empezó a preocuparse por mi extraño comportamiento y le llevó un tiempo hacerse a la idea de que iba directa hacia la vida académica.
— ¿Y en qué te especializaste?
—Me especialicé en historia antigua, Grecia. Escribo libros, doy conferencias, y en realidad no sé tanto como aparento —dijo en un tono de broma.
—Como la mayoría —dijo Nick, sin poder resistirse.
—Como la mayoría.
— ¿Y tu madre terminó aceptándolo?
—Oh, sí. Ahora le impresiona mucho. Asistió a una de mis conferencias y me dijo: «cariño, eso ha sido increíble. ¡No he entendido ni una palabra!». Y al final fui yo quien le presentó a Greg —miró a su alrededor—. Así que puedes echarme la culpa por todo esto.
Era la hora del baile. Tish y Greg salieron a la pista y danzaron hasta complacer a todos los fotógrafos.
— ¿No vas a hacer fotos?
—No. Yo sólo hago las fotos de familia. Lo que están haciendo ahora es puro espectáculo.
Liam la saludó con la mano al pasar por su lado mientras bailaba con Jennifer.
Miley suspiró.
—Tiene treinta y tantos, pero en el fondo no es más que un chiquillo. No quiero ni imaginarme qué pasará cuando se haga cargo de la... —se detuvo de repente y se tapó la boca—. No he dicho nada.
—No te preocupes. No has dicho nada que no sepa todo el mundo. Ya veo que aprendes muy rápido —añadió en un tono sarcástico que no dejaba lugar a dudas.
Los dos grandes clanes que controlaban el negocio de los astilleros de Grecia solían recurrir a medios poco honrados para sacar ventaja, y eso a veces incluía un poco de espionaje; tanto así que cualquier comentario casual podía convertirse en un arma de doble filo.
El baile terminó y otro comenzó. Jennifer se fue detrás de un poderoso productor y Liam echó a andar en dirección a Miley.
— ¡Oh, por favor, baila conmigo! —exclamó Miley de repente, tirando del brazo de Nick y arrastrándolo a la pista.